lunes, 11 de marzo de 2019
Lectura en Falerina Taberna
martes, 19 de mayo de 2009
ni puta gracia
Fui a Vitoria primordialmente por el concierto de Juliette, pero también porque allí vive mi padre, así que me quedé todo el fin de semana, porque ya iba siendo hora de hacerle una visita desde diciembre.







Fui acompañada de Mi vida en la penumbra y un dolor acojonante en mi brazo izquierdo, que todavía me dura. Pero bueno, no esta´del todo mal. Me esta´sirviendo para experimentar con los límites del dolor. Sólo tengo que girar la muñeca para ver las estrellas. Es magnífico.
Bueno, lo que os quería contar no tiene nada que ver con el Azkena ni con la impresionante cogorza que me pillé el sábado con esta pedazo de vitoriana y sus amigas, sino del viaje de vuelta.
Sara y yo nos cogimos el tren el domingo, con pocas ganas de volver a Valladolid y una resaca acojonante, producto de dos botellas de licor 43, otra de licor de manzana, otro tanto de kalimotxo, cuatro mil quinientas cervezas y ochocientos cincuenta chupitos. De Vitoria a Burgos fue un viaje apacible, agradable, silencioso, por lo que la rubia y yo pudimos hablar y reconstruir nuestras lagunas mentales. A partir de Burgos: la hecatombe de pijos y jennis universitarios hablando a gritos como idiotas. O simplemente sacándome de quicio con su presencia.
Entre todos los fans de Física O Química, un hombre con una camiseta de los Pixies que me recuerda a Carlos Ann, con una niña pequeña, jugando en el pasillo. Me alejo de las pajas mentales
antes de enamorarme, y me pongo el mp3 y sigo con Mi Vida En La Penumbra.
Al rato, un revisor que se ha emocionado con la cantidad de jovenzuelas que hay en el tren, se acerca a nosotras, y nos pide cambios de un euro. Sigo a lo mío, le paso la cartera a Sara, y le digo, coge lo que quieras. Lo coge, se lo da, y otra chica que está cerca también hace lo mismo.
Revisor a chica cercana: Gracias bonita, que Dios te lo premie con un buen novio. A esa (por mí) no le digo nada que va muy seria.
Levanto la mirada del libro, le miro y sé que en breves va a empezar con la misma ostia de siempre:
- ¿Por qué eres tan seria?
- Por nada. No estoy seria.
- ¿Te ha hecho algo algún revisor?
- No.
- ¿Te cuento un chiste?
Me estoy hartando. Sé que puedo parecer borde, pero es que en realidad lo soy. Y me da igual. Llevo casi tres horas en un tren, con una resaca de tres pares de cojones, sin maquillar, con el pelo recogido y el flequillo despeinado. Me has jodido la lectura y encima he tenido que apagar el mp3 para escuchar tus gilipolleces. Si quiero estar seria, lo estaré.
- ¿De dónde eres?
- De Logroño.
- ¿De dónde?
- LO-GRO-ÑO
- Pues esto es el parque del Espolón. ¿Sabes dónde está?
- Sí.
- Pues están un moro pidiendo en una punta y otro moro pidiendo en la otra, y al acabar la tarde, uno se acerca a otro y le pregunta cuánto dinero ha conseguido…
- Ya me lo sé y no me hace ni puta gracia. – Me sorprendo a mí misma interrumpiendo al señor revisor con esta frase, y seguramente me pongo roja al instante, pero en menos de un mes he escuchado el puto chiste más de veinte veces y, efectivamente, no me hace ni-pu-ta-gra-cia.
Y que bendiga Dios con un buen novio a su puta madre.
Las fotos que he colgado las he pillado de esta web, donde también encontraréis fotografías de los dema´s grupos que tocaron el jueves (The Breeders, Burning, The Freeks, White Denim...)
la niña de las naranjas by Adriana Bañares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.