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viernes, 2 de abril de 2010

Uno. Carne Cutre -> Carne Cruda

Brindemos por el 2010, que nos está yendo así de bien.

Saco de lo cotidiano lo más decadente. Es decir, que no todo es así según lo cuento, ni lo siento así, etcétera. Para ahorrarnos disgustos, y esas cosas. :)


Sus besos saben a... ternura porno. A por qué no. Está buena y yo sigo sin saberlo. Saben a no me hablé con tu ex durante mucho tiempo. Saben a éstos no saben que te estoy metiendo mano. Y a seguir haciéndolo sin saberlo. Saben a sé que no piensas en mí porque los mantienes cerrados. Yo, como siempre, sé que ansías arrebatármelos. Saben a no sé qué estoy haciendo. Saben a de qué me hablas. Lori Meyers. Logroño makes me pop. Mal de Amores. Saben a van cerrando antros y abriendo bares. Vamos al Stereo. Saben a todas con novio y yo contigo. Saben a estoy enamorada pero, ya sabes, siempre lo mismo. Saben a con lo buena que estás y... Saben a yo sé cocinar y ¿yo? Sólo hago pasta. No me gusta cocinar y siempre hay precocinados. Saben a ¿y tus complejos? Saben a, ya sabes, los he superado. Y una mierda. Saben a mmmmmmm, tus caderas. Saben a ya sé, son enormes. Saben a nos sirven. Saben a no tengo pasta. Saben a ¿sabes? te invito a Concept. Con consumición ¿no? claro. Saben a vamos cerca de los baños, siempre hay menos gente. Saben a quiero besarte. Sabes a besos de ternura porno.Saben a te echaría un polvo decadente en los baños. Mientras otras se retocan las pestañas con rímel barato. Saben a ¿sabes? Sé. Saben a sé que no sé nada. Saben a te follaría en cualquier sitio menos en mi cama. Saben a vamos a mi casa. Saben a polvos de pega. Saben a saber que tengo que enseñarte. Saben a esforzarme. Saben a tu semen de borracho en mi garganta. Saben a cuatro gin tonics y algún vodka con lima. Saben a dejarte exhausto en alguna mamada. Saben a tener que volverme sola a casa. Sin orgasmo. Saben a una noche de copas sin más con un (casi) desconocido. Saben a many shades of black. Saben a volver y quedarme  y estar enamorada. No de ti, más quisieras. Saben a querer algo estable, fíjate, así, sin saberlo. ¿Sabes? Saben a estar escribiendo esto mientras alguien al otro lado del Estrecho podría estar disfrutando de mí y llevarme el premio. Pero aquí estoy, sola, ya sabes, y él... sin saberlo.


Antes del Uno viene el Cero

domingo, 14 de marzo de 2010

Old Enough



Salgo del Concept.  Una noche más, en Logroño, he terminado con Elena. Somos las que no envejeceremos nunca. Y ella se parece a Lilly Allen. Más hoy, con su minivestido blanco y negro y esas medias de red que cubren la mitad de sus estrechísimas piernas. Ella se encuentra con su nuevo rollo. Ingeniero esta vez y más guapo que los que le precedieron. Le he dado el visto bueno. Ella siempre espera mi beneplácito en estos casos.
Me veo sola y desubicada (qué raro). Salgo. Lo intento. De camino al guarda ropa, peor que nadar contra corriente como hiciera con Marta y Vecino aquel día. En Donosti. Marea de cuerpos y de fondo música insoportable. In-bailable. In. Impresentable.
Nunca me tocarán más las tetas ni empaparán de tal manera mis caderas.
En el mostrador. Suena una de Shania de Twain. Hacía tiempo. Hace tiempo me encantaba. Mi padre me regaló Come on Over en casette. Una de la veces que me trajo a casa. En un bar de carretera donde él bebió café y yo mosto.
Allí hay un madurito canoso que acaba de entrar. Mientras él entrega y yo recojo me mira. Canto con Shania. Hay que ver. No hay nada más que hacer aunque quisiera.
Al salir. Boina, chaqueta cruzada larga negra de punto. Camisa. Cazadora de cuero negra. Boina. Me pongo los cascos. Suena Fables de los Dodos y un chico grita a su chica que no la perdonará. Que no le ralle, que se va. No quiere saber más de ella. Esto suena a infidelidad (jaja). Compungida, se disculpa, pero no se pone de rodillas y él se va.
Voy.  Camino la calle Vara de Rey, desértica, me ampara a todo volumen Old Enough de los Raconteurs y cruzo en rojo todos los semáforos porque soy tan feliz que no me importaría morir a los veintidós.
En casa mi gato.
Ahora, mientras escribo, duerme acurrucado entre mis piernas. Suena mi preferida. Many Shades in Black. Pienso que sólo quiero estar contigo pero no ahora. Mejor cuando vuelva. Si consigo volver y seguir siendo la misma pero mejor, como te mereces.
Ya sabes. Es difícil competir con tu ex.


sábado, 15 de agosto de 2009

La última rosa

Hoy no tocaba Concept. Hoy tocaba Yoke. 2 por uno, dice un cartel y el portero en la entrada. Pago la mitad. Genial. No esperaba menos. Y dentro suena Into The Groove. Genial. Esta mierda me va a gustar. Igual es porque estaba y lo sigo estando borracha como las avutardas. Mi amigas, lesbianas confesas a quienes di de beber hace una semana de una teja, me preguntan por mis gustos y yo les hablo de una amiga común que me encandila, y eso que apenas la conozco. Para cuando salgo del baño me las encuentro riendo y en mi móvil veo un mensaje enviado que dice: “por no estar conmigo te estás perdiendo el polvo de tu vida”.

A la chica en cuestión. No tengo respuesta. Necesito un puto polvo esta noche. He roto mi compromiso de dejar de fumar con este puto paquete de Lucky y el chico que me dice los últimos te quieros, al que le dicen: “tío, qué buena esta´tu chica”, esta´fuera de la ciudad y aunque le despierte borracha diciéndole “joder, vuelve, necesito follar”, sólo se ríe y me dice que confíe en él, que me compensara´con no sé qué ostias de amaneceres en la playa. No quiero eso, ¿sabes? Que no, que no quiero amaneceres, ni estrellas, quiero no pertenecerte, sólo que me folles. Tengo tanto por enseñarte. ¿No entiendes que después de todo este pasado invierno no quiero volver a enamorarme en la puta vida?

Oye, chico, que te dejo, que me voy.

Ya vas a buscar carne, ¿eh?

Cuelgo.

No quiero celos, ni mierdas. No te he mentido en ningún momento. Ya sabes qué clase de zorra soy, no me vengas con milongas. No quiero celos, no quiero pertenencias, no quiero te quieros, no quiero mierdas, sólo quiero pasármelo lo mejor posible conmigo misma. Gastarme la vida en tacones, bailar Lilke a prayer, que venga un idiota que se cree entendido a decirme:

“Te he visto como nadie bailar a Madonna, se ve que te gusta”.
Venga ya, no me digas.
“¿No fuiste al concierto?”
No.
“No era tan caro, depende de dónde quisieras, podías haber conseguido una entrada por setenta.”
Me parece muy bien. Que quieres follarme, dices.
Con sus labios de baboso recorre mi cuello pensando que puede llegar a excitarme y apretando los dientes me aparto.
“Si esto lo hago con luz, no puedes llegar a imaginar qué hago a oscuras”.
Venga chico, dame un adelanto.
Y me besa el muy idiota, como tan bien podrían haberlo hecho otros cuantos.
Sí, sí, ya veo. Venga, chicas, vamos a bailar.
Y le dejo con las ganas, minutos antes de que intente la misma mierda con tantas otras, y me voy al centro de la pista a bailar mierdas que no las aguanta ni su puta madre.
Hasta que me harto y me despido y me voy. Y me quito los tacones y camino descalza como si nada por Logroño, con Doherty en el mp3 mientras alguna cuadrilla de chicos me grita.
“Que te cortas, que te cortas, no andes descalza. Ven aquí, guapa, que te dejo caminar descalza sobre mí.”
Les digo algo agradable o simplemente les ignoro y me pongo los tacones y voy a mi casa.

Sólo quiero a Doherty.
Hoy, sí, hoy sí que sí, hoy soy la última rosa.


domingo, 22 de marzo de 2009

Concept

Sus besos sabían a aspirina con vinagre. Te lo aseguro, y no era un sabor desagradable. Era tan ácido que parecía puta lima. Quizá fue por eso que seguí. Tenía dos piercings bajo el labio, una camiseta negra y los vaqueros bajos, sujetos sin sujetar por un cinturón ancho de esos que me flipan. Un puto moderno y a juzgar por las pintas hubiera juzgado que le gustaba Radiohead. Pero estaba ahí, en el puto Concept, como yo, que estaba tan borracha que incluso bailé un tema de Beyoncé. Supongo que porque no había nada mejor.

Le dije a mi amiga que estar ahí era como estar en un hidromasaje. No por el agua, sino porque no había tío que no te sobara. Era impresionante. Era jodidamente igual que volver a los dieciséis, cuando era imposible follar porque los tíos tocaban, pero luego volvían la cabeza como quien tira la piedra y esconde la mano. Me sentía bien. Me lo estaba pasando bien, pero ya no es tiempo para eso. No quiero eso. Ya no me sirve, ni me basta, ni me convence.

Nos fuimos del Enigma diciendo a nuestra otra amiga (que estaba rodeada de gente de su clase, nuevos amigos que apenas conocemos) que estábamos ya bastante borrachas y que nos íbamos a casa. Pero aquello se convirtió en excusa cuando salimos del bar. Mientras mi amiga meaba en un rincón, me confesó que sentía que seguía mis mismos pasos en cuanto a lo que relaciones personales se refiere. Aquella crisis del año y medio la estaba viviendo ahora ella y quería dejarlo. Yo le dije que todo el mundo pasa por eso, y que si tenía claro que le quería, que no fuera tan idiota como fui yo y no le dejara, porque si no se vería a los dos meses como estoy yo ahora y no es plan. Ya lo dicen: peor el remedio que la enfermedad.

Estábamos tan jodidamente deprimidas y borrachas que decidimos seguir la fiesta. Como todos los bares estaban cerrando, optamos por ir al Concept. El problema es que la entrada cuesta nueve euros y nosotras no estábamos por la labor de sacar más dinero. Nos sentamos en un banco en la plaza del Sagasta, juntamos toda nuestra calderilla y nos dimos cuenta de que nos faltaban veinte putos céntimos para llegar a los dieciocho. Llamamos a esta amiga, que por primera vez se puso tacones y no sabía andar, vino y nos dio dos euros. No estaba enfadada. Sólo nos los dio y se fue con sus amigos.

Pensé que en el Concept, sólo por el hecho de tener que pagar por entrar, ya tendríamos asegurada buena música. Pero no, era el mismo puto rollo adolescente de siempre, sólo que ahora no tenían dieciséis sino veintitantos, pero la música era puta pachangada, techno cutre y algún que otro tema recurrente en los Cuarenta.

Me flipó bastante una chica rubia, bajita, entrada en carnes y con una minifalda ultra corta que no le favorecía una mierda. Sólo resaltaba las redondeces de sus interminables caderas. Bailaba como una perra en celo, poniendo el culo en el paquete del primero que se le arrimara lo suficiente. Y pensé, ¿estoy aquí porque soy como ella?

Deseché la idea.

De todas las personas que había uno me recordó a él y se acercó. Y nos besamos, y sabía a aspirina ácida pero yo ya me querí­a marchar porque me dijo su nombre y era el mismo que el suyo. Demasiadas coincidencias y ver Magnolia y Slumdog Millionaire me han enseñado mucho sobre las coincidencias como para saber que no existen. Así que me fui.

Me fui con mis nuevos tacones y las medias rotas por todos sitios, pensando que ya son tan míos, pese a habérmelos comprado ayer, que estoy empezando a quererlos menos.

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