
La habitación se ha llenado de fantasmas y para espantarlos he encendido un par de velas. Ahora todo se mueve y me convierto también en sombra.
Me mecen como a una niña pequeña que ha cometido una estupidez, y ahora lloro como una descosida. Con un coraje que desgarra todos los sentidos.
Y me uno a la inconsciencia. Más intensa que un orgasmo. De llorar se rompen mis tímpanos, los ojos y el último de mis poros se cierra hasta hacerme de plástico, como una muñeca Barbie que ha perdido todo su encanto.