
viernes, 24 de abril de 2009
Por mí y por todos mis compañeros

martes, 21 de abril de 2009
Preferencias

Edvard Munch.
viernes, 17 de abril de 2009
incompatibilidad

martes, 14 de abril de 2009
una traidora

En una ocasión nos herimos. Sólo recuerdo la sangre. Con la sangre de sus dedos dibujaba círculos en mi cara, y lo recuerdo como un gesto de cariño.
No recuerdo la canción, pero desperté con una terrible sensación de vértigo. Ese hormigueo que sentía cuando de niña me montaba en El Martillo. Yo nunca me quería montar sola, y mi padre siempre decía que esas cosas podían producirle un ataque al corazón. Ponía cara de pena y yo incluso llegaba a creerle, pero siempre conseguía que se montara conmigo. Me desperté con esa sensación, y me miré en el espejo pensando que tenía mi cara manchada de sangre.
Cuando ella me miró supe perfectamente lo que iba a hacer. Corrió hacia mí, se aferró a mi cintura y me empujó con ella hacia el precipicio.
domingo, 12 de abril de 2009
y me olvido
Este texto esta´ publicado en el número 15 del fanzine El Elefante Rosa
jueves, 26 de marzo de 2009
poco a poco

En el baño pone “toros=tortura”. Me hace gracia porque dentro del continente hay papel higiénico y sé que estoy a salvo porque soy la única mujer del bar. Y me rio un poco, porque suena Facto Delafé. Y las flores azules, por supuesto… Tarareo descompasada una canción de Christina Rosenvinge. Del último disco, porque sé que no le gusta a la mayoría de los popis. Por alguna razón se sienten traicionados. La razón no la sé, por eso digo que es extraña. No, no lo he dicho, lo digo ahora. La cuestión es que me estoy riendo sola mientras meo aquí dentro. Fuera de aquí esta´ lloviendo, y tampoco está tan fuera, porque estoy dentro de un patio. Lo sé, es extraño, pero eso no lo he dicho yo, lo piensas tú, y sinceramente, aunque me estés leyendo, me importa una mierda lo que pienses. Lo sé, a ti te importa una mierda lo que escriba, ¿no? Pero aquí estás, haciéndolo. Haciéndotelo. Lo sé. No me preguntes por qué. Tengo un sexto sentido para estas cosas.
Sólo quiero tener una conversación al salir de aquí. Poder decir más de dos palabras seguidas, llevarme un cigarrillo a la boca y sonreír con los ojos cerrados. Quiero comerte a besos, pero todavía no. No, todavía no. Seamos cautos. Seamos castos. Seamos pastos, pasto de la locura, comernos como animales, rumiarnos, lentamente. Quiero disfrutarte. Poco a poco,
poco a poco,
poco a poco.
No tocar: red de alta tensión.
martes, 24 de marzo de 2009
sin ganas

Me terminé el café, sin ganas, frío ya. Me lo terminé con un estornudo y un picor irritante en los ojos. Pensé que, a lo mejor, necesitaba llorar. Pensé como una gilipollas en los primeros días, los primeros meses, la primera vez que te di la mano sin darme cuenta, cómo me moría de ganas por besarte, y ahora ya no quiero nada de eso, y me da una pena terrible. Ya no me muero por besarte, ni quiero caminar de la mano como dos tórtolos porque ya no lo somos. Porque empeñarnos en seguir es fingir lo que ya no queda, y no quiero ser como ese resto que se da tiempos para echarse de menos; para extrañar lo que ahora extraño yo, porque aunque volvamos no será así y lo sé, y lo sabes, porque se va a hacer insoportable, porque es insostenible, y por mucho que nos agarremos, la caída va a ser inevitable.
He recuperado este texto que escribí hace un mes, y ahora entiendo todo un poco mejor...
jueves, 5 de marzo de 2009
retornonroteretornonroteretornonroteretornonroteretorno...
Marina se despierta mareada. Como si su vida hubiera dado un giro de trescientos sesenta grados mientras estuvo dormida. Un giro violento para volver al principio. Lo que viene siendo el seno materno.
Un mareo terrible y un desconocimiento total. La habitación, empezando por la mesilla, no parece la misma que la noche anterior.
Humedad. Un fuerte olor a placenta y un ambiente denso, pegajoso.
Incomodidad. Como la que se siente al estar en un lugar desconocido.
Se toma un café y se le sube a la mirada. Ahora el mundo ha adoptado una tonalidad marrón. El resto de la gente parece tanoréxica. El mundo que ahora se presenta ante sus ojos se está pudriendo, dejando en su lugar un denso olor a descomposición. Y, sin embargo, se siente viva. Desconocida para el mundo y todo el mundo para ella.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Café soluble

La foto la he tomado de aquí.
jueves, 12 de febrero de 2009
Neverland

martes, 10 de febrero de 2009
Voces

En el rincón de la cocina, aquel rincón que había entre el fregadero y la ventana, ahí, aquel rincón que siempre estaba marrón, siempre. Siempre sucio, pegajoso. Parecía que aquella mugre ocultaba algo tras de sí. Había algo, estaba convencida, detrás de la pared. Un agujero. Me dejé las uñas largas, muy largas. Me costó mucho tiempo, mucha paciencia, pero lo logré. Aquel día, cuando las yemas de mis dedos se ocultaban ya tras largas garras, arañé aquella esquina, me llené de porquería las uñas, raspé y raspé y perdí mi mano en un agujero negro. Al recuperarla de aquel lugar, de allí brotaron cabezas de bebés, grisáceas, que lloraban como cerdos en la matanza. Gritaban tanto que sus voces se adentraron en mi cráneo. Intenté expulsarlas por mi boca. Las voces seguían dentro, queriendo salir. Por más que gritara mi cabeza se rellenaba como un pequeño frasco de fragancia barata. Escupir, gritar. Pero era imposible despojarse de aquello. El dolor de cabeza se acrecentó de tal manera que la única solución posible que encontré para paliarlo era despojarme de ella. Agarrándome del cuello, tiré con todas mis fuerzas hacia arriba. Enganchando mis dedos a los orificios auditivos, taladrando mi cráneo con utensilios afilados. Tiré, tiré, tiré. Rodé. Seguí gritando siendo cabeza hasta terminar dentro del agujero, con todas las demás. Desde allí, entre la mugre, pude ver a mi madre susurrando, “otro más, qué pena”, apoyada indiferente contra la alacena.
I hear in my mind / All these voices /I hear in my mind /All these words/I hear in my mind/All this music/ And it breaks my heart*
*Fidelity. Regina Spektor
indiferencia

lunes, 9 de febrero de 2009
Playground Love
No me gustaba el instituto. El primer trimestre siempre hacía frío. Era el tercer año de secundaria, pero el primero de instituto. En una de mis primeras borracheras, poco antes de las clases, me caí por unas escaleras, de modo que comencé el peor curso de mi vida con una pierna escayolada. No me gustaba el instituto. No podías ser fea ni normal, tenías que destacar. Siempre hacía frío y en el porche los demás no dejaban de fumar. Un día, de las primeras veces, me mareé. No fumando. Estaba en clase de geografía y me dio un bajón enorme. Con los años he aprendido a disimularlos, pero aquel fue de los primeros y no quise seguir allí. Cogí mis cosas y me fui. En casa, tirada en el sofá, asqueada de aquel ambiente, – como siempre, siempre a disgusto, esté donde esté – puse la televisión y comenzó en canal plus Las Vírgenes Suicidas. La vi entera y puede que incluso llegara a llorar. Cuando volvió mi madre y me vio allí, en vez de en clase, me dijo: que no te influya. Desde entonces solía firmar mis textos bajo el seudónimo solitaria suicida y los tiraba por ahí o los dejaba “olvidados” en sitios estratégicos del instituto para quien quisiera encontrarlos.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Todos somos monstruos.
Somos monstruos, cargando a nuestras espaldas las vergüenzas, todos y cada uno de nuestros prejuicios. Las manchas de nacimiento que no se van ni con maquillaje y que se multiplican a la luz del sol. Escondidos en un mutismo de pudor inconfesable, intentando aparentar siempre que todo va bien. Que no somos bestias como el resto.
Somos el monstruo gordo de la clase de quinto de primaria, a quien no queríamos nadie y llamábamos bola de sebo; somos el monstruo cíclope de segundo de primaria, a quien llamábamos cegato por tener un parche en el ojo izquierdo. Somos la caspa, los kilos, el moco, la roña en el cuello de todos esos niños marginados. Somos la vergüenza de nuestros años de instituto, los chándales cutres de adidas para las clases de educación física. Somos aquella voltereta que no supimos dar, el balón prisionero que nos dio en toda la cara, el sol que nos cegaba al jugar sin ganas al puto vóleibol.
Todos somos los monstruos. Las cajeras del día madres solteras a los veinte con un novio que se sobreexcita al cambiar el motor del coche. Todos somos los monstruos. El triunfador que se muerde la lengua cada vez que recuerda lo patético que fue a los quince.
Somos monstruos. Cargamos a nuestras espaldas, y lo tenemos tatuado en la frente, quiénes fuimos y el peso de nuestra vergüenza.
jueves, 29 de enero de 2009
No mentirás

miércoles, 28 de enero de 2009
Se perdieron. S e p e r d i e r o n.
Se perdieron y eran sólo dos estrellas de mar, de colores. Dos estrellas a las que se les acababan de cortar los brazos, y resucitaban, y volvían a desaparecer, para crecer después, para disfrutar del dolor. Porque se perdieron y no supieron distinguirlo, por más que la sangre emanara de sus huecos, aun viendo que la regeneración tardaba en aparecer. Se lamieron las heridas, e introdujeron en las yagas de la otra sus dedos arrugados para pintarse con las sangre el rostro y descubrir, por primera vez, de qué estaban hechas. Para, por primera vez, encontrarse y saber que se habían perdido para siempre.
lunes, 26 de enero de 2009
la niña de las naranjas by Adriana Bañares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
