Brindemos por el 2010, que nos está yendo así de bien.
Saco de lo cotidiano lo más decadente. Es decir, que no todo es así según lo cuento, ni lo siento así, etcétera. Para ahorrarnos disgustos, y esas cosas. :)
Brindemos por el 2010, que nos está yendo así de bien.
Azulado a contra luz
con dos cervezas mediante
el capital ahora no es importante
por eso brindo a tu salud.
Aunque nos quieran pisotear los gigantes
le dijo Don Quijote a Rocinante
más vale seguir caminando
aunque el futuro nos venga demasiado grande
Esta noche seguiremos brindando
y mañana el que se levante, que ande.
Awi y Aitor Cuervo
(Cosas como esta sólo pueden ocurrir un domingo de madrugada en el café La Luna)

Como ya anuncié, ayer se presentó el cuarto número de Degeneración Espontánea.
Hacía un calor de tres pares de cojones en Logroño, y en el último momento me arrepentí y no compré vodka, aunque me hubiera venido al pelo. O no.
A destacar: La descongestión. Por fin han optado por una tipografía simple y clara para los textos y un fondo BLANCO. Y nadaaa en la contraportada, salvo la correspondiente insignia del Ayuntamiento de Logroño.
Lo peor: Las ilustraciones. No se salva NI UNA. Yo hubiera prescindido olímpicamente de todas ellas, como también hubiera prescindido de Poesía Wookie de un tal Kalvrcar IV, que incluye versos del tipo: con diez blasters por banda / hiperespacio en popa, a toda vela / no corta la galaxia sino vuela / un carguero coreliano.
A continuación las ilustraciones, dignas de mención:


En primer lugar quiero agradecer a todos esos votantes anónimos que prefieren que publique fotos mías desnuda a que escriba poesía. Esto me ha hecho plantearme muchas cuestiones y replantearme, de paso, mi vida. Gracias.
En segundo lugar, quiero agradecer a todos esos chicos encantadores que quieren follarme. Gracias, de verdad, pero hoy sólo quiero dance with somebody.
Nah, dejémoslo. Quiero decir que estos días de vacaciones en Logroño han resultado ser, sin duda, mis mejores vacaciones de Semana Santa. Cuando vuelva a estar triste y por ende inspirada, volveré con nuevas gilipolleces, pero hasta entonces voy a ponerme en serio con la carrera. En serio, tengo veintiún años recién cumplidos, considero que pese a medir uno setenta (por mucho que os molen más las bajitas) estoy bastante buena y encima estoy en tercero de filosofía. Venga ya, voy a dejar ahora la carrera sólo porque un cobarde de mierda no haya sido capaz de valorarme lo suficiente.
Así que nada chicos, hasta más ver. De momento podéis veros esa pedazo de animación que he colgado de la sirenita. Una auténtica maravilla.
Otra cosa que me propongo: dejar de fumar. No podéis imaginaros lo amarillo que tengo el dedo índice de la mano derecha. Mejor dejarlo antes de que el amarillo se traspase a mi encantadora sonrisa.
Un beso amigos, y ya sabéis: los setenta nunca se fueron.
El pasado viernes (3 de abril) estuve en Madrid, principalmente por el concierto de Franz Ferdinand… y hablaría del concierto, porque sinceramente fue uno de los mejores conciertos que he vivido, pero hay cosas que es mejor no contarlas. Y que no tengo ganas tampoco.
Pero voy a hablaros de Ángel (Espíritu Libre), un hombre de unos cincuenta y tantos, de aspecto hippievagabundesco que se nos acercó a las mil de la madrugada con un carrito y una pregunta: ¿Os gusta la poesía?
Como esta´ comprobado que cuando estoy borracha no me sé callar, dije que sí, y él me dejó un ejemplar de su libro Tras el telón… el arte, y me pidió que no se lo comprara por comprar, que le echara un vistazo y sólo me lo comprara si realmente me gustaba. Como parece que cuando estoy borracha no soy capaz de mantener la cartera cerrada, se lo compré sin apenas mirarlo...
Ya es tarde para salir.
Me encuentro desnudo en mi habitación,
Casi no puedo seguir;
Quemaron mi alma en algún rincón.
Vuelve la historia hacia mí.
Intenta asustarme con su razón;
No lo podra´conseguir,
Estoy versado en lo peor.
Quise ser el mejor
Pero algo falló.
Mi ilusión se ahoga en el pozo
De los deseos.
No sé qué pasó
Pues mi rumbo cambió
Y ahora mi espíritu vaga
Entre sombras oscuras.
Es imposible dormir,
Los sueños atacan mi inspiración.
Quiero por fin decidir
El viento que sople a mi alrededor.
Yo no me voy a morir
Siendo el payaso vencedor.
Sólo deseo vivir
Al ritmo que toque mi corazón.
Civilización
Fue mi perdición.
Siempre escuchando lamentos
En el desierto.
Todo terminó
Nada tiene valor,
Soy un emisario
De cuentas perdidas.
El emisario de las cuentas perdidas. Incluido en Tras el telón… el arte.
Ángel (Espíritu libre)

Todavía no nos hemos dado cuenta de lo mucho que valemos. Todavía nos queda mucho por aprender porque aún no hemos comenzado a vivir. Da igual que la carrera termine dentro de unos meses o dentro de dos años, la cuestión es que seguimos en ello y hasta los veinticuatro aún tenemos tiempo para derrapar. Tenemos tiempo para equivocarnos, de cometer tantos errors como hagan falta para saber que no os necesitamos. Da igual que hayamos estado enamoradas, que hayamos cortado aun pensando que nos dejamos una puerta abierta si al cabo de un mes todo lo vivido se va al garete por la primera persona que nos pida un beso con un mínimo de educación. Todo eso, en serio, da igual. Da igual haber gastado los diecinueve y los veinte con una persona si al cabo de un tiempo sólo ha servido para cambiar los puntos de vista. Da igual que a los diecisiete fuéramos unas jennis si ahora sólo somos alternativas del tres al cuarto. Es igual. Da igual. No importa nada de lo vivido hasta ahora porque, realmente, aún no hemos llegado a nacer. Estos veinte años son un apéndice a los nueve meses que pasamos dentro de un útero, porque todo lo que hemos dejado atrás es fácilmente derrochable por el retrete.
Da igual que nos sintiéramos importantes durante aquel espacio de tiempo, cuando te das cuenta de que antes también, e incluso más, eras una persona fascinante. Dan igual las películas de Gus Van Sant, dan igual los renglones perdidos para un fanzine que nunca te vería a la altura, dan igual las canciones de Sufjan Stevens. Al final, y sola, estara´s bailando a The Sounds frente al espejo, sintiéndote bellísima aunque los demás, o ese, piensen que es un fallido intento de volver a los ochenta. En realidad, lo único que importa, es gustarse a sí misma. Da igual que la música de Zahara para él sea música jenni si tú sabes que realmente merece la pena. Da igual que escuchar Love Of Lesbian para él sea pedante si realmente el único preocupado es él por ser diferente, cuando, realmente, sólo quiere ser parte de ese plancton de modernos que se agolpa a la entrada de la Escuela de artes. Todo eso, ya, da completamente igual… porque a partir de hoy seré Adriana. Y esta Adriana es demasiado para él.
Puedo estar sola porque soy autosuficiente. Puedo ser Adriana porque el mundo no esta´ perdido. Ni yo. Yo no estoy perdida. Y no, no necesito canciones, ni películas, ni recomendaciones, porque antes de conocerle ya sabía buscar las cosas por mí misma. Y no, no he perdido mi esencia. Y no, no necesito un diez para saber que valgo. Porque sí, porque soy mucha Adriana para tan poco hombre.
Sus besos sabían a aspirina con vinagre. Te lo aseguro, y no era un sabor desagradable. Era tan ácido que parecía puta lima. Quizá fue por eso que seguí. Tenía dos piercings bajo el labio, una camiseta negra y los vaqueros bajos, sujetos sin sujetar por un cinturón ancho de esos que me flipan. Un puto moderno y a juzgar por las pintas hubiera juzgado que le gustaba Radiohead. Pero estaba ahí, en el puto Concept, como yo, que estaba tan borracha que incluso bailé un tema de Beyoncé. Supongo que porque no había nada mejor.
Le dije a mi amiga que estar ahí era como estar en un hidromasaje. No por el agua, sino porque no había tío que no te sobara. Era impresionante. Era jodidamente igual que volver a los dieciséis, cuando era imposible follar porque los tíos tocaban, pero luego volvían la cabeza como quien tira la piedra y esconde la mano. Me sentía bien. Me lo estaba pasando bien, pero ya no es tiempo para eso. No quiero eso. Ya no me sirve, ni me basta, ni me convence.
Nos fuimos del Enigma diciendo a nuestra otra amiga (que estaba rodeada de gente de su clase, nuevos amigos que apenas conocemos) que estábamos ya bastante borrachas y que nos íbamos a casa. Pero aquello se convirtió en excusa cuando salimos del bar. Mientras mi amiga meaba en un rincón, me confesó que sentía que seguía mis mismos pasos en cuanto a lo que relaciones personales se refiere. Aquella crisis del año y medio la estaba viviendo ahora ella y quería dejarlo. Yo le dije que todo el mundo pasa por eso, y que si tenía claro que le quería, que no fuera tan idiota como fui yo y no le dejara, porque si no se vería a los dos meses como estoy yo ahora y no es plan. Ya lo dicen: peor el remedio que la enfermedad.
Estábamos tan jodidamente deprimidas y borrachas que decidimos seguir la fiesta. Como todos los bares estaban cerrando, optamos por ir al Concept. El problema es que la entrada cuesta nueve euros y nosotras no estábamos por la labor de sacar más dinero. Nos sentamos en un banco en la plaza del Sagasta, juntamos toda nuestra calderilla y nos dimos cuenta de que nos faltaban veinte putos céntimos para llegar a los dieciocho. Llamamos a esta amiga, que por primera vez se puso tacones y no sabía andar, vino y nos dio dos euros. No estaba enfadada. Sólo nos los dio y se fue con sus amigos.
Pensé que en el Concept, sólo por el hecho de tener que pagar por entrar, ya tendríamos asegurada buena música. Pero no, era el mismo puto rollo adolescente de siempre, sólo que ahora no tenían dieciséis sino veintitantos, pero la música era puta pachangada, techno cutre y algún que otro tema recurrente en los Cuarenta.
Me flipó bastante una chica rubia, bajita, entrada en carnes y con una minifalda ultra corta que no le favorecía una mierda. Sólo resaltaba las redondeces de sus interminables caderas. Bailaba como una perra en celo, poniendo el culo en el paquete del primero que se le arrimara lo suficiente. Y pensé, ¿estoy aquí porque soy como ella?
Deseché la idea.
De todas las personas que había uno me recordó a él y se acercó. Y nos besamos, y sabía a aspirina ácida pero yo ya me quería marchar porque me dijo su nombre y era el mismo que el suyo. Demasiadas coincidencias y ver Magnolia y Slumdog Millionaire me han enseñado mucho sobre las coincidencias como para saber que no existen. Así que me fui.
Me fui con mis nuevos tacones y las medias rotas por todos sitios, pensando que ya son tan míos, pese a habérmelos comprado ayer, que estoy empezando a quererlos menos.
Reprimo las putas ganas de llamarte o enviarte un puto mensaje mientras escucho (otra vez) Wise Up. Supongo que ver anoche, bien entrada la madrugada, Magnolia, me ha condicionado bastante. Verás, sé que ahora, aunque intente pensar lo contrario, te estás follando a esa tía, pero de lo que estamos seguros los dos es de que aún no ha terminado nuestra historia. Sé que he cometido muchos errores y que merezco estar pasando por lo que estoy pasando, pero también sé que sólo he sido realmente feliz estando a tu lado y que por mucho que pase el tiempo o acabe abrazada a cualquier amigo o copa de vodka con lima, te seguiré queriendo a ti. Que por mucho que intente pensar que estaré mejor sin joder las cosas entre nosotros, sólo seré feliz si somos nosotros y no uno por otro separados, porque te quiero.
Verás, hoy salí. Al final no me quedé en casa llorando pensando que esta´s con ella. Salí y estuve en los bares que me gustan, me tomé dos pintas Guiness (o cómo se escriba) y dos vodkas con lima y aún así seguí pensando en ti y mencionándote a la mínima, porque resulta que cada mísero detalle me recuerda a ti. Resulta, que por más que quiera hacerme a la idea (y ya van dos meses) no consigo creer que ha terminado todo porque aún me duele pensar que has dejado de quererme. Y aunque fui yo quien decidió que ya no más, me como el orgullo por donde haga falta, joder, porque sólo quiero estar contigo. Y metí la pata, y cometí miles de errores, pero, joder, lo siento. Te quiero, y lo siento. Joder, te quiero.
¡Joder!


Seis euros es un buen precio para una barra libre, si tenemos en cuenta que el valor medio de un cubata es de cinco euros. Recuerdo los chupitos de vozka* del tamaño de un vaso por un euro en no sé qué bar de Logroño, o los dos cubatas al precio de uno en el Splash (también en Logroño), o los tropecientos vozkas* con lima que me habré pimplado en el café Madrid (Logroño again) por tres euros, sin contar lo fácil que resulta que un camarero te invite a chupitos por el mero hecho de ser tía... Pero estos son casos aislados, por lo general menos de cinco euros no te cobran por un puto cubata. Así está la sociedad en estos tiempos de hoy en día. Todo, por supuesto, culpa de Llamazares.
Bueno, la cuestión es que seis euros están muy bien para una barra libre. Ahora bien, una barra libre es una barra libre y no un chiringuito del tres al cuarto, a ver si nos enteramos.
No basta con comprar litros suficientes para las dos primeras horas, eso es una aberración. Y tampoco basta con tener bebida suficiente para después si no hay ni música. Y no basta con tener bebida y música si la música no se oye o es una puta basura.
Bah, que me da igual porque no pienso ir, que el veintinueve tengo una cita con Mars Volta.
Pero es que siento que me estoy haciendo mayor, porque últimamente no me emborracho y empiezo a sentir una especie de angustia interior, si es que se puede hablar de angustia exterior. En cualquier caso, me apetece un vozka* con lima, o un baileys. Mejor un vozka con lima. Que sean dos.
O un calimocho con café, que eso también me iba bien a los dieciséis. Era tan simple como echar cinco sobres de café en la botella de calimocho.
Ponche, ginebra, absenta...
Un par de chupitos de absenta, y luego unos pocos de tequila con los amigos tampoco están de más.
La cuestión es que, joder, tengo ganas de pillarme una buena borrachera. Pero quiero que sea de las buenas. Quiero la fiesta de los 70 que no tuvimos, o de los 80, o, mejor aún, una fiesta de los noventa. De los ochenta mejor no, ahora que lo pienso. Y es que las décadas pares son las peores.
Vaya, me he hecho un lío. Del 2000 al 2010, ¿qué clase de década es? Y luego vendrían los años diez, que también es par, y los veinte... Dios mío, treinta años de porquería creativa.
Y es que no sé si sois realmente conscientes de que llevamos con el reaggetón desde aquel verano en que a una tal Lorna se le ocurrió cantar el Papi Chulo. Y no vemos que decaiga el género, si no que va a más y cada vez más desagradable y machista.
Luego sin contar con la música de nuestra tierra patria, que es la cosa más patética que ha parido madre. Si bien hay ciertos grupos que se salvan (como en todo, supongo) lo demás se reduce a chorradas.
Está haciendo más daño la cadena dial que
Lo que más rabia me da es haber vivido los noventa sin ser consciente del noventa y tres.
Los radiadores de esta casa parece que van a explotar.
*Me suena mejor "vozka" que "vodka".