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viernes, 19 de noviembre de 2010

breve resumen de una gran noche

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Y el verbo se hizo carne. Y el blog, papel. Palabra de Awixumayita.
Pues así es. Menos épico, pero sí, de papel. Desde el pasado doce de noviembre, día en que presenté “La niña de las naranjas. Palabra de Awixumayita”. El libro basado en este blog. El producto del proyecto premiado con la beca “Con Proyección” en la modalidad de literatura del Ayuntamiento de Logroño.

Pero por encima de todo lo que pueda representar ganar un premio, publicar un libro, llevar un tocado exclusivo o unos pantys partidos de lycra, están los reencuentros. Ay, que me pongo ñoña. Volvamos a empezar. Me quiero vestir de negro y tengo que mantenerme alejada, ante todo, del gato. Mi gato es blanco. Los gatos sueltan pelo. El pelo de gato se pega a muerte en la ropa. Miau. Me llama Antonio (Díez). Ya estamos en Logroño. Me llama Marta. ¿Dónde te esperamos? ¿Quiénes me esperáis? Yo. Me has dicho “esperamos”. Yo, yo.

Y voy, con tacones de doce centímetros pero con un esguince en el tobillo derecho, (¿A que nadie se dio cuenta?) al Noche y Día y ¡oh! Marta me tiene preparada una sorpresa. La sorpresa se llama Yulia y es una de mis grandes amigas del instituto a quien hacía millones de años luz que no veía. Y nos tomamos unas cañas. Y cañas con Antonio ¿y Belén (In Red)? No tenemos su número ni ella el nuestro y de pronto aparece ¡plom! Y se pide un vinito y nosotros otra caña y ¡oh! Nos llaman del edificio de en frente: La Gota de Leche. Qué hacéis de cañas aún, ¡que ya está entrando la gente!

Entonces cruzo y me cruzo en la puerta con Eva y Nerea que me dicen hemos venido para decirte que no vamos a entrar. Las invito al Riff. Micro abierto, poesía, a partir de las diez. Ellas dicen que puede, que quizás. Pero las tres sabemos muy bien que el puede aquí es una negación incondicional. Y entro. La Gota de Leche está a rebosar


Óscar R. Cardeñosa

Me pongo nerviosa. Ni Belén ni Antonio ni  yo sabemos qué hacer. No nos hemos preparado nada..
 
Juan Kim Ballesteros
Óscar R. Cardeñosa
Menos mal que el señor editor, Emiliano, tiene facilidad de palabra y José Manuel Vara nos ha
enviado su presencia en dvd.

Marian Romero 


Juan Kim Ballesteros

Entre el público, la escena que imaginé para el día de mi boda: mi madre, mi familia 
materna, la paterna, ¡mi abuelo!, mis primas guapas, mi padre y su señora esposa. 
Antiguos amigos del instituto. ¡Pero qué veo! Si es Leti, si es Adriá, Raúl, los chicos del 
Parlamento, Pepe Pereza, ¡y hasta María José Marrodán! 





Marian Romero
Antonio se arranca leer "Follamigo"  


Marian Romero


A mi lado, en el estrado, la naranja personalizada que me regaló Lady Plant. Videos made in 
movie maker con extractos de filmes (Tideland, The fall, La fille sur le pont…), música 
(Blonde Redhead, Patti Smith, Arcade Fire…) Pin Ups de Vargas y poesía para acompañar. 



Marian Romero 
Marian Romero 
Y todo parece que ha salido bien. La gente aplaude. La gente compra y viene a que le 
firme. Marty me dice “Cuando ha ido la gente a que le firmaras el libro ¿no te has sentido 
como si estuvieras firmando autógrafos?” Con mi sonrisa le llamo cántaro soul. Belén 
me dice que se va a conocer la Laurel y Aitor nos  dice a Antonio y a mí: “Recordad que 
las diez leemos en el Riff”


Juan Kim Ballesteros 
No podía faltar la naranjita jarcor que hizo para mí María "Lady Plant"



Juan Kim Ballesteros

Juan Kim Ballesteros 
Marta, Leti, Yulia y yo después de cinco años sin estar las cuatro juntas. 

Fotografía de Juan Kim Ballesteros modificada por José Manuel Vara



Vídeos realizados por Óscar R. Cardeñosa

Y después, lo dicho, al Riff. Leemos poemas Antonio Díez, Aitor Cuervo y yo. El primero con sus
característica serie Conversaciones con mujeres, el segundo fiel a su espíritu rojo y yo leyendo
poemas sobre dibujos animados que se incluirán en la plaquette que publicará 
próximamente COLMO Colectivo con poemas míos y de Gonzalo Álvarez Perelétegui.

Marian Romero 

Marian Romero 


Marian Romero
Costó convencerla, pero al final Belén también se animó a salir a leer. 


Vídeos realizados por Óscar R. Cardeñosa


Y qué mejor manera de terminar bien la velada poética que descubrir que, entre el público, 
esta´ Elena, otra de mis grandes amigas, que ha venido a verme a pesar de lo agotada que le 
deja el embarazo, y a quien dediqué "Mil Historias", un poema basado en las noches que pasa
mos Elena y yo en el Galicia. Cuando éramos las únicas que entrabamos allí con minifalda. 

Óscar R. Cardeñosa
Marta y yo en nuestra línea.
Óscar R. Cardeñosa
Marta, Leti, Elena y yo haciéndome la interesante.



En definitiva: No podría haber sido mejor.
¡Muchas gracias a todos!





El tocado que llevo puesto en la lectura del Riff es un diseño exclusivo de 
Los Tocados de Leire.





























Y el miércoles, reseña en el diario La Rioja:






Cerquita de Carmen Lomana...


Curiosidad: Carmen Lomana estudió en La Enseñanza, el colegio de monjas al que me 
refiero en "Mi prima estudiaba en un colegio de monjas", uno de los relatos incluidos 
en el libro. 


domingo, 14 de febrero de 2010

decepción, autocomplacencia, desorden... II*

- ¿He parecido muy borde?
- No, parecías decepcionada, que es lo que estabas. Y que les den. - Me dice Marta.


El jueves por la noche pude no haberme chupado seis horas y media de autobús por unas carreteras nevadísimas. Pude haberme buscado la vida para quedarme en Madrid hasta esta mañana y así anoche hubiera podido ver a Ada, Voltios, Gsús Bonilla y Javier Belinchón entre otros, en los Diablos Azules. En lugar de eso, me vine a este puto pueblo, a Logroño, para leer con Aitor en un bar. 

Logroño me tiene hasta las pelotas. Si no fuera por mi gato, mi madre, Marta, Elena y Leticia, iba a venir aquí el Kiko. EL KIKO IBA A VOLVER A ESTE PUTO PUEBLO.


Me comenta Aitor que el día 13, dígase ayer, a las diez de la noche, leemos en el bar de una amiga suya, el bar De.Vicio, un pequeño y cuco bar al que recomiendo ir, -  porque además suelen poner a los Red Hot y eso siempre se agradece - ubicado en Duquesa de la Victoria. Justo en frente del colegio del mismo nombre. No De.Vicio, Duquesa de la Victoria. No sé el número, pero es cuestión de pillar el Concept e ir bajando hasta encontrarte con un colegio. En Logroño está todo cerca, no os estreseis. 

Total, que yo me veo el percal. Aitor no ha hecho eventos ni en Tuenti ni en Facebook, lo cual me parece un poco raro. Faltan dos días para la lectura, y no sé ni la hora de la misma. Es un bar en el barrio de Aitor, a cargo de unas amigas de Aitor, y en el cual se reúnen los amigos de Aitor. Aitor escribe una poesía que nada tiene que ver con lo que escribo yo. Versifica, rima, mide, critica y satiriza y, aunque últimamente haya prestado mucha atención al amor y el desamor, su poesía siempre está ligada a sus ideas políticas. Evidentemente, quien le lee y quien le escucha espera encontrarse con poemas como Todos A Cien, sus versos de amor a José Mari, y otras perlas anticlericales o que evidencien su pasión hacia las ideas marxistas y leninistas. 
Mi opinión política, sobre el comunismo, el capitalismo, los de un bando, otro, etc. cada vez la tengo menos clara. En mi tierno corazoncito siempre he sido anarquista, simplemente porque, si os digo la verdad, me importa tres cojones la política y si soy algo, soy individualista (¿solitaria, single, independiente, antisocial, huyo de la gente?). La época de Amar en Tiempos Revueltos ya pasó, y si quiero ayudar a Palestina, salir de la crisis o luchar contra las injusticias sociales, no necesito una bandera tricolor, ni una hoz y un martillo, ni una esvástica, ni una A de Anarquía, ni la gaviota del PP ni su puta madre.

Y mucho menos necesito simbología, ni ideología cuando lo que voy a hacer es leer poemas o relatos.
Llegados a este punto, situémonos en el día de ayer:


A media tarde vinieron mis tíos con mi primo de seis años al que quiero una jarta y media, a verme. Salimos a tomar un café (mi tercer café solo de la tarde) y mi primo me regaló una cadena de los Rolling. Qué majo mi primo. Hablando de etiquetas, para él soy una heavy. Cosas de mi tía, supongo, que no entiende por qué no visto como una maniquí de Mango. Pero ese rollo se lo llevó todo mi prima Beatriz que, por cierto, ha resultado Miss Rioja y su próximo destino será el certamen de Miss España. Yo puedo estar más o menos en contra (en contra, sí, acertasteis), de esa clase de certámenes, sobre todo teniendo en cuenta lo que ha supuesto siempre para mí el físico y los problemas más o menos importantes que he tenido cuando se trataba de comer lo más mínimo (naranjas) temiendo que mis caderas llegaran a tener su propia órbita. Pero bueno, me alegro por mi prima, porque es lo que quiere y lo está consiguiendo, así que ale, a tope y enhorabuena Beatriz.

Total, que me tuve que tomar el café a todo correr y despedirme de mis tíos y mi primo, porque eran casi las nueve y me quería arreglar para la lectura, y esperar a Marta, claro, que iba a venir conmigo pese a tener un bombo de seis meses. Y Leticia, que me llamó desde el coche, que venía a paso burro desde Vitoria, donde estudia, por la nieve.

Aitor me comentó que a las diez menos cuarto estarían cenando en el bar porque les invitaba Elena, la encargada del bar, su amiga. Yo pasaba, porque a mediodía me había comido un kebab con el que había suplido todas mis carencias calóricas de los próximos diez años, y porque después de tres cafés solos, el hambre se va a años luz y un poco más allá. Así que nos encaminamos hacia el bar a eso de las diez para estar allí sobre las diez y cuarto, suponiendo que la lectura comenzaría a y media. 

Un consejo: nunca supongais, porque siempre va a ocurrir lo contrario a vuestras hipótesis.

El bar estaba lleno de humo. Primera incomodidad para Marta. Aitor iba disfrazado del Che. Su amigo, Gallego, de otro revolucionario que desconozco. El resto de la gente, lo que me esperaba. El entorno de Aitor, y chicos que me sonaban de aquella época punk en la que me ponía como el kiko a vodkas y tequilas en el Galicia.  Al poco rato, aparece Leticia. Elena no viene porque ha quedado con las chicas de su chamizo para disfrazarse de Eduardo Manostijeras. Tampoco va a venir nadie del piso del Parlamento, como tampoco vinieran a la última lectura en La Gota de Leche. No espero a nadie conocido. Ni siquiera contaba con Marta o Leticia, que tampoco vinieron a La Gota de Leche.  

Son ya las once. Marta está hasta las pelotas, Leticia está tirando de chistes malos, la gente ya está demasiado borracha y Aitor y Gallego me piden que les saque fotos:
Al entrar, la encargada del bar, que está guapísima disfrazada de Morticia, se acerca a nosotros y nos dice que la lectura es mañana (hoy), que habrá micrófonos y más gente. Que hoy (ayer) leamos un poema cada uno y animemos a la gente a venir mañana (hoy). Que no entiende por qué han tenido que juntar Carnaval con San Valentín, porque han jodido a la hostelería y Aitor me repite pero no te chines, no te chines, no te chines. No me chino, no me chino, no me chino. 

Sólo me molesta que podría haberme ido a cenar con mis tíos y mi primo, a los que no veía desde hace un mes, y después haber quedado con Leticia y Marta en cualquier cafetería tranquilamente donde a parte de poder hablar, Marta hubiera estado cómoda con su niña dándole patadas, y Leticia y yo, con nuestras manos en su barriga, gritando como pavas ¡¡lo he notado!!


A las doce, un par de chavales más borrachos que el Kiko  (ver la foto que hay sobre estas líneas) que no se sabían ni nuestros nombres, nos presentaron al resto del bar. Salió Aitor, leyó Todos a Cien, Leti me dijo: Coño, Adri, como el Chivi, qué no.

Para Leti y para mí, el Chivi es un personaje muy importante porque la primera conversación que tuvimos fue sobre él.

Fue a finales de 2003. Nosotras íbamos juntas a clase, en el Duques de Nájera, aunque no habíamos hablado nunca. El profesor de matemáticas me sacó a la pizarra a hacer un ejercicio. La pesadilla antropófaga de la otra noche no es nada comparada con lo que suponía para mí salir a evidenciar mi nula capacidad para con los números  en el instituto.  Al volver al sitio, Leti, que se sentaba detrás de mí, me dio en la espalda y me dijo: ¡¡Se te ve un cacho de braga así - separa las manos veinte cm - de graaaaaaaaaaaaaaande!! A lo que Marta, que se sentaba a su lado le respondió con un codazo seguido de ¡Pero no le digas eso! ¿No ves que es muy cortada? Elena, que se sentaba a mi lado, se volvió y añadió algo así como Marta, no digas eso, que se va a poner roja. Y para salir del embrollo, me fijé en la carpeta de Leti, que tenía cosas escritas como "y qué le voy a hacer si el abuelo es gay", "se la meten gorda y la sacan blanda", "chochos con pelo, chochos que saben a caramelo" y, en grande, EL CHIVI. ¿El chivi? pregunté, y Leti emocionada respondió  ¡¡¡Siiiiiii!!! ¿también te gusta?

Al día siguiente Leti apareció con discos del Chivi para dejarme y a partir de entonces convertimos las horas de matemáticas en las tertulias de la mañana. En junio, ni sumando nuestras notas alcanzábamos un cinco, pero siete años después podemos presumir de ser tan amiguísimas pese a lo mucho que hemos cambiado. 


Yo viendo lo que me espera.

 Marta, Leti y yo


Después de Aitor, a quien aplaudieron con fervor, me levanté y traté de leer pese a que los dos chicos que nos presentaron hablaban y reían tirados en el suelo. Si os callais igual puedo leer. Me sale la vena borde... uf... Leo Redención, un poema que para mí significa mucho, como todo lo que escribo, - porque cuando escribo me desnudo y vomito las cosas tal cual las siento - con la sensación de que me estoy humillando mostrándome de esa manera a gente a la que le importan tres cojones mis poemas y los de San Pedro. Así que decepcionada y triste me pongo el abrigo, Aitor me da un abrazo y me pide perdón, y me dice que mañana (hoy) a las ocho es la lectura, y que si quiero salir por la Mayor a emborracharme le llame, que tiene pensado quedarse hasta las ocho de la mañana como mínimo. Y que no me chine.

No me chino, Aitor. No me chino.


  

Marta, Leti y yo nos vamos al Beso, una cafetería muy cuca que hay en la Plaza del Mercado, y, antes de entrar, nos fijamos con tristeza en La Musa, que está cerrada esperando que derriben el edificio. Ellas café, que no es café porque es descafeinado de sobre y con leche, y yo una caña  porque si me tomo otro café me explota la aorta. Nos despachamos a gusto, nos lo pasamos como enananas marujeando y tocando la barriga de Marta. Echaba de menos estar así. Las echaba de menos.




Marta y yo en nuestra línea, dando el cante en el Biribay

De allí al Biribay. Canciones de Linda Mirada, fotos estúpidas, Los Ramones (hey little girl, I wanna be your boyfriend....) muchos chicos y todos con pareja, Álvaro, el novio de Marta, disfrazado de Carod Rovira con una lanza...






Así que eso, chicos, esta tarde a las 20,00h, lectura de poemas con Aitor en el De.Vicio.
Si no va a venir nadie interesado mínimamente en lo que escribo, desde aquí lo digo, no voy.

 



* Otra entrada sobre decepciones y desorden aquí.

viernes, 3 de abril de 2009

Le Punk


Dos personas solas, ¿hacen dos soledades o ninguna?

Pongamos por caso que una de mis mejores amigas y compañera de piso se

encuentra mal físicamente y no quiere venir. Pongamos por caso que el chico, al que tanto gusto y me dio la entrada, se encuentra mal sensiblemente (por cuestiones sentimentales, se entiende, no por cuestiones banales, como podría entenderse) tampoco quiere venir. Pongamos por caso que la amiga que me estuvo casi suplicando durante una semana salir con ella aquel sábado tenga planes con otras amigas. Pongamos por caso que el amigo que quiere una Guinness no quiere quedar conmigo porque no sabe si le va a gustar ese tipo de música. Pongamos por caso, definitivamente, que tengo que ir sola al concierto de Le Punk.

Y no me siento mal, porque es un grupo que me encanta. Me siento mal porque gracias al Facebook sé que mi ex novio (sí, el de los dibujitos, el que hasta hace un mes quería volver conmigo) ha sido tan cínico de ir el domingo a follarse a su nuevo chocho con la cara de llegar a su casa y aparcar en la mesilla (o en la mesa del salón) las cosas que tenía que devolverme, para después del (o los) polvo(s) ir a casa de mi madre a depositar las susodichas. Pongamos por caso entonces que no quiero quedarme en casa llorando por la decepción que produce saber que el único tío al que he llegado a querer (y confiar) en mi puta vida de veinteañera ha resultado ser tal y como creí que eran los hombres cuando tenía dieciséis.

Así que me pongo lo más mona posible (que si el pelo bien puesto –con este rojo teñido que tanto favorece a mis grandes ojos verdes-, eye liner negro, rímel waterproof a prueba lacrimal y los labios tintados de gloss rosa que realza la belleza de los mismos – porque sí, tengo unos labios irresistibles -, pantalones pitillo negros y botines de tacón, para realzar estas largas y finas piernas que Dios y gimnasio me dio, camiseta larga y ceñida que realce mi cintura de avispa a tiempo que disimule mis caderas anchas e inconmensurablemente femeninas; cinturón ancho y negro, que baile al son de la Virgen de la Soledad y un collar largo, también negro, que grite: quién se acuerda de mí y quién coño podría realmente vivir así) y salgo hacia el urbano (aunque mis agujetas me pidan ir andando) hacia la sala Mambo.

Son las ocho y media de la tarde. Lo bueno de esto es que aún es de día, y me pongo a la fila, aún siendo la única persona que va sin compañía. Quiero ver a Le Punk y lo haré paseándome por cada tumba que haga falta.

Entro, tengo poco dinero, pero bastante para un botellín de cerveza y un paquete de Winston (aparcando a un lado el Lucky con el que empecé a fumar y el Pal Mall con el que Sara me conoció aquella noche en el Joe). Soy una tía alta, peli-roja y atractiva, sola en la barra, fumando un pitillo y sorbiendo con seguridad de un botellín de Mahou. Si habéis venido solos también y no os atrevéis a hablarme es vuestro puto problema. Nunca dije que no quisiera estar sola.

Apoyado contra una columna, frente al escenario aún vacío, un tipo al estilo Thom Yorke (de los que me encantan a la primera mirada de reojo), también solo, bebiendo una Heineken. Por timidez, o porque ya me estoy mareando por llevar siete horas sin comer, me aferro al botellín y me acerco, pero no reacciona. No tengo ganas de arrastrarme por nadie, así que damos por resultado dos soledades, que siempre sera´n mejor que una.

Comienza el concierto. Hay bastante poca gente y un tío que esta´ a mi lado susurra: Estos en Madrid llenan, pero se ve que en Valladolid son un poco gilipollas. Y pienso inminentemente en mi amiga indispuesta, mi amigo maldeamoresado, mi otra amiga que ha quedado y el otro que sólo quiere escuchar algo de Anathema o derivados. Sonrío. No digo nada, sólo quiero escuchar a Alfredo Fernández hasta ahogarme en un orgasmo disimulado cuando cante Fulana de Tal. Porque, niño, no me importa que me apaguen la luz: ya he vivido entre las sombras antes de que llegaras tú.

Y he de confesar que al principio, antes de empezar el concierto, me sentí como una mierda porque pusieron el disco de Vetusta Morla y, aunque dijera que te parecieras al cantante (aunque eres bastante más feo que él) aún las canciones me recuerdan a ti. Y he de confesar, si he de confesar alguna cosa, que nunca te vi como un novio tanto como te vi como amigo. El sexo y los te quiero enlagrimados tampoco fueron poco ficticios. La verdad es que tenemos mucho que agradecernos por estos casi dos años. Si he de decir algo es que el recuerdo de lo nuestro tampoco podra´ ser borrado como tampoco podré negar que lo dejé para dejar de hacerte daño. Así que ahora que eres feliz debería estar orgullosa de mí misma.

Pero, si he de destacar algo de este concierto, me quedo con que He Vuelto a amanecer, aunque haya estado a punto de explotar de tanto pensar en ti y la chica de delante y su novio no dejaran de empujarme cada vez que extasiados del placer y toda esa tontería que deriva del amor, se pusieran a bailar como energúmenos. Y si me he de quedar con una peculariedad, mencionaré que la chica de detrás me diera golpecitos en la espalda y, al volverme, amablemente me dijera: Es que eres tan alta…

Pero tocaron La Noria y recordé la primera vez que la escuché. Fue en el Actual 07 (Logroño). Convencí a Marta para ir porque yo a esta gente la escuché una vez en un programa que presentaba Gurruchaga en Localia. Aquellla vez me quedé paralizada frente al televisor como una gilipollas (que, a fin y al cabo es lo que fui y lo que sigo siendo), pero no tenía Internet para buscarles y en ninguna tienda de discos de Logroño conocían a este grupo.

Ay… amor… se alimenta de escombros…

Marta también se enamoró en aquel concierto y quise besarla aunque el segurata de turno detrás de la valla quisiera arrebatármela. (Quién pudiera resistirse a aquella rubia de gesto ingenuo tan maravillosa).

Recuero que quise verte por aquel entonces y no pude. Aún no eras un aspirante a artista engreído y pedante, pero sí uno de mis mejores amigos con diferencia. Hubiera querido besarte hasta desgastarte, como cada día de frío. Simple, y llanamente, mi amor, porque te quiero con locura.

Pero este concierto fue mucho mejor, aunque para llegar al centro tuviera que buscar entre el naufragio de las avenidas. Porque, niña, soy de las que van con las verbenas y vuelven con las romerías…

Un pequeño peluche que lanza besos y dice I love You me recuerda a aquel muñeco que dice tonterías sobre la pantalla de tu ordenador cada vez que lo enciendes, y el culo casi al descubierto cuando se agacha del cantante, me grita que nunca encontraré uno como el tuyo. Y si lo encuentro no sera´ el mismo, y si no es el mismo, niño, no me sirve.

Pero de lo que sí estoy segura es de cuán orgullosa estoy de haber ido a este concierto sola y sentirme la protagonista del nombre de aquel dúo femenino español de los noventa...

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