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viernes, 2 de marzo de 2012

march, spring, melancholie

Estrella de mar entre colillas a los pies de un árbol en Richard-Wagner-Straße




Después de haber permanecido despierta durante casi 40 horas seguidas, decidí obligarme a cerrar los ojos y dormí. Si hay algo que me gusta del insomnio -a parte de que los días parecen más largos y parece que el tiempo pasa más despacio- es que a causa de que la mente esté tan cansada, y después de pasar unas horas en un periodo casi de viaje astral en vigilia, los sueños suelen ser mucho más vívidos e intensos. Vamos, que se duerme poco, pero lo poco que se duerme se disfruta.

Anoche, tras casi 40 horas de vigilia continuada, soñé que era una sirena, y en el sueño no pasaba nada, sólo nadaba y nadaba y nadaba. Cuando desperté sentí el frío y la angustia de no ser tan libre y notar este pulso de estar viva que sólo me indica que seré muerte.

Le pregunto a O si a él no le da miedo. Me dice que no es cuestión de lamentarse toda la vida porque vayamos a morir, que hay que tratar sólo de vivir bien. Y yo no entiendo cómo se puede vivir bien sabiendo que sólo vamos a morir.

Como si fuéramos objetos animados.

Sale el sol en Bayreuth. Como si la primavera hubiera llegado de pronto, y es esto, la primavera y no la niebla, lo que me recuerda a Valladolid.

Salgo a pasear de nuevo el abrigo verde, después de tantos meses con ese horrible plumas informe negro, las john smith de imitación y la boina naranja. Como si los colores nos dieran la energía positiva que necesitamos para seguir vivos. Hofgarten repleto de niños, dando fe del aislamiento al que nos condena el frío (a veinte grados bajo cero). Me acuerdo de la primavera en Valladolid. Las tardes en la playa con Pat. La Fanzine. El insomnio compartido con collages, poemas y dibujos. Me acuerdo de la noche que bajamos a pasear, con Portishead sonando en el móvil de Pat, dando a todo un sentido lyncheano, o la noche que bajamos el día que Salerm me decoloró y cortó la melena negra, y nos fumamos un peta tranquilas en los columpios de Poniente.

Paseo mi condición de humana por Bayreuth. Caminar me resulta cansado con un cuerpo tan pesado. Fumo. Me deterioro. Es marzo. Es primavera. Melancolía.
Porque la vida que tengo -siempre- nunca es la que quiero vivir.  

lunes, 21 de marzo de 2011

Demasiado humano.

Dejadme de hablar/ no quiero saber quién soy/ en realidad ni siquiera vivo/ sólo/ soy un personaje patético/ trágico/ demasiado humano/ por estar vivo/ demasiado doloroso/ y sangriento/ y breve/ salidas de emergencia/ por donde liquidar los años.

He pegado en la pared con gelatina una estrella de mar sin brazos y la mojo esperando que renazca y crezca y mueva los brazos largos y flexibles hasta alcanzaros para estrangular vuestros pequeños cuellos de cuervos ingenuos con hambre.

Me imagino a los niños imitando el estilo. El acento. Los términos. La pose cínica de su profesor.


Mi estrella no muere.


[NADA ES IGUAL DESDE QUE LEÍ EL RELATO METALITETURA DE JUAN BONILLA]

(P.B.B: si caes en este blog, recuerda aquellas conversaciones que teníamos a los doce años.)


 




Julio González. Dirigir la nada y el todo.
Qué me quita el sueño.
No puedo dormir doctor veo fantasmas.
No puedo dormir doctor veo
en la oscuridad.
No puedo dormir doctor oigo mi llanto.
No puedo dormir doctor.
No me deja dormir doctor.
No me deja no cesa la vibra
que late
dentro
y brama
demasiado humano.

No puedo dormir doctor me acosan los ausentes.
No puedo dormir doctor indúzcame al coma
pero no me mate.
No puedo dormir doctor este dolor
es insoportable.
No puedo dormir doctor no sé respirar
no se me permite respirar
no desaparecen los ausentes.

No puedo dormir doctor veo fantasmas.
No puedo dormir doctor.
No puedo dormir si sueño caeré
ahogada
No despertaré.
Qué sentido tiene doctor
dormir para encontrarme con mis miedos.
Qué sentido tiene doctor
el riesgo a morir por descansar si el descanso es breve
para el mortal.
Qué sentido tiene el miedo
qué sentido tiene este afán enfermizo por perder el tiempo.

Breve.

Evitar el silencio.
Evitar la oscuridad.
Evitar la vida en dinero entregarse a la fe a
la salud pública a la fe
a la privada paga y vive.
Evitar la probabilidad.
Retrasar el momento de caer
en el descanso que no cesa cuando cesa
la vibra que late dentro y brama
demasiado humano. 

domingo, 3 de enero de 2010

Suicide Girl





Sus medias están sobre esa moqueta granate que al llegar te pareció elegante. Ahora es parte de ese falso decorado, testigo de tantas historias que jamás serán contadas. La vergüenza nos arrastra hacia la mentira deliberadamente, ¿te das cuenta? Ella tampoco quiere dirigirte la palabra, imbécil. Estás en lo cierto: le das asco. Pero qué más da, te preguntarás mientras te enciendes un cigarrillo. Al fin y al cabo lo sabías desde el primer contacto. Sólo le movía el interés. Una muerta de hambre y el niño rico en periodo de crisis... matrimonial. ¡Oh!

Otro gatillazo. Otra pérdida de tiempo. Otra forma de disconformidad. La excusa perfecta para salir corriendo. La excusa para dejar de ser un par de don nadies. Porque ella no querrá volver a ser jamás una simple camarera. Y tú no estás por la labor de volver a casa.
Pensarás mientras te aprietas los ojos con la mano izquierda, qué decir cuando ella se despierte. Cómo sugerirle sin que parezca demasiado descabellado salir del país y del sistema sin necesidad de dar explicaciones. Lo que más miedo te dará a fin de cuentas, calzonazos, será dejar a tu mujer antes. Demasiados años, te repites. No es tan fácil.

Cuando se despierte, cambiará de canción y subirá el volumen para no escucharte. Tú mirarás de reojo la mochila. Con la Reflex, el vino, la pistola y los vinilos. Y murmurarás algún topicazo post coital mientras la niña chapurrea algo de francés para seguir la canción.

Non, je ne regrette rien.

Cuando se queje, apretarás con más fuerza las sienes.

La sangre en su boca, entre restos de semen. Bienvenido al bufete libre, querida. Hoy no os hará falta servicio de habitaciones. Te mirará de reojo con desprecio. Caminará desnuda hacia el lavabo, limpiará la cuchilla y relamerá sus labios.

He pensado, dirás, que podríamos irnos de aquí. Ya sabes, empezar de cero. Detendrá el recorrido de sus medias en las rodillas, girará la cabeza pero sin mirarte preguntará ¿juntos? Sí, no habrá nada que nos ate. Tú eres distinta. Ella contará los cortes en sus labios y las marcas de cigarrillo en los antebrazos, coqueta en el espejo. Te pareces a mí. Fijarás la vista unos segundos en la boquilla. No te conformas con cualquier cosa. Y habrá un silencio incómodo cuando ella emita un suspiro y tú recuerdes que pese al dolor y las colillas, no lograste dejarla... satisfecha. No quieres seguir siendo una camarera. ¿Y qué seré entonces? ¿Tu eterna modelo de fotografía? No, no, no lo entiendes. Nos abriremos camino – cogerás con convicción la pistola – las normas no están hechas para nosotros, SG. Y terminando de subirse la otra media aceptará encantada.

Qué podría quedarle por perder a una solitaria suicida.

jueves, 24 de diciembre de 2009

fuera

Que no soy la misma. Me lo dice una amiga por el messenger. Uff. Habrá pasado media hora desde que llegué a Logroño. Al abrir la puerta el gato se lanzó a la maleta y se quedó enganchado a ella con las uñas. Déjamegatoquierodormirrrrrrr.
Que estoy fuera del mundo, me dice. Que desde fuera es lo que parece. Desde fuera de dónde, ¿del mundo?
Eso tenía que ser. Qué sé yo*. O yo qué sé**.

Bueno niños, qué os voy a contar.

Este año no voy a proponerme dejar de fumar. Este año no me voy a proponer nada.

Voy a intentar no...

Esta tarde al volver a casa, no... no me encontraba bien... nada del otro mundo, sólo una sensación rara después de ver algo... o alguien... hagan sus apuestas... y al cruzar el último paso de cebra me volví y bajé por Vara de Rey hasta el estanco... no, no me voy a proponer dejar de fumar... iba tan idiotizada por la calle que ni siquiera me estaba dando cuenta... los semáforos ya no cambiaban de color... los coches, la gente, el ruido del centro que tanto hecho de menos en Valladolid... ya no significaban nada... ni siquiera me estaba dando cuenta del cigarro, o de cuántos llevaba ya... y al pasar por una zapatería estuve a punto de entrar a por unos zapatos negros de tacón ancho, pero moderado, ya sabes, tampoco muy altos, igual no llegaban ni a los diez centímetros... pero... no todo se resuelve así, supongo... así que opté por un libro de Foster Wallace... en realidad ya venía con él... no sé, y nada... abro la puerta de casa... leucocito, picuqui, cuqui, cuchi, chuqui, amooooooooooor... viene a recibirme bostezando mi gato y nada...

Hoy no voy a dejar de fumar. Me dice que estoy desconocida. Fuera del mundo. Que no soy la misma. Pero yo qué cojones sé qué era antes. Quién soy si no soy yo cuando estoy borracha ni me siento yo cuando no lo estoy. Quién coño me creo que soy entonces, hija, dímelo tú. ¿No es lo normal, acaso, dejar de ser por fin uno mismo?

Cuando más desnuda estoy, más vergüenza siento. En todos los sentidos. El desastre de mi vida. No soy lo que escribo, no soy esta, ni soy nadie.

Hay días en los que preferiría pegarme un tiro.
























* Bar de Valladolid en el que ponen lo que mi tío Hilario denomina "música ratonera". Extremo, Piperrak, ya sabes. Rock calimotxero.
** Discoteca de Logroño que antes era un asco y ahora lo es, pero menos y con más decoración. Demasiada.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

"Nunca acierto cuando elijo un número"

Voy a aprovechar que sigo en Logroño y dispongo de Internet para desahogarme. Hacía mucho tiempo que no recurría al blog como válvula de escape para gritar mis mierdas, pero son las cinco menos veinte de la mañana, estoy intentando sin éxito centrarme en un trabajo para clase y, para terminar de rematar la faena, he visto La Fille Sur Le Pont. Seré sincera. Vi esta película hace muchos años, en La 2. Recuerdo que me enamoró perdidamente y se convirtió instantáneamente en mi película preferida. Pero no, no la volví a ver. Hasta hoy. No recuerdo cómo era yo cuando la vi. No recuerdo las emociones, ni en qué nivel me vi reflejada en Adèle, pero hoy me he sentido terriblemente identificada.

Ya no se trata de desengaños amorosos, de desamores, ni de pollas en vinagre. Se trata de que me hagan creer que soy especial, que me digan me gustas demasiado, que decirme te quiero sea tan fácil, y yo me lo crea como una idiota. ¿Cómo puede pasarse tan rápido del te quiero al paso de verte? Del me gustas tanto al he conocido a alguien muy especial.
Así me quedo, atrás, siempre, atrás, detrás de las otras, de ellos, de las mentiras, de los vodkas con lima y los chupitos de pêche o de las continuas noches de insomnio frente a papeles en blanco, canciones que me harto de escuchar, como de mi vida, y los remordimientos por haber sido tan y tan patética alguna noche de estas, intentando en vano fingir que puedo sentir algo cuando lo único que consigo es sexo sin ganas, ni garantías, ni orgasmos. Sólo dolor. Dolor y la vergüenza absoluta por un cuerpo que sigo sin apreciar ni sentir como mío. Pero como Adèle, igual soy incapaz de decir que no porque estoy harta de ser quien espera en la estación.




Os dejo el diálogo inicial de la película, y, si pincháis aquí , podéis ver la escena en cuestión doblada en español.
Vanessa Paradis está estupenda.


- Adelante Adèle, cuéntenos.

- Pues... tengo...


- Tiene 22 años...


- No, los cumpliré dentro de dos
meses.

- Y dejó de estudiar muy joven porque
quería empezar a trabajar. ¿Es así?

- Sí, pero no fue para trabajar, sino
porque conocí a alguien. Me apetecía estar con él, por eso me fui de casa. Prefería vivir con éI que con mis padres, y al conocerle, aproveché... la oportunidad.

- ¿Era una necesidad de libertad?

- No sé. Lo hice para acostarme con él, porque
cuando era más joven creía que la vida empezaba el día que hacías el amor, y que antes no eres nada. Era el primero que me... lo proponía y me marché con él para estar juntos y empezar mi vida. El problema fue que no tuve un buen comienzo.

- ¿No se Ilevaba bien con éI? ¿Por qué no tuvo un buen comienzo?

-
Porque conmigo siempre es así, empieza mal y termina peor. Nunca acierto cuando elijo un número. ¿Ha visto esos papeles en espiral para atraer moscas? Yo soy igual. Atraigo las historias cutres que pasan a mi lado. Creo que hay gente así, que son como un imán para aliviar a los demás. Nunca acierto cuando elijo un número. Todo lo que intento o toco se convierte en una putada.

- ¿Cómo se lo explica, Adèle?

- La mala suerte no se explica... es igual que el oído musical, se tiene o no se tiene.

- ¿Qué pasó con ese chico?


- ¿Con cuál?

- El primero, con el que se fue. ¿Llegaron a hacerlo?

- Sí, lo hicimos.

- Pero le decepcionó.


- No. Y ahí está el problema, porque si no me hubiese gustado, no estaría... donde estoy. La primera vez no estábamos muy cómodos.


- La primera vez nunca es fácil. No estaba cómoda porque ambos eran... muy jóvenes. - No, porque eran los servicios de... una gasolinera y no es muy práctico. ¿Lo ha intentado usted?

- No.

- Es complicado. Sobre todo en las autopistas. Fue idea mía hacer dedo, porque
creía que las historias de amor siempre ocurrían al lado del mar. Estaba equivocada, pero... es normal, porque nunca he tenido buenas ideas. Siempre me pasa igual, enseguida me embalo, no pienso, es un defecto. Menos mal que me recogieron, porque hubiese sido capaz de tirarme debajo de un camión.

- ¿Quién la recogió?

- No se lo puedo decir porque estaba casado, un psicóIogo. Se dio cuenta enseguida de que tenía una "depre" de la leche. Hizo lo que pudo para levantarme la moral. Se desvivió tanto que creí que me había quedado embarazada. Por fortuna, sólo era apendicitis. Por fortuna, por decir algo, porque con el anestesista tampoco tuve mucha suerte.


- ¿Tuvo problemas con él?


- No, era encantador, y parecía tan enamorado que le hubiera seguido hasta el fin del mundo, pero sólo fuimos hasta Limoges. Es curioso, ¿no? Cómo la gente puede parecer colada por ti... cuando no lo está. Debe de ser fácil fingirlo. Me decía que le hacía el mismo efecto que un cointreau. Pero se cansó rápido del cointreau y se fue a llamar por teléfono.

- ¿A quién?


- No lo supe porque desapareció.


- Estábamos en un restaurante, y yo no sabía que había otra salida, y me quedé esperando hasta que cerraron. El dueño vivía encima. Olía un poco a fritura, pero tenía las manos delicadas y suaves.
Las manos engañan, te hacen creer cualquier cosa. Así es como empecé a trabajar. Me contrató de relaciones públicas en su restaurante.

- ¿En qué consistía su trabajo?


- Al principio, tenía que recibir y sonreír a todo el mundo... No me daría un infarto con ese trabajo pero una sonríe y la gente se equivoca, y en Limoges hay tantos hombres que se sienten
solos... Desde fuera no te das cuenta. El juez me dijo que era una de las zonas de Francia con más personas deprimidas.

- ¿Qué juez, Adèle?


- El que se encargó de mi caso cuando cerró el restaurante, por el tema de las relaciones públicas. Él también era depresivo. Pero fue igual, tampoco se ocupó de mí mucho tiempo. Ni 15 minutos. En una habitación de hotel, sin almohada, sin tele, sin cortinas...
Creo que no era mala persona. Al verme los ojos rojos de tanto llorar, me ofreció su pañuelo y se marchó. Quizá no me merezca nada mejor. Debe de estar escrito en algún sitio. Hay gente que ha nacido para ser feliz, y a mí todos los días de mi vida me han engañado. Todo lo que me prometieron me lo creí, pero nunca conseguí nada. No sé hacer nada, no le importo a nadie, no soy feliz, ni realmente desgraciada, porque seguro que lo eres cuando has perdido algo. Pero nunca he tenido nada mío, sólo mi mala suerte.

- ¿Cómo se imagina el futuro, Adèle?

- No lo he pensado. Cuando era pequeña, sólo deseaba crecer. Quería que sucediera deprisa.
Pero ahora no sé para qué ha servido todo esto, no lo sé. Hacerme mayor... El futuro es como una sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y tras los cristales gente que pasa corriendo. Sin verme, tienen prisa. Cogen trenes o taxis. Tienen un sitio adonde ir, alguien con quien encontrarse... Y yo me quedo sentada, esperando.

- ¿Qué espera, Adèle?

- Que me ocurra algo.

martes, 30 de junio de 2009

Lobotomía



Quiero que me lo hagas, y que me lo hagas bien. No cometas estupideces, sé muy bien que el instinto asesino te tentará, pero has de ser fuerte. Tampoco tergiverses las cosas: procura extirpar sólo lo que haga falta. Lo demás déjalo en su sitio, no quiero borrar todos los recuerdos.


Si no te ves capaz, no me hagas perder el tiempo y vete.



No quiero volver a experimentar el sentimiento de culpa cada vez que alguien se aleje de mí. No quiero volver a pasear sola como si fuera un fantasma y tener que ocultarme para llorar con ganas. No quiero seguir así otros tres meses, así que apunta bien o vete por donde has venido.



Pásame la ginebra. Coge el pica-hielo. No te preocupes, en serio, estoy dispuesta a correr el riesgo.


No me mires así, no quiero darte pena. Sólo haz lo que te digo; si no te ves capaz, en serio: vete por esa puerta y no vuelvas por el morbo que entraña poder encontrarme muerta.


¿Te vas, cobarde?


Recojo el pica-hielo del suelo, y observo durante un par de segundos el rastro que tus pasos de cobarde han dejado sobre el parquet. Tu silencio y tus estúpidas lágrimas no van a detenerme. Tu compasión no sirve de nada si cuando peor me siento huyes sin decirme nada.


Me miro frente al espejo. Es la última vez que voy a verme así. Después de esto seré tan feliz que volveré a quererme como antes, y ellos volverán a desearme hasta el final, y yo volveré a disfrutar de los amores breves.


El sentimiento de culpa se irá. Volveré a tener corazón. Dejaré de ser tan falsa, se irán mis mentiras como la sangre por el desagüe. Correrán con el agua purificados todos mis errores y los recuerdos, y las suposiciones, y el cariño que a pesar de todo te sigo teniendo.



Se irán contigo y todo lo que significaste en mi vida, y sólo serás un ciudadano más con quien cruzar una mirada en algún paso de cebra.



Sitúo el pica-hielo sobre el conducto lacrimal de mi ojo izquierdo y me miro fijamente a los ojos mientras sostengo con la otra mano un pequeño mazo de madera. Verme me duele. Me recuerdo a ti, como todas las cosas que te gustaban, y no puedo evitar desperdiciar otras pocas lágrimas.



Cierro los ojos y grito con todas mis fuerzas al tiempo que golpeo, y entra, y enredo, y me pierdo, ya no sé qué estoy haciendo, pero todo se está yendo. Lo noto. Noto que todo se está yendo, ya apenas te recuerdo, todo se va desvaneciendo, y sólo queda un intenso dolor de cabeza, y ceguera, y el olor a sangre. Sangre que se escapa y empapa mi rostro y se diluye con el sudor y el miedo, pero también con la tranquilidad que supone no volver a recordarte, y se va todo… se va…


Las fotos son obra de Cirenaica Moreira.

domingo, 31 de mayo de 2009

corrupta


He perdido la espontaneidad y las ganas.


Me da cierto reparo utilizar la palabra amor y derivadas. Cuando se ha querido tanto los te quiero salen muy fáciles. Sobre todo los falsos. Cuando se ha tenido lo real, todo este circo de plástico es tan banal que mentir resulta asquerosamente fácil.


Es mi mantra, y quisiera evitarlo si no fuera porque he querido tanto que ahora lo que vosotros sintáis me da completamente igual.


La mentira como pasaporte a una sociedad que no entiende absolutamente nada. La aceptación de un cuerpo que ya no parece mío porque por demasiado tiempo fue propiedad de otros. Tan tocado, tan usado, tan mitificado, tan desperdiciado.

No me reconozco.


Ya no funciono. Y ni siquiera me quiero molestar en ponerle empeño porque sé que voy a seguir sintiendo absolutamente nada.


Porque he perdido la espontaneidad y las ganas y últimamente dejo de estar cachonda si estoy borracha.


La belleza se ha transmutado hasta volver a ser la chica del principio, y si digo que no me veo es porque no me reconozco en el espejo.


No me preocupan las heridas, por mucho que duelan; lo que me preocupa es haber perdido lo que mejor se me daba, la espontaneidad y las ganas. Lo que me preocupa es haber llegado a un punto de no retorno al perder la capacidad de soportar el placer. Lo que me preocupa es haberme secado porque he perdido los sentimientos en cada lágrima. En cada golpe. En cada recuerdo. En cada palabra.



y
a borbotones escapa mi impotencia,

y la sangre,
y la impaciencia,

y lágrimas,
y vergüenza.

viernes, 24 de abril de 2009

Por mí y por todos mis compañeros



Por dejarme comprar con canciones francesas, vino espumoso y cajas de bombones. Por querer dinero. Por querer dinero. Por querer dinero. Por olvidarme de lo que significan las cosas. Por eliminar a la gente creando mis propios holocaustos privados. Por fumar y decir siempre éste es el último. Por no beber sola. Por hacerlo a escondidas. Por esconderme en moteles donde ni yo misma me encuentro. Por encontrar fantasmas en las carreteras. Por no tener miedo. Por olvidarme del significado de las cosas. Por decirme ahora me pongo y no ponerme nunca. Por quejarme sin saber, sin estar, sin enterarme. Por comprarme un corsé aun no teniendo dinero. Por seguir gastando lo que no me gasto en comida en teñirme el pelo. Por buscar y que me manden buscar en otros sitios. Por mandarlo todo a la mierda. Por empeñar mis poros y desmoronarme. Por descubrir nuevos motes, nuevas metas, nuevas propuestas. Por desentenderme de alguien, por entenderme con alguno. Por ahogarme precisamente ahora que tengo aire. Por envidiar lo que fui antes. Por recostar la cabeza en mi vientre hasta alcanzarme. Por convertirme en espiral y volver siempre al principio. Por regenerarme aun teniendo atravesada la piel en mil caminos. Por hundirme en humo y decir siempre que éste será el último.
.
.
.
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*La foto la he pillado de aquí.

viernes, 20 de marzo de 2009

el sinsabor de lo inagotable


Te he descubierto pintada de rojo en una habitación ultravioleta, pretendiendo aparentar ser lo que no puedes: querida por todos los que quieres.


Pretendiendo hacerte a la idea de lo que es perderle, fingiendo haber sido una santa cuando nunca dejaste de ser puta. Alimentado tu arrogancia de lágrimas enlatadas de dolor. El dolor más real que jamás hayas podido experimentar. Porque ahora estás sola. Porque ahora sí que has perdido y no,


no te hiciste a la idea… de lo que esto iba a suponer.


Porque ahora se han ido todos y te duelen las manos de tocar el vacío, de comerte el aire, de exprimir sin éxito las palabras que aún muerdes como si fuesen te quieros.


Porque ya no queda nada salvo el sinsabor de lo inagotable. El dolor.


Te he descubierto pintada de negro en una habitación anaranjada, tiñendo con tus uñas la melancolía de las paredes. Te he descubierto tendida, rendida, después de haber perdido la poca dignidad que te quedaba y de la cual tanto alardeaste en algún tiempo pasado, cuando se supone eras mejor.


Cuando eras mejor persona, más humana, cuando eras capaz de ser mortal en una sonrisa. Cuando bebías del jugo de la seguridad.


Porque se han ido todos y no han parado a despedirse. Porque ya nadie desea tu compañía y tu mera presencia ni siquiera les incomoda porque no saben que estás ahí.


Porque te han suplantado por alguna mediocre de la cual no merece la pena ni recordar su nombre. Porque sólo es una de tantas, porque desde la Virgen han habido millones.


Te he descubierto. Encerrada en ti misma, cubierta de humo y cera, pero ya no ardes, sólo te consumes.


Consumida. Eclipsada por una mierda sin talento ni razón de ser, sólo una mediocre con cara de quinceañera que ni siquiera sabrá chuparla sin atragantarse con el esperma.


Te he descubierto llorando, porque te sientes sola. Porque ya no sangras, aunque quisieras levantarte la piel para que realmente te vieran desnuda


por primera vez.


Porque ya no lates, sólo duras; no vives, sólo te apagas. Y lloras. Y te sientes despreciable, cuando en realidad vales más que esa de tantas. Te derrumbas, cuando a punto están de dar las seis y te apagas, te apagas, te apagas, con la tercera vela y el sabor del último cigarrillo calando en tus entrañas.

La foto es de Roy Stuart.

jueves, 19 de marzo de 2009

Tierra

En primer lugar: Gracias a José Luis y Belén (In Red) por las palabras que depositaron bajo una entrada que escribí esta madrugada cuando llegué ciega perdida a casa. Siempre me planteo no colgar nada en el blog cuando estoy borracha, pero no aprendo.

Me oculto en silencio, de puntillas, con la mirada fija en el techo, queriendo ante todo reconciliarme con el agua que en su día me purificó y ahora se cuela a través de la cal, dejando surcos, agrietándome el alma.

Una tarde de verano. Una tarde de puro bochorno, el agua de la piscina sucia, repleta de hojas, culpa de un vendaval momentáneo a media tarde. Nubes, y muchísimo calor.

Insectos enormes caminando como máquinas, tierra seca bajo las hojas y entre los ojos, y el perro del vecino que no deja de ladrar. La tristeza de las siete de la tarde, el café que sabe a tierra, como todo esta tarde, es tierra. Todo esta tarde. Es tierra. Esta tarde sólo es tierra.

Sentir el impulso de la tristeza más profunda. Sentir cómo toda la fuerza se va hacia cualquier vertedero, en algún barranco profundo, hasta ahogarme. Ahogarme en la tierra, enterrada, hundiéndome poco a poco, sin poder salir, entre arenas movedizas.

Sentir el impulso de lo más bajo. Excitarse con orina, por sólo ser una excusa para tocar el sexo. Y vaciarnos por completo en cualquier alcantarilla. Desfragmentar la oscuridad hasta volvernos nítidos. Ser sólo sombras, desaparecer, como fugitivos, entre los retales del olvido.

Y ahora estoy sucia, con los pies fríos y los ojos llenos de unas lágrimas que duelen más que cualquier tacón de aguja. Estoy fría, pero eso siempre lo supiste. Tú, y todos. Que estoy podrida por dentro, muerta en vida, que sólo pienso en mí. Y aquella era una tarde de verano que sabía a tierra.

Sabía a tierra porque sabía que todo iba a terminar, así, bajo ella. Porque sabíamos a dónde iba a derivar todo esto mientras aquel niño pequeño, que puede que fueras tú, pisaba insectos. Mecánicos, y mecánico él también, como mi sonrisa. Lo único que nos hacía vivos era la tristeza.

Como orina, corrosiva, deslizándose por la alcantarilla.

Hoy, me deslizo yo, de puntillas. Con la vista fija en un punto, pero mirando nada. Me descalzo e intento moverme como una bailarina, pero sólo soy una lombriz de tierra a quien han pisado una mitad. Y tengo el centro rojo, y lloro, pero no puedo gritar. Sólo aparentar que me muevo mientras me embadurno en tierra. Siendo cada vez más sucia. Más despreciable. Una cualquiera

que ha perdido su mitad.

lunes, 16 de marzo de 2009

Heartbeats

Música para ambientar...

La habitación se ha llenado de fantasmas y para espantarlos he encendido un par de velas. Ahora todo se mueve y me convierto también en sombra.

Me mecen como a una niña pequeña que ha cometido una estupidez, y ahora lloro como una descosida. Con un coraje que desgarra todos los sentidos.

Y me uno a la inconsciencia. Más intensa que un orgasmo. De llorar se rompen mis tímpanos, los ojos y el último de mis poros se cierra hasta hacerme de plástico, como una muñeca Barbie que ha perdido todo su encanto.


La foto es de Roy Stuart.

viernes, 27 de febrero de 2009

Claustrofobia

Empezó a auto convencerse de que confiaba en los desconocidos,

aunque precisamente era ese miedo y esa incómoda desconfianza lo que le hacía sentir viva.



No le gusta el olor.


Ni el dulce,


ni el natural,


ni el artificial.


Sólo le gusta el tacto de la


inexistencia.


No le gusta


Lo que a él


Ni a nadie


Sólo le atrae


Llegar a la


Anestesia existencial.



No quiere sentirse protegida, (o igual la que no lo quiere soy yo) por ella ni por nadie. No quiere ser echada de menos, sólo dejar un rastro semitransparente sobre la piel de todo aquel que la toque (o sobre la mía).


Disfrutaba de su independencia durmiendo al borde de la carretera, por debajo de la acera, en un colchón de los caros, de los altos, de los anchos, decorado con manchas de lodo y aceite irisado en la parte inferior. Disfrutaba de su condición original, siendo la única mujer completa que habitaba en el planeta, y, por tanto, la única incompleta.


De vez en cuando la venía a visitar una bonita rubia hermafrodita, como todos los demás, y disfrutaban sin reparo de la no intimidad. El humo de los coches y el estrepitoso ruido urbano marcaban el ritmo de un romance que sesgaba las conciencias de los más puritanos, y los más conservadores, que no podían admitir la existencia de aquel fallo de Dios. O aquella creación de Demonio.


Pero me secuestraron (eso lo recuerdo como mío, aunque seguía siendo ella), engañándome como a una idiota (que, a fin de cuentas, es lo que soy) en el momento en que decidí alejarme del colchón, porque ahora, por fin, lo había visto tal y como era: repugnante. O puede que… tal vez, me lo dijera ella.


Millones de llaves, brechas de cada lugar donde vivió alguna vez, y ninguna es del coche.


Pero cuesta tanto admitir una ausencia que prefiere probar con las demás.


Va a ser difícil escapar de aquí si a través de la ventanilla del coche sólo hay puntas, escaleras y precipicios.


Va a ser difícil escapar de este mundo si nos han tapado el cielo con hormigón y ahora todo es una nave industrial, tan fría, tan gris, tan amplia… pero tan cerrada.

lunes, 9 de febrero de 2009

Playground Love

No me gustaba el instituto. El primer trimestre siempre hacía frío. Era el tercer año de secundaria, pero el primero de instituto. En una de mis primeras borracheras, poco antes de las clases, me caí por unas escaleras, de modo que comencé el peor curso de mi vida con una pierna escayolada. No me gustaba el instituto. No podías ser fea ni normal, tenías que destacar. Siempre hacía frío y en el porche los demás no dejaban de fumar. Un día, de las primeras veces, me mareé. No fumando. Estaba en clase de geografía y me dio un bajón enorme. Con los años he aprendido a disimularlos, pero aquel fue de los primeros y no quise seguir allí. Cogí mis cosas y me fui. En casa, tirada en el sofá, asqueada de aquel ambiente, – como siempre, siempre a disgusto, esté donde esté – puse la televisión y comenzó en canal plus Las Vírgenes Suicidas. La vi entera y puede que incluso llegara a llorar. Cuando volvió mi madre y me vio allí, en vez de en clase, me dijo: que no te influya. Desde entonces solía firmar mis textos bajo el seudónimo solitaria suicida y los tiraba por ahí o los dejaba “olvidados” en sitios estratégicos del instituto para quien quisiera encontrarlos.

jueves, 15 de enero de 2009

La primera piedra



El cielo se desprende sobre nosotros en forma de fibra de vidrio. Millones y millones de partículas heladas que se posan en mi rostro, resintiendo la mirada (helándola por dentro), extirpando lágrimas que se hacen hielo antes de llegar a la comisura de los labios.

El cielo, hoy, se desprende sobre nosotros.

El cielo se rebela contra nuestras almas descarriadas, cansado de lanzarnos indirectas, cansado de nuestra ignorancia y esta prepotencia que nos impide ver lo absurda que es nuestra existencia.

El cielo, hoy, se desprende sobre nosotros.

El cielo nos persigue como dardos blancos, simulando una paz que nunca nos ha dado y nunca nos dará. Porque fuimos creados para ser incapaces de apreciar lo que nos sienta bien.

El cielo, hoy…

Se adentra en mis ojos, sólo veo frío; se clava entre mis uñas, todo tacto es amargo; se posa en mis zapatos, pesado, hasta hundirme en el suelo, hasta la cintura, esperando a que alguien lance

la primera piedra.



*Fotografía: Naturaleza Muerta, de David Díaz Vallejo.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Desengaño secundario.

So pretty in white
Pretty when you're faithful
so pretty in white
Pretty when you're faithful
When you're faithful

Siento estallar mis pechos desde el fondo del sostén, el corazón ha menguado desde que te conocí. Se ha hecho pequeño, como un fruto seco, una pasa, un piñón. Fruta escarchada envuelta en chocolate. No, en yogurt. Pero mis tetas han crecido, mucho, mucho. No me caben aquí, tengo que quitarme el camisón. Tus ojos son marrones, o grises, o ambos colores. O ninguno. Tanta oligofrenia en almíbar, muchos riesgos insanos de pretenciosa soledad, de poetas inconclusos, de presos incompletos, de mi ego incomprendido. De tus labios y tus besos de cartón pluma.

De las alas de mi apéndice, de las vértebras garrapiñadas, de la silueta que aún queda en mi pared aunque te fueras.

Y mis pechos a punto de explotar, y algo entre mis muslos a punto de brotar, burbujeante. Un niño, un anfibio, un realce genital.


Un bastardo, un hereje, un heterónimo,

un dos por uno.

Esto es sólo un anticlimax, un perchero de sonrisas, una elección apresurada...

un canal por donde evacuar las contradicciones.

lunes, 3 de noviembre de 2008

431

Boomp3.com
Tengo miedo a que todo se destruya. Un terrible pánico a la efervescencia. Miedo a un final abstracto. No, no temo a lo físico, a lo material. No temo al dolor tanto como al pensamiento. No quiero que termine. Nada. No quiero la nada.


Me desplazo sin rozar el suelo, a través de paredes, fundiéndome en las cortinas (anaranjadas) de mi habitación, y como el rastro de rocío que deja la noche sobre mis hojas, me quedo quieta, esperando evaporarme.

No sé a dónde quiero ir a parar. No sé si quiero parar.

No por el momento.

Y tal vez me he vuelto inmune. A todo. Inmune. Estática y maleable a la vez, como plastilina, como sangre seca bajo las uñas.

Una mueca extraña, un rostro conocido vencido por el desconcierto que provoca un cambio brusco de temperatura. Ahora que llueve todo es contrario a lo que fue. Ahora que el frío vuelve a dejarme un tono violáceo en las manos y agua salada bajo mis pestañas, todo es volátil, silencioso; agua. Ahora es todo tan claro que tengo miedo a que se evapore y, sin embargo, quiero evaporarme yo.

Quiero saltar por la ventana y soplar. Soplar. Quiero volar hasta evaporarme.

lunes, 27 de octubre de 2008

Subalterna

Pubertad.

No soy yo lo que hay reflejado en el espejo. Esa no soy yo.
El mundo se ha despertado diferente esta mañana y alguno de la radio dice que mi reloj miente. Ahora parece que no me he levantado tan tarde.
Pero esta no parece mi casa, ni el reloj mi reloj, ni siquiera mi muñeca porque este cuerpo lo siento ajeno a mí.
Me siento como la copia de alguien, y no me importa de quién.
Me costó aprender que por haber sido tan hipócrita me he convertido en un ser deshumanizado, falso. Ahora soy un ente errante sin registro y sin sombra. Tengo tan poca personalidad que por no ser no puedo ser ni un espíritu. Porque carezco tanto de alma como de mente. Escribo lo que escribo porque entre mis dedos aún quedan resquicios de lo que un día fui.
Alguien llama por teléfono pero de mi boca sólo salen dos palabras que intuyo son un nombre y un apellido. Una voz. Una voz que no es la mía, o la de ella.
La boca seca, pastos¬a. Los ojos cerrados, oprimidos. Y un dolor agudo en el oído izquierdo. Jaqueca, también jaqueca. Un intenso dolor de cabeza.
Y el temor a no estar solo, o a estar solo. Un sentimiento de extrañeza y picor entre las piernas.
Cuelgo el teléfono. No hay fotos en esta casa, solamente vacío. Vacío. Eco. Mi única compañía es el regreso de una voz que aborrezco aunque ahora sea mía. No tengo fuerza en las manos, sólo un rastro de sangre entre las piernas.



Madurez.

He visto una copia de mí en el cine. Tenía el pelo más vivo que el mío y una sonrisa fija bajo un par de ojos verdes. He visto una copia de mí, con el pelo recogido en una pinza de plata y un vestido demasiado corto. He visto una copia de mí con alguien que conozco.
Por alguna razón creo que ha venido a matarme, así que me cambio continuamente de butaca para despistarla.
He visto una copia de mí mejorada. Más joven, más guapa. Diplomática. Esa clase de gente que cae bien a todo el mundo menos a mí. Dos butacas más a la derecha una muchacha quiere humillar a su pareja. Le toca, le excita, le rechaza. Va sin bragas, falda tres cuartos, maquillaje claro; puta decente, discreta. Reservada. Manipuladora, acomplejada de su ignorancia. Su vida estancada: hace tres años el tiempo se paró para ella y ya ni si quiera envejece, sólo engorda. Y se acompleja un poco más.
Esa copia soy yo hace más de tres años.
Encerré mi adolescencia en hojas de papel. Encerré mis recuerdos, o, mejor dicho, los traspasé. Ya no me queda nada en la cabeza, sólo en mis manos. Todo quedó en papel. Tan frágil. Cualquier día todo puede arder.
Todo.
Desaparecerán las cosas que me avergüenzan, las acciones, mis actos de quinceañera.
Esa parte de mí que hoy parece haber renacido.
Ahora que la veo siento que todo se ha hecho añicos, como las puntas de mi pelo. Se resquebrajan las palabras que hoy se han vuelto hielo.
Todo ha muerto.

viernes, 3 de octubre de 2008

Down by the water




Yo soy dragón . excitable y pasional, con una vida compleja; apariencia dura pero compasiva. Nacida para ser líder. Y esto no lo digo yo ¿eh? Que esto lo dice el horóscopo chino.

Soy, lo que viene siendo, una santa. Sí, y no hay ma´s cera que la que arde. Soy santa. El resto del mundo, demonios. Demonios que quieren arrancarme los veintiún gramos de sentido común que aún me queda.

Ignorantes todos ellos, creyendo que soy quien se equivoca. ¡Yo! ¿Yo? Yo soy una santa. Qué digo santa, soy Dios.

Los bohemios, los gafapastas, los fachas, los modernos, los hippies, los punks, los republicanos, los anarquistas, la conferencia episcopal, los poetas… no serían lo que son si no fuera por mí. Soy el poder invisible. Esa retrasada mental que nunca entiende nada en realidad no existe.

Es a mí a quien visitan los monstruos fosforescentes por la noche. A mí, a mí me vienen a intentar atemorizar. ¿Por qué? Porque yo soy una santa. Se reflejan en el espejo y multiplican sus fauces, pero no pueden comerme porque mi llanto derrama agua bendita. Porque yo… yo soy una santa. Qué digo santa, soy Dios.

Las acciones correctas son ahora incorrectas si corren de mi cuenta, para que piense que todo entiendo al revés. Para darle el beneficio de sentirse bien, superior a mí, y así sentirme bien yo: redimida. Redimida por la cantidad de veces que odié.

Para ser para ti esa retrasada mental que nunca entiende nada.

(I lost my heart under the bridge)

* Dos años de bachillerato artístico para al final dibujar tonterías con un boli bic.

viernes, 4 de julio de 2008

Excrecencia

boomp3.com


Entre las uñas queda un rastro transparente, como el camino que marca el caracol en su angustiosa huida. No sangran sus heridas. Se rompe la espiral y la eternidad quebrada se hace pura evanescencia. Como las babas secas sobre el suelo de cemento. Y arden ahora bajo sus pies las baldosas, espolvoreadas con migas blancas y patas de araña. Abejas muertas. Muchas hormigas. Ni aun cuando llueva podrá desquitarse de esa pena, del colosal abismo que se ha abierto con una nueva herida. Que sí sangra, pero no se desvanece. Dormir sobre la hierba hoy no es una buena idea. Los gusanos y las lagartijas amenazan con entrar y arrebatar lo poco que dentro queda. De su casa, sus recuerdos. Quimeras escondidas entre la tierra, entre el sarro de las tejas. Con una sola piedra esta casa puede hacerse añicos. Sólo entonces podrá entrar en la buhardilla.

Alguien parece estar mirando por la ventana. Al menos él siente que observan cómo va dejando su rastro de lágrimas como rocío sobre las plantas. Y los insectos entre las rosas le recuerdan cuán insignificante es, y lo insoportable que se ha vuelto todo.

L
a obra que ilustra este texto es Provocación (1980), de Valle Camacho.
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