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Por tener hambre comí lo que no tenía. Del vacío nacieron grandes ideas para crear una nueva cenicienta. Pero lo único que nos quedó fue un puñado de humo en los pulmones y entre las branquias. Las esquinas del cuarto, redondeadas, evitaron mayores desgracias. Nos quisimos comer y sólo conseguimos pelos púbicos entre los dientes. Tu semen sabe a paracetamol los días de ayuno. Eso a mí, querido, no me sienta bien.