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jueves, 27 de marzo de 2008

Me gusta que me abofetees y me llames puta, pero tengo miedo de que me maltrates.

Quizás le estemos dando demasiada importancia al sexo. Realmente, ¿qué importancia tiene?

Esta cuestión se me apareció después de que una amiga mía me dijera:

“Joder, me muero de ganas por tirármelo, pero tengo miedo de que me use”.

Y digo yo: si ambos quieren y lo hacen, ¿en dónde entra el verbo usar?

¿No es absurdo que piense que está siendo utilizada cuando ella está haciendo algo que desea?

Y así, descubrí mi verdadera vocación: ser monja de postal. Que me desvelen la intimidad al subir el habito hacia el cielo y colocarme después sobre el somier.

También descubrí que peinarse de acuerdo a la moda de los ochenta en nuestros días te convierte en un auténtico putón. Qué tendrá el pelo rizado recogido hacia atrás, raya a un lado y mechón clandestino, rizo enfurecido, cayendo ante el rostro. Aros de oro, bien grandes, o de plata; labios rojos y über eye liner que resalte los ojos.

En fin.
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