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martes, 4 de septiembre de 2012

la perfección de lo falso




Tan cerca, no. Me dice S. No le beses tan cerca de los labios. Ha sido un error. Perdón, perdón. Me acelero pero suelto una sonrisa y ella otra a mí. Entonces yo sonrío más. S. está abochornada, como si hubiera sido ella la que se equivocó al saludar, y no deja de darle vueltas al tema. Entonces C. se acerca y le dice al oído “lesbiana”. La cara de S. cambia por completo y solo es capaz de preguntar ¿desde cuándo? Y entonces C. comienza a relatar una historia absurda. Todas la escuchan con atención, pero yo sé que C. solo se está quedando con ellas.

Cuando tenía doce años, llegó a mí un sujetador con las copas de diferente tamaño. La izquierda era considerablemente más pequeña que la derecha. Era un sujetador hecho a medida que había pertenecido a mi madre. Como ya me estaban empezando a crecer las tetas, decidí ponérmelo en memoria de mi madre. También porque me resultaba cómico verme con un sujetador así. Sin embargo, la tontería me duró mucho más tiempo. Llevaba el sujetador a diario. Me parecía un ritual contra el olvido. Llevar un objeto de mi difunta madre cerca del corazón. Una tontería propia de la edad. La tontería se convirtió en problema al cabo de un tiempo, cuando vi que la teta derecha empezaba a parecer más voluminosa que la izquierda. Llevando el sujetador a diaro había impedido el crecimiento. Pero como era una niña tonta que echaba tanto de menos a su madre, seguí llevando el sujetador. Al cabo de un año la diferencia era considerable. Me miraba al espejo y era un pequeño monstruito de trece años, con una teta mucho más grande que otra. Mi padre, que no era muy observador, se dio cuenta un día de casualidad de mi torso deforme. Estábamos comiendo y se me quedó mirando el pecho un buen rato. A cualquiera le hubiera parecido que se le había ido la olla y que empezaba a sentir una atracción inmoral hacia su hija, pero yo sabía que a cualquier padre le llamaría la atención que su hija tuviera un pecho desnivelado. Sí, papá, tengo una teta más grande que otra. Mi padre estaba tan fuera de onda en temas femeninos que dudó por unos momentos si eso era normal en el desarrollo de una niña de trece años. Le saqué de dudas contándole mi estúpido hábito del último año y él respondió llevándome al hospital. Resumiendo: me amputaron los dos pechos y me pusieron dos nuevos. Tengo las tetas perfectas porque no son reales. Son dos bolsas de silicona.

La verdad es que tiene unas tetas estupendas. Por un momento me creo su historia. El resto del grupo la mira asombrado. Están tan pendientes de sus tetas que se han olvidado de que es lesbiana.

miércoles, 4 de julio de 2012

El Manifiesto de la Insurrección Transfeminista

Hacemos un llamamiento a la insurrección transfemenista:
Venimos del feminismo radical, somos las bolleras, las putas, lxs trans, las inmigrantes, las negras, las heterodisidentes. Somos la rabia de la revolución feminista, y queremos enseñar los dientes; salir de los despachos del género y de las políticas correctas, y que nuestro deseo nos guíe siendo políticamente incorrectas, molestando, repensando y resignificando nuestras mutaciones. Ya no nos vale con ser solo mujeres. El sujeto político del feminismo "mujeres" se nos ha quedado pequeño, es excluyente por sí mismo, deja fuera a las bolleras, a lxs trans, a las putas, a las del velo, a las que ganan poco y no van a la uni, a las que gritan, a las sin papeles, a las maricas... Dinamitemos el binomio género y sexo como práctica política. Sigamos el camino que empezamos, "no se nace mujer, se llega a serlo", continuemos desenmascarando las estructuras de poder, la división y jerarquización. Si no aprendemos que la diferencia hombre/ mujer es una producción cultural, al igual que lo es la estructura jerárquica que nos oprime, reforzaremos la estructura que nos tiraniza: las fronteras hombre/ mujer. Todas las personas producimos género, produzcamos libertad. Argumentemos con infinitos géneros. Llamamos a la reinvención desde el deseo, a la lucha por la soberanía de nuestros cuerpos ante cualquier régimen totalitario. ¡Nuestros cuerpos son nuestros!, al igual que lo son sus límites, mutaciones, colores, y transacciones. No necesitamos protección sobre las decisiones que tomamos en nuestros cuerpos, transmutamos de género, somos lo que nos apetece, travestis, bollos, superfem, buch, putas, trans, llevamos velo y hablamos wolof. Somos red: manada furiosa. Llamamos a la insurrección, a la ocupación de las calles, a los blogs, a la desobediencia, a no pedir permiso, a generar alianzas y estructuras propias: no nos defendamos, ¡hagamos que nos teman! Somos una realidad, operamos en diferentes ciudades y contextos, estamos conectadxs, tenemos objetivos comunes y ya no nos calláis. El feminismo será transfronterizo, transformador, transgénero o no será, el feminismo será transfeminista o no será. 


Extraído de Pornoterrorismo. Diana J. Torres.
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