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| Breakfast at Tiffany's. Blake Edwards, 1961 |
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A. G
el 29 de mayo a las 17:08
Adriana, te puedes creer que acabo de leer ahora tu mensaje? Jajaja yo también me lio con esto. Pues por Logroño todo va muy bien. El año que viene me voy a Italia de Erasmus (después de tantos años en la escuela, está bien un descanso) y de momento parece que la vida me sonríe, cosa que no pensaba el año pasado. Y a ti qué tal te va?
besitos gordos!
el 30 de mayo a las 3:06
Hola guapa! don't worry, que yo esto del Facebook tampoco lo domino. Qué bien que te vaya todo genial. Me alegro de que te vayas de Erasmus; yo no puedo porque tengo todavía una pendiente de 1º y no tengo ganas de intentar aprobarla todavía, pero espero encontrar curro para tener unos ahorrillos e irme de España un tiempo sin tener que recurrir a la prostitución. Últimamente estoy genial: vuelvo a estar soltera y me veo estupenda. Me he teñido el pelo de negro, sigo escribiendo, ando estresada como todo dios por estas fechas, voy a un gimnasio, intento no pensar en lo rápido que se olvidó D. de los dos años y se fue con una tía que según M. da mucho asco (aunque sé que seguramente sólo me miente para hacerme sentir mejor), pero me alegro de no correr el riesgo de ser expuesta desnuda delante de toda la Escuela de arte mientras yo estoy estudiando como una condenada en Valladolid. Nah, en realidad no, pero que les jodan a los dos. Y a todo Logroño entero, por qué no, y a toda esa mierda de jurados que se han empeñado en darle premios mientras yo estaba llorando. :)
Así que nada, eso, que últimamente Valladolid está muy bonita con el sol y el calor, soy feliz, sigo escribiendo estupideces, mi libro va por la tercera edición, cosa que aún no termino de entender, no he encontrado curro en lo que va de año y... no sé, creo que nunca he estado mejor.
Un beso enorme
Ya no me gusta ver películas en compañía. Prefiero mil veces verlas sola, con mis cigarritos, a mi rollo. Se me hace incómodo ver películas en versión original con alguien a mi lado. Prefiero la soledad.
No me gusta decidir qué película ver en la entrada de un cine. No me gusta comentar la película después. Ya no me gusta cenar con alguien mientras veo una película. Ni comer palomitas a las siete de la tarde. Igual que no comparto las páginas de un libro mientras leo. Igual que no necesito a alguien a mi lado mientras escucho un disco.
Ya no me gusta ver películas en compañía. Porque últimamente todo me afecta y prefiero regodearme yo sola en mis ralladas mentales.
Acabo de ver Wristcutters: a love story, de Goran Dukic. En cuanto leí ayer un comentario anónimo en el que se citaba la película, la puse a bajar.
He de confesar que he abierto el Word con intención y ganas de hablar de la película, pero me he bajado la discografía entera de Janis Joplin y estoy un poco en trance. También por la película. Supongo que todo tiene que ver con que me tiene que bajar la regla. Un día de estos, espero, porque se me esta´retrasando tanto que creo que he entrado en la menopausia. También estoy en trance por un sueño de mierda que he tenido esta noche. A veces es una putada impresionante recordar con tantísimo detalle lo que sueño. No me los puedo quitar de la cabeza después. Como Zia, el protagonista de Wristcutters. Con ese título no es difícil deducir que se corta las venas. No, no es he desvelado el final, sólo el principio. Después de suicidarse, Zia va a parar a una especie de mundo paralelo habitado por suicidas. Lo que quería decir, y por eso me comparo con él, es que en lugar de encontrar el reposo y el olvido que esperaba al cortarse las venas, no deja de recordar los buenos tiempos con la novia y esas cosas. Pues eso. Que menuda mierda esto de soñar.
Y ahora me pongo Kozmic Blues y a hacer tiempo hasta el concierto de Zahara, al cual iré sola, obviamente.
No me gusta lo que he sido antes. No me recuerdo con cariño, no quisiera volver a ser lo mismo. No quisiera encontrarme otra vez tan sola. No quisiera volver a Logroño del mismo modo que no quiero quedarme en Valladolid. No quiero volver a ser lo mismo. Quiero pensar que nunca lo he sido. Que acabo de nacer. No me gusta lo que he sido antes. No me gusta que la gente siga viéndome como lo que fui hace cinco años. Quiero borrar mi antigua existencia para renacer. Quiero convencerles de que ella y yo no somos la misma. El problema es que alrededor todo quedó estancado en el tiempo y pasar página es una opción nada viable.
He estado en diversos colegios, en distintas localidades. Tengo la suerte de haber conocido a bastante gente a lo largo de mi vida. He tenido la suerte de perder el rastro a gente con la que me he vuelto a encontrar después de los años y volver a conocerla. He tenido la suerte de saber que la gente cambia. Si cambian a mejor o a peor es lo de menos. Pero he tenido la suerte de saber que puedo tener una conversación con gente que en otra época no me hubiera querido dirigir la palabra. He tenido la suerte y la esperanza de llegar a pensar que la gente cambia. Sera´ que soy una idealista, pero también confié en vuestro cambio porque confié en que el mío había sido para mejor.

Me terminé el café, sin ganas, frío ya. Me lo terminé con un estornudo y un picor irritante en los ojos. Pensé que, a lo mejor, necesitaba llorar. Pensé como una gilipollas en los primeros días, los primeros meses, la primera vez que te di la mano sin darme cuenta, cómo me moría de ganas por besarte, y ahora ya no quiero nada de eso, y me da una pena terrible. Ya no me muero por besarte, ni quiero caminar de la mano como dos tórtolos porque ya no lo somos. Porque empeñarnos en seguir es fingir lo que ya no queda, y no quiero ser como ese resto que se da tiempos para echarse de menos; para extrañar lo que ahora extraño yo, porque aunque volvamos no será así y lo sé, y lo sabes, porque se va a hacer insoportable, porque es insostenible, y por mucho que nos agarremos, la caída va a ser inevitable.
He recuperado este texto que escribí hace un mes, y ahora entiendo todo un poco mejor...
Al pasar esta tarde por el Hospital Clínico me he quedado unos segundos mirándolo. Estaba naranja. Era cosa de la luz del atardecer dominical, nada nuevo. Pero sí era la primera vez que veía el Clínico bañado de esa manera y me pareció precioso. Me hubiera gustado decirlo. Decir, joder, realmente los domingos son naranjas, y realmente lo naranja es jodidamente melancólico. Pero me muerdo la lengua y sigo hacia adelante para no parecer demasiado loca.
No había ninguna sombra en la fachada, todo era naranja. Era una tarde bonita de cojones. Me hubiera gustado decir: Me gusta Valladolid en días como éste. Me hubiera gustado decir que realmente no me quiero ir de aquí. Hubiera querido decir que no es esta ciudad lo que me incomoda, ni este piso, ni este barrio, ni la facultad, ni toda esa mierda académica de lo políticamente correcto. Me hubiera gustado admitir que no podré estar bien en ningún sitio porque nunca me he gustado a mí misma y no será ahora cuando vaya a cambiar de opinión. Me hubiera gustado decir que si no me quiero a mí misma nadie podrá quererme. Me hubiera gustado decir que Valladolid me gusta en tardes de domingo como ésta.
Me hubiera gustado gritar tan fuerte, llorar hasta que mis ojos mengüen, me hubiera gustado cortarme la lengua para tener una verdadera razón por la que no hablar.
Cuando vi la fachada del hospital de ese pelo, hubiera querido sentarme, sola, frente a él y maldecirme. Me hubiera gustado darme golpes en la sien hasta que todo dejara de estar tan confuso dentro de mi cabeza. Me hubiera gustado plantearme qué cojones quiero realmente. Me hubiera gustado decir, vale, la prostitución es una solución viable. Me hubiera gustado decirme, joder, deja de manipular de este modo a la gente, deja de ser tan perra. Me hubiera gustado dejar de hablar de mí, dejar de envidiar y criticar a todo el mundo, dejar de pensar sólo en mí.
Tener al menos la puta seguridad suficiente para decir, joder, quiero esto, lo quiero, me encanta, y no lo quiero dejar escapar,
en vez de
joderme
continuamente
con
gilipolleces.

Quizás le estemos dando demasiada importancia al sexo. Realmente, ¿qué importancia tiene?
Esta cuestión se me apareció después de que una amiga mía me dijera:
“Joder, me muero de ganas por tirármelo, pero tengo miedo de que me use”.
Y digo yo: si ambos quieren y lo hacen, ¿en dónde entra el verbo usar?
¿No es absurdo que piense que está siendo utilizada cuando ella está haciendo algo que desea?
También descubrí que peinarse de acuerdo a la moda de los ochenta en nuestros días te convierte en un auténtico putón. Qué tendrá el pelo rizado recogido hacia atrás, raya a un lado y mechón clandestino, rizo enfurecido, cayendo ante el rostro. Aros de oro, bien grandes, o de plata; labios rojos y über eye liner que resalte los ojos.
Para que luego digan de la integración étnica...
TODa UNa REaLIDaD, SEÑORES.
Un Follamigo es alguien útil cuando no hay nada en la tele, se te han agotado las pilas del vibrador o a tus amigos no les apetece salir.
No se le tiene aprecio, ni el más mínimo. Ni él / ella a ti, o no lo debería tener... Es triste descubrir que la vida social del otro es ma´s triste que la tuya cuando un día va y te suelta que le gustas mucho. Lejos de complicarte la vida, le agarras la cabeza y se la pones en tu coño. Es fácil hacer callar a los follamigos.
El Follamigo no es un rollo, al rollo se le suele tener algo de consideración.
El Follamigo no es humano, es Follamigo.
No, tampoco es una máquina sexual. Si lo fuera le tendrías algo de aprecio.
El Follamigo la o lo chupa bien. Si es mujer suele tener unos pechos grandes; si es hombre tiene un enorme pollón.
El Follamigo no está para mantener una conversación, ni para tomar un café.
El Follamigo es antidepresivo, analgésico, antiestrés, y un remedio contra el aburrimiento.
No, no es es una droga sintética sicoactiva con propiedades alucinógenas. Eso es éxtasis o el resultado de un polvo como Dios manda.
El Follamigo puede que no sea compatible con tu pareja. En caso de que tengas novio/a te recomiendo que se lo comentes. Date cuenta de que si te pilla y decide dejarlo contigo, ¿qué te queda? ¿¿El Follamigo??