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lunes, 5 de octubre de 2009

Busco Trabajo

Mi madre me dijo:

"Tanto blog, tanta gente que te lee, te podía servir para encontrar trabajo"


He decidido probar suerte.

La matrícula de la uni, el alquiler del piso, gastarme la vida en fotocopias...



Experiencia profesional


- Lectura Pública de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, en Urueña (Villa del Libro), Turisvall - Diputación Valladolid S.A, Valladolid, 2009.

- Modelo de fotografía. Alberto Sánchez, fotógrafo. Valladolid, 2009. (Dispongo de book)

- Dependienta en tienda de dulces y aperitivos Mundo Dulce, Valladolid, 2008

- Teleoperadora (ventas por teléfono del producto Orange), Fuente Dorada, S.A, Valladolid, 2008

- Recepcionista en centro de bronceado Broncearte, Logroño, 2007

- Dependienta en centro de moda Cortefiel, Vitoria, 2006.

- Recepcionista en Centro de Estética Mila Camacho, Nájera (La Rioja), 2005


Publicaciones

- Coeditora del fanzine La Fanzine, Valladolid, 2009.

- Poesía en el número 4 del fanzine Degeneración Espontánea, Logroño, 2009.

- Foto-poema en la versión digital de 23 Pandoras (antologado por Vicente Muñoz Álvarez), 2009.

- Microrrelato en el número 26 de la revista literaria Fábula, Logroño, 2009.

- Poesía en el número 0 de la revista digital Hebe Magazine http://www.hebemagazine.com/numero0/, 2009

- Microrrelato en el libro Microrrelatos /09 Bardeblás, Burgos, 2009.

- Prosa en el número 15 del fanzine El Elefante Rosa, Valladolid, 2009.

- Relato y poesía en la versión digital de Hank-Over (Resaca) (antologado por Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irurzun) http://hankover.blogspot.com, 2009.

- Poema en el número 1 de la plaquette poética de Degeneración Espontánea, Logroño, 2009.

- Relato en la versión digital de Generación Bloguer (antologado por David González) http://lasmanerasderecogerseelpelo.blogspot.com, 2008

- Coordinadora del fanzine Jamais Vu!, Logroño.

- Relato en la revista de filosofía y pensamiento Gárgola Vacas, Valladolid, 2008

- Poemas en el número de verano de 2008 de la revista Fedra, México, 2008

- Relatos en los Números 2 y 3 del fanzine Degeneración Espontánea, Logroño, 2008

- Artículo sobre en el Periódico digital El Rancahuaso
(http://elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/14856), Región de O'Higgins, Chile, 2008

- Poema en el número 0 de la plaquette Poemas de la chica de la curva, Valladolid, 2008

- Relatos en los números 4, 7 y 9 de la revista literaria Portales, Logroño, 2004, 2007 y 2008

- Relato en el número 21 de la revista Fábula, Logroño, 2006

- Novela: La Soledad del café, Ediciones Emilianenses, 2005


Reconocimientos


- Finalista en el III concurso de microrrelatos Bárdeblas. Burgos, 2009

- Ganadora de los concursos de microrrelatos sobre una imagen y la batalla de los micro-relatos, http://literaturaenmurcia.blogspot.com, 2008.

- 2º premio de Relato Breve, concurso literario “Día del libro”, Ayuntamiento de Logroño, Logroño 2006.

- Accésit de Relato Breve del XVII concurso literario “Esteban Manuel de Villegas”, Nájera, 2006.

- 1er Premio de Relato Breve del XVI concurso literario “Esteban Manuel de Villegas”, Nájera, 2005.

- 3er Premio de Relato Breve, concurso literario “Día del Libro”, Ayuntamiento de Logroño, 2003.



awixumayita@hotmail.com

miércoles, 3 de junio de 2009

Efluvios de Vergüenza

Recupero un pastiche que escribí en abril con intención de presentarlo a un concurso literario. Como tengo bastante claro que no voy a ganar, lo cuelgo aquí para que apreciéis lo densa, aburrida y sosa que puedo llegar a ser. Las bases del concurso pedían que se tratara el tema de La Mujer En Tiempos de Crisis.










Se termina el primero de los tres cigarrillos que le quedan con los ojos húmedos a punto de desbordarse, mientras pasa, apenas sin mirar, fotos del Facebook de alguna desconocida, amiga de amigo, más guapa que ella, temiendo que ahora Gorka esté con una así. También ve, en su paseo por Facebooks ajenos, el mar. Pelos encrespados por la humedad, sonrisas y mar. Y es entonces cuando se desborda en mil lágrimas, pensando en todo lo que no podrá volver a vivir pero sí vivirá Gorka con su nueva novia.



Mira por la ventana, a través de su vieja cortina naranja empapada en tabaco, las luces difuminadas de una ciudad de noche, preguntándose cómo puede todo estar en calma si ella es incapaz de dormir desde que hace un mes todo se acabara de repente.



Porque el futuro, ahora, se oculta inaccesible tras una abrupta capa negra.



Pero no hay tiempo ya para gritar que todo es injusto. Ahora sólo le queda afrontarlo.



El cuerpo de Jugaitz se va consumiendo por culpa del alquitrán que antes le sirviera de placebo para afrontar cualquier situación que se le escapara de las manos. Lo mismo que con el alcohol. Su afición por el vodka, y en especial por los rusos blancos, está terminando con su existencia. Beber en compañía ya no le apetece, porque el mero hecho de pensar que pudiera encontrarse a Gorka con su nueva novia, le ha obligado a mantenerse en casa, recreándose en su tristeza, llorando y bebiendo hasta quedarse casi inconsciente sobre la cama.


Nerea perdió su trabajo en diciembre, antes de Navidad. Trabajaba en una tienda de ropa en un centro comercial de Vitoria, pero las cosas empezaron a flojear y con ella se fueron a la calle otras cuatro dependientas. Sin explicaciones. La crisis, decían. Desde entonces ya han pasado siete meses y aún no ha encontrado otro trabajo.

Las cosas se ponen negras y el dinero escasea, y la tristeza y la impotencia de no saber cómo va a sobrevivir otro día sin poder tomarse una caña para recortar gastos le quita las ganas de levantarse por la mañana. O de acostarse por la noche.

Nerea camina durante horas con una carpeta en la mano, parando en cada establecimiento del que cuelgue un Se Necesita Personal escrito con Edding negro. Y vuelve a caminar, con sus gafas de sol y el mp3 colgando, con canciones de The Sounds y Ting Tings porque el resto de grupos sólo consiguen entristecerla. Y eso es lo de menos, porque, aun así, caminar sola no le ayuda.


Jugaitz borra todos los rastros con la falsa esperanza de borrar también los recuerdos, como si Gorka sólo fuera un conjunto de retales: una dirección de Messenger, un perfil de Facebook, canciones, libros y otros regalos que le hiciera, como aquella rosa tratada que se negaba a morir dentro de un jarrón de flores.




- Dios, tengo que ir hoy al puto ginecólogo y no quiero, joder.
-
Jugaitz, si quieres te acompaño yo. - Pero… ¿No tienes nada que hacer?
Nere
a vacila un momento y sonríe. Hace meses que nadie me reclama, piensa.
- Nada mejor que esto, Jugaitz.

Nerea nunca antes ha ido al ginecólogo, pese a tener veintiún años recién cumplidos y haber perdido la virginidad a los dieciséis. También recién cumplidos.


Jugaitz está nerviosa, sus pulsaciones pueden notarse desde el otro extremo de la sala de espera, aunque sabe perfectamente lo que le van a decir. Nerea observaba al resto de pacientes: una mujer de unos cincuenta años, sola, con su camisa larga marrón y unos pantalones negros incapaces de disimular su gordura y el paso de los años recorridos en sus piernas; una mujer rubia teñida, cuarentona, en chándal y junto a ella su pareja, otro hombre que también aparentaba ser padre de un amante del Tuning de dieciocho años, y una mujer de treinta y muchos, sola, atractiva y, aparentemente, segura de sí misma.


Discuten, mientras Jugaitz está dentro, ya en la consulta, porque les han dado cita para las cinco, las cinco y dos y las cinco y tres minutos respectivamente. Mientras tanto, Nerea ya lleva esperando a Jugaitz desde hace veinte minutos.


Las otras mujeres, discutiendo, sobre cosas que ella aún no ha experimentado ni quiere experimentar. Imaginándose en una máquina de tortura, abierta de piernas a la espera de ser violada por un instrumento frío y doloroso.


Jugaitz sale llorando de la consulta, pero no quiere hablar. Nerea no quiere insistir.


Aquí la cuestión es muy simple: Jugaitz está muy enferma. Realmente, ahora, y sólo ahora, Jugaitz se está pudriendo por dentro. Su sexo, sus pulmones, su útero maltrecho. Todo su interior está haciéndose trizas y, para colmo, no le queda confianza, ni en sí misma ni en nadie, como para poder gritar lo que le está ocurriendo. Se aleja de los demás y se siente sola, y se siente tan sola que no es capaz de unirse al resto. Ahora sí, por fin, lo ha conseguido: notar cómo su vida se desvanece efervescente entre el dolor más agónico y porque sí, porque ahora, si no es mañana, dentro de unos meses, va a morir.


Nada en la nevera. Nerea descubrió anoche que no le quedaba dinero en la cuenta. Sólo diez euros que debía proteger mejor que si fueran sus propios hijos. Hubiera querido darse cabezazos contra la pantalla del cajero, pero aunque sí estaba bastante borracha como para poder hacerlo, optó por enviar un mensaje de socorro a su padre. Antes de volver al bar e intentar que alguien le invitara a otra copa.

El lunes seguía sin tener noticias de su padre, al menos no noticias buenas. Sólo recibió una llamada por su parte de la cual sólo sacó en claro que su padre no le pensaba ingresar ni un euro.

¿Se puede saber en qué te gastas todo el dinero?

Nerea cuelga sin responder, y vuelve al vaso de licor de café que tiene sobre la mesa. Vuelve, de nuevo, como tantas veces a lo largo de cada día, a revisar su correo y las ofertas de Infojobs, Laboris, Infoempleo y otras tantas páginas de empleo en internet. En sus menús privados, en más de la mitad de las ofertas en las que se ha inscrito pone en rojo: Descartado.


Y en su correo un sólo mensaje nuevo, de un tal Gorka que responde a un anuncio que colgó hace meses en alguna web, a la desesperada, con el asunto: Necesito trabajar. Gorka no le ofrece un puesto de dependienta a jornada completa por menos de mil euros al mes. No le ofrece un puesto de comercial sin sueldo fijo. No le ofrece estar sentada durante horas con unos auriculares repitiendo la misma cantinela a un micrófono para vender ADSL. Gorka le pide lo que ya le pidiera hace meses, cuando aún salía con Jugaitz, y ella se negó. Pero esta vez no sólo pide, ahora ofrece cuatrocientos euros. Y Nerea ya está demasiado hundida como para pensar en los principios.


Escuchar a Adriana Calcanhoto no va a lograr calmarla, ni expurgarla. Pero ahora tiene un puñado de euros y unas lágrimas que más que a sal saben a efluvios de vergüenza.


Las náuseas y el dolor continuo, la tos, la debilidad y el desamparo cada día están más presentes en la vida de Jugaitz. Dentro de su útero algo pretende hacer perdurar la especie al tiempo que sus pulmones agarrotados en nicotina se niegan a dejarla respirar.


Tiene claro que no va a sobrevivir desde el momento en que se negó a seguir el tratamiento. Lo que no tiene tan claro es si va a ser capaz de aguantar seis meses más. Tiene claro que no quiere abortar, aunque tampoco sabe si va a servir de mucho esa decisión. Lo único que tiene claro es que no quiere hacer absolutamente nada.


Nada.

Nada.

Y la única persona que tiene en el mundo es Nerea, la única que, en caso de que sobreviva, podrá hacerse cargo de él. Hacerse cargo de unas cenizas que cada vez parecen más mojadas e incapaces de resurgir.

Y ni siquiera puede. Si Nerea no logra levantar cabeza, no podrá. Como no podrá tampoco llegar a querer nunca a un hijo de Gorka.

Y no quedará nada.

No quedará nada, salvo cenizas.

Las cenizas de un fénix que no logrará levantar el vuelo.


La de la foto es Gisele Bundchen en su mejor momento.

miércoles, 29 de abril de 2009

Pin Up Me

Nunca me he propuesto ser modelo, aunque siempre he estado bastante encantada de haberme conocido.

Bien, después de reírme con lo que acabo de escribir, me sobrepongo.

Como bien sabéis aquellos que seguís este blog desde, por lo menos, el pasado verano, he estado buscando trabajo sin éxito. Salvo los dos meses que estuve trabajando en una tienda de dulces que me daba lo justo para pagar el alquiler.

Después de Navidad, con las cosas todavía más chungas que antes (porque, entre otras cosas, ya no tenía el curro de la tienda), me puse a buscar otra vez. Sin éxito, porque ocurren situaciones tan graciosas como la que sigue:

- Para “aprendiz/auxiliar de dependienta” descartan a las mayores de diecinueve años.
- Para “dependienta” descartan a las que tienen menos de un año de experiencia.
Y, bueno, yo estuve currando como dependienta en Cortefiel, pero sólo dos meses, así que, figúrense, muchachos.

Total, que lejos de optar por la prostitución, decidí posar como modelo de fotografía.

Un trabajo eventual del que guardo muy buenos recuerdos y que me ayudó bastante a salir del paso. Y, nada, que hoy he recibido el book resultante de aquellas sesiones y, a parte de subírseme el ego hasta el infinito, estoy más feliz que unas castañuelas y contentísima con el resultado.



El fotógrafo es Alberto Sánchez, a quien estoy muy agradecida.

lunes, 20 de octubre de 2008

Entre chuches

Fui teleoperadora durante cuatro días. Durante veinte horas.

Hyku me dijo, hace una semana, que no me preocupara porque en cuanto dejara de echar curriculums y deseseperarme por buscar trabajo me lloverían las ofertas. Y, más o menos, así ha sido. Como ya dije, el martes comencé a trabajar para Orange como teleoperadora a media jornada, para compaginarlo con los estudios. El trabajo no estaba mal, o al menos no tan mal como me habían dicho que sería. Llegaba a las cinco, me ponía frente a un ordenador, me colocaba los auriculares y esperaba a que saltaran las llamadas para intentar convencer a gente que no quería escucharme de que contrataran nuestros servicios. Sinceramente, no me veía capaz de convencer a nadie, pero como me hicieron un contrato de prueba de un mes, no me preocupé mucho. Curro este mes y luego que me echen. No pasa nada. Pero el viernes me llamaron de una tienda de aperitivos (dígase: gominolas, patatas fritas, bollería, encurtidos, frutos secos...) para hacerme una entrevista, y mientras Valladolid entero se llenaba de universitarios borrachos por ser la prestigiosa fiesta de la facultad de medicina, yo me puse monísima de la muerte y me encaminé hacia la entrevista. Media jornada por la tarde de martes a domingo. Maravilloso. Ya te llamaremos. Bien.
Por la tarde me encaminé pues hacia el polígono, a volver a intentar convencer, hasta que a las siete en punto, hora del descanso, me llamaron por teléfono. Era el dueño de la tienda de chuches: "Mañana a las siete y media empiezas a trabajar".

- Adriana, que no me estás haciendo ninguna venta, qué voy a hacer contigo. - Me dice mi jefa después del descanso.
- Mira - le digo mostrándole dos formularios de nuevo cliente - serían dos clientes si no fuera porque en cuanto les he pedido el número de cuenta me han colgado el teléfono. De todas formas te quería comentar que me han llamado de otro trabajo, y sería para empezar mañana mismo.

Y me trae la hoja de "baja voluntaria" y la firmo, y me da dos besos, y me dice que espera que esto me haya servido de experiencia, y que llame dentro de una semana para cobrar el finiquito.

Y yo feliz.

+++

Otra cosa: Aún seguimos buscando gente que quiera publicar sus obras, tanto gráficas como literarias, en Jamais Vu.
También necesitamos patrocinadores.
http://jamaisvufanzine.blogspot.com

martes, 7 de octubre de 2008

El show de la Inútil II

Os voy a comentar a grandes rasgos mi gran día de hoy. El día en el que he terminado tirada en la cama gritando algo así como “odio a todo el mundo”. Bueno, en realidad no he terminado así. En realidad he optado por ponerme una tila, tirarme en la cama y respirar profundamente. Tampoco ha sido para tanto. No, qué va. Desde que soy Santa he aprendido a tomarme las cosas con m´as calma. Ni siquiera me preocupa que no me funcione la tecla “a”. Después de año y medio con el problemilla he aprendido a vivir con él. Para qué arreglarlo si puedo acostumbrarme a ello.

Quizá todo se resuma a eso. Para qué comerme la cabeza. Mejor me hago a la idea y punto. No iba tan mal encaminada cuando dije que soy una inútil.

Como bien sabéis los que seguís este blog, llevo buscando trabajo desde Mayo. En principio buscaba un trabajo para verano en Logroño, ya que es allí donde pasé todo el verano, pero al no tener suerte (o padrino), a finales del periodo estival decidí continuar mi búsqueda por Valladolid, que es mi ciudad de Invierno.

Si en Logroño no me llamó ni Chus, en Valladolid voy recibiendo m´as de una oferta desde el lunes pasado, que es cuando llegué. Supongo que no iba mal encaminada cuando dije que Logroño es un puto pueblo donde sólo funciona el enchufe. De todas formas todo hubiera sido mejor si esas ofertas hubieran derivado en contrato y no en estúpidos “ya te llamaremos”. Estoy harta de tanta entrevista que no va a ninguna parte, de patearme esta ciudad entregando curriculums que no sé si llegan al jefe de personal o a la papelera. Estoy harta de escuchar la pregunta “¿Pero tienes experiencia?”. Harta de visitar mi menú privado de Infojobs y leer “descartado” en la mayoría de las ofertas a las que me inscribo. Descartada como dependienta, como recepcionista, como promotora, como los cojones. Y otras trabajan en la radio sin tan siquiera estudiar periodismo o tener una voz bonita.

Bueno, pues aquí la inútil, tuvo una entrevista el viernes por la tarde en una cafetería. Buscaban a una camarera para media jornada por las tardes, de lunes a viernes, y también camareros de refuerzo para los fines de semana por la noche, de once a cuatro. “¿Pero tienes experiencia como camarera?”, me pregunta la jefa. Pues no, ¿no lo sabes? ¿O me has citado sin tan siquiera leer mi curriculum?
Tiene gingivitis, mi gran temor. Si, tengo miedo a quedarme sin encías. Pues bien, esa tía no tenía. Gingivitis. Sobre los dientes no había apenas encía sino una asquerosa capa negra. Me hablaba y no podía dejar de mirar ahí. De todas formas era difícil porque no dejaba de sonreír. Esa maldita gente que sonríe mientras te esta´ llamando inútil. Y no, no tengo experiencia, pero te estoy diciendo que quiero trabajar. No creo que sea muy difícil poner copas un viernes por la noche. Joder, creo que nadie sepa m´as de combinados que yo. Pero no tengo experiencia ni una talla cien de sujetador o una treinta y cuatro de pantalón. “Mañana te llamo con lo que sea”, me dice con su sonrisa de calavera.

Al día siguiente esperaré una llamada que sé no va a realizarse.

Al día siguiente por la mañana tengo otra entrevista. Esta vez en una ETT. Una empresa de adsl busca teleoperadoras. En un edificio del polígono San Cristóbal.
“En principio no buscan gente con experiencia, sino gente con ganas de trabajar a la que le guste realizar llamadas.” Me dice la chica de la ETT, que resulta ser bastante simpática. “Siete euros y pico la hora m´as comisiones, 25 horas a la semana. No esta´ nada mal si lo quieres compaginar con los estudios. Porque estudias… - mira el curriculum- filosofía… por la mañana.”. Sí, y mantengo la esperanza de algún día ser profesora de filosofía o, en el mejor de los casos, escritora. Mi objetivo en esta vida es acabar con Zafón y Reverte. ¿Qué te parece?
“Sí, tengo muchísimas ganas de trabajar.” Muchísimas. Mataría por un trabajo. Mataría por ver hincharse mi cuenta corriente. Ver´as, es que tengo una carrera y un piso que pagar, ¿sabes? No soy esa clase de niñas pijas que se meten a currar en la bocatería de su primo para demostrar al padre que pueden vivir sin su dinero. No sé si me explico, ¿sabes? No es que quiera parecer interesante diciendo que estoy reventada por currar. No, es que necesito trabajar. Es que lo necesito, joder. ¿Qué quieres? ¿Que me meta a puta? ¡Es que en eso tampoco tengo experiencia!. Sólo sé escribir, ¿sabes? Sólo sé hacer eso. No sé, ¿no tienes algo para mí en el Norte de Castilla? Ah no, que para trabajar en radio, televisión o prensa es necesario estudiar Periodismo.
“Trabajarías dos meses con nosotros, si gustas a la empresa, y luego si les sigues gustando pues te contratan ellos”. Y yo sigo con mis pajas mentales. Recuerdo Cosmofobia, de Lucía Etxebarría. Una de las protagonistas es una joven sin estudios que trabaja como teleoperadora, pero termina dejándolo por un bar de su barrio porque el de teleoperadora le resulta esclavizante. No me considero mejor ni peor que ese personaje, pero yo por lo menos terminé la secundaria. Si ella pudo ser teleoperadora, ¿por qué no? Joder, esa perra teniendo menos cultura que yo consiguió ser camarera. Es que manda cojones.
“La semana que viene te llamamos para concertar una cita con la empresa y después te volveremos a llamar si te quieren coger”.

Me pongo la gabardina, salgo por la puerta, cojo el autobús y me dirijo a la facultad: son las doce: tengo clase de filosofía de la biología. Y me gusta lo que estoy estudiando, ¿pero de qué cojones me sirve todo esto? ¿Realmente mereció la pena dejar Logroño por todo esto? No voy a salir de esto nunca. La carrera no me va a dar ni para pipas. No valgo para ser camarera. Qué m´as da lo que digan Voltaire, Duns Escoto, Levi-Strauss o Kripke. De qué me va a servir todo esto. Para qué si sigo siendo esa inútil que nunca entiende nada. O esa Santa.

Esta mañana, entre historia de la filosofía moderna y filosofía del lenguaje mi móvil empieza a vibrar. Lo cojo. Es la chica de la ETT.
“Esta tarde a las cinco y media en el edificio tal, esta´ en la calle tal, en el Polígono de San Cristóbal. No tienes coche ¿no? Bueno, seguro que tienes autobús, si no llamamos y te indico cómo ir.”

Llego a casa a mediodía y mi madre me hace la llamada del día. La de “no gastes mucho pero come, ¡come!”.
“¿En el polígono? ¡Pero no podías haber dejado un curriculum en Cortefiel!” Y voy yo le suelto:
“Pero que no… que el polígono de aquí no es como el de La Portalada. En este hay hoteles, casas y de todo…” y es que para una oferta que promete no me voy a echar para atrás…

Sara, amiga y compañera de piso, me dice: “Te acompaño yo. Que sí, mujer, yo te acompaño. Así, si nos perdemos, al menos nos perdemos las dos”. Me alegra oír eso. Ya estoy m´as tranquila. Después de que mi madre me recordara todo lo que suele ocurrir en los polígonos estaba un poco acojonada, la verdad. Además, desde que me puse lentillas, sueño que me sacan los ojos con destornilladores. No es muy agradable soñar esas cosas.

Pero el destino tenía otra cosa preparada para mí.

Son las tres y media. Me visto: Camisa marrón, pitillos negros, botas altas marrones. Perfecto. Son las cuatro.

Me empiezo a marear.
Véase bajada de tensión.

Me sigo mareando. Me siento. Me encuentro mejor. Me levanto. ¡Joder! Me vuelvo a sentar.
Tambaleándome como si me hubiera bebido todos los cubatas que no podré poner en el bar de la mujer sin encías, salgo con Sara del piso y nos disponemos a esperar el ascensor. Es entonces cuando me entero de que Sara ha cambiado de planes. No me va a acompañar, va a ir a su facultad a hacer algo de la beca o de la matrícula o todo junto. No lo sé.
“Oye, Sara, que no puedo ir así a ningún sitio”. Lo único que me faltaba en esta vida era desmayarme en un autobús urbano rodeada de desconocidos. “Pero, tía, ¿cómo no vas a ir a la entrevista?”. Joder, acompáñame. Lo pienso, no lo digo. No lo digo porque ella esta´ en su derecho de no quererme acompañar al culo de Valladolid. Así que le digo adiós, entro en el piso, y me tiro en el sofá. Este puto piso parece una balsa en medio del mar.
Suena mi móvil.
“Hola, ¿ adriana? Te llamo de una oferta de azafatas, para la promoción de una cerveza. Hemos cogido tu curriculum de Infojobs, era por si seguías interesada en el trabajo”. Sí… “Bueno, pues el miércoles vente a hacer un casting…”
Entre el colocón mental que llevo y el cabreo que tengo porque a mi amiga le diera la venada de dejarme plantada cual tiesto, no me termino de enterar muy bien.
“Pero… ehm… yo no tengo experiencia. Nunca he trabajado como azafata, ¿cómo es un casting de eso?”
“Bueno, ¿vienes o no?”. Joder, esto suena a trata de blancas. “Vale, voy”.
Aprovecho desde aquí entonces para preguntaros qué coño piden en esos castings…

Me tomo una tila, cierro los ojos, respiro y me voy.

Me voy al autobús, camino al polígono San Cristóbal. Yo sola. Alone ante el danger. Mi carpeta con curriculums y yo. Curriculums porque los de la ETT me dijeron que tenía que llevar un curriculum con foto. Por eso ayer fui con Sara hasta el fotomatón de la estación de tren a hacerme fotos de carnet. Salí el sabado por la tarde con intención de hacerme en una tienda de fotos y dejar curriculums por alguna tienda después, pero en Valladolid los sábados sólo tiene movimiento la bola del mundo de Plaza España.

Llego al polígono y me pierdo. Sí, me pierdo. Frente a mí hay un indicador digital o no sé qué cojones. Me acerco a él y tecleo el nombre del edificio al que tengo que ir. Ese aparato me dice “NO EXISTE”. Bien. Perfecto.
No hay nadie. Sólo camiones y obras. Esto parece Mad Max.
Empiezo a dar vueltas como una idiota, haciendo caso omiso a las indicaciones de los cuentos infantiles: Si te pierdes, quédate dónde esta´s. Pero nada, yo a enredar m´as la madeja. Hasta que me harto y llamo a la ETT.
“Hola, soy adriana, tenía una entrevista esta tarde…”
“¡ah, sí! Dime”
“Ehm… que me he perdido en el Polígono”.

La chica, muy amable, empieza a indicarme, de modo que me encuentro acelerando el paso, con mis botas de tacón, móvil en mano, carpeta en otra, sorteando las obras y todo lo que los obreros dicen a mi paso. Los camiones me pitan, y otro me silba desde la ventanilla. Pienso que podría pensar que querría matar a Sara, pero de haberme acompañado yo no hubiera vivido esta experiencia tan… country.

Llego al puto edificio, que esta´ m´as allá del bien y del mal, al final del polígono. Como mi amiga Sara dice: En mataporculo del páramo.

Allí dentro todo es tranquilidad y aire acondicionado. Es como el paraíso o algo así. Subo a la segunda planta y me recibe una flechita sobre la cual pone “entrevistas”. La sigo y me encuentro en una oficina.

“Hola, tenía una entrevista…”
“Sí, ¿Quién eres?”
“adriana, vengo de parte de la ETT …”
“ah, sí. Dame tu curriculum, adriana. Oh, no, que nos lo dio la ETT.”
Perfecto. Podía haberme ahorrado cargar con la puta carpeta todo este rato.
“Pero… ¿NO TIENES EXPERIENCIA?

No, ¡no tengo! “He trabajado como recepcionista en un centro de belleza y en un un centro de bronceado… y también he sido dependienta de Cortefiel”.
“Pero… ¿Teleoperadora?”
“No”. Joder, lo pone en el puto curriculum.

“Bueno, Adriana, gracias por venir. Te llamaremos”.

Salgo de allí, llamo a un taxi y después llamo a Sara:

Sara, ¿Est´as en casa? Pues cuando te vuelva a llamar baja al portal con dinero, que voy ahora hacia allí en taxi y estoy pelada.”

En el taxi, el móvil vuelve a sonar. Es la chica de la ETT.

“Sí, sí, todo bien, sigo viva…”
“Bueno, pues antes de las siete te llamo con lo que sea, ¿vale?”

Las siete, las siete y media, las ocho… aquí no llama nadie. Qué se le va a hacer. No tengo experiencia.

Una vez en casa, después de poner el ordenador en la ventana, logro pillar Internet. Me dirijo al hotmail.

Suelo colaborar con el Aula Literaria de Logroño, un taller coordinado por Diego Marín y en el cual también colaboran Nerea Ferrez, Eva Villate, Hernán Yaniquini y Juan Kim Ballesteros, entre otros, responsables además del fanzine Degeneración Espontánea.
El último trabajo del Aula consiste en adaptar un relato de Roald Dahl para la realización de un corto. Hace quince días, como me encontraba en Logroño, fui a la reunión y nos repartimos la primera parte del trabajo: trasladar el relato a guión. Bueno, pues quedamos en que cada uno de nosotros adaptara una parte. Genial. Yo hice mi parte, se la envié por correo a Diego Marín, parece que le gustó. No sé, supongo. Yo le dije que me dijera si estaba mal, así que como no me dijo nada pensé que estaría bien. Así funciona el cerebro de una Santa.
La cuestión es que hoy, después de venir escaldada del polígono San Cristóbal y descubrir que tampoco valgo para vender por teléfono, recibí un mail de Diego Marín en el que me adjuntaba el guión definitivo y me proponía hacer el story-board de la segunda escena.
Antes de contestarle, abrí el documento y le eché una ojeada. Mi parte no estaba por ningún lado. Estaba completamente cambiado. Vamos, que había renacido. O algo así.

Veo que habéis tenido en consideración la parte que hice del guión. En fin. En cuanto pueda me pongo con el story board. Espero que lo tengais tan en cuenta como la parte que hice del guión.

Voy a tomarme una tila, que llevo todo el día recorriendo Valladolid en busca del arca perdida. Madre mía,

Estoy harta de entrevistas y "ya te llamaremos".
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