Bien, después de reírme con lo que acabo de escribir, me sobrepongo.
Como bien sabéis aquellos que seguís este blog desde, por lo menos, el pasado verano, he estado buscando trabajo sin éxito. Salvo los dos meses que estuve trabajando en una tienda de dulces que me daba lo justo para pagar el alquiler.
Después de Navidad, con las cosas todavía más chungas que antes (porque, entre otras cosas, ya no tenía el curro de la tienda), me puse a buscar otra vez. Sin éxito, porque ocurren situaciones tan graciosas como la que sigue:
- Para “aprendiz/auxiliar de dependienta” descartan a las mayores de diecinueve años.
- Para “dependienta” descartan a las que tienen menos de un año de experiencia.
Y, bueno, yo estuve currando como dependienta en Cortefiel, pero sólo dos meses, así que, figúrense, muchachos.
Total, que lejos de optar por la prostitución, decidí posar como modelo de fotografía.
Un trabajo eventual del que guardo muy buenos recuerdos y que me ayudó bastante a salir del paso. Y, nada, que hoy he recibido el book resultante de aquellas sesiones y, a parte de subírseme el ego hasta el infinito, estoy más feliz que unas castañuelas y contentísima con el resultado.
El fotógrafo es Alberto Sánchez, a quien estoy muy agradecida.