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miércoles, 20 de abril de 2022

Urbe capensis

 


Un nuevo fenómeno meteorológico se manifiesta sobre una ciudad unas semanas antes de Navidad. El resultado de este fenómeno es una densa y espesa lluvia negra que cubre las calles y devora insectos y animales pequeños, como una inmensa planta carnívora. En medio de este paisaje desconcertante y terrible, una niña dibuja un mural de color en su ventana y una mujer cree encontrar su propia infancia bajo el mucílago negro.


sábado, 27 de abril de 2019

«Recaya», próximamente en Editorial Páramo






En el Alto Najerilla, «recaya» define al camino que se abre por el paso de las personas o de los animales que atajan. Los vemos cruzando en diagonal el césped de los parques, o en plena naturaleza. En el latín vulgar, «recadivare» significaba «recaer», una derivación del latín clásico «recidivare». «Arrecayar» deriva de ese latín vulgar que ha sobrevivido el paso de los tiempos hasta la actualidad. 

He decidido llamar así a este proyecto porque lo que planteo oscila entre dos temas: el camino como atajo y el regreso como recaída. 
Para ello me baso en dos formas de expresión: el texto y la imagen. 

En mi poesía hablo de la experiencia de quien regresa pero se siente extranjero en su propia tierra. No se encuentra con la soledad de quien llega a un país nuevo, sin recursos, sin el idioma y sin vínculos familiares, pero sí con la soledad de quien no es reconocido por sus viejas amistades, o para quien el reencuentro con la casa familiar resulta el anhelo de una infancia y una juventud que ya quedaron muy lejos en el recuerdo. Siento un impulso cuando me da una punzada el recuerdo, o cuando me asaltan las dudas, o cuando asisto a un fenómeno de la naturaleza. Viví mucha parte de mi infancia en la casa familiar, en el pueblo, en el patio de la casa, y toda esa fauna pequeña, esos insectos, las arañas, las lagartijas, siempre me han fascinado (y aún lo hacen). En mi poesía confluyen estos elementos: la naturaleza, el conflicto entre la tierra y el asfalto, los recuerdos de mi infancia, y los conflictos personales: las dudas, las emociones. 

En las fotografías hablo de este reencuentro, que también es un reencuentro con la naturaleza: mi infancia se desarrolló en la zona rural, de modo que fui una niña muy vinculada al campo y sus animales, y sus insectos. En las fotografías retrato el camino de la ribera, sus recovecos, que pensaba secretos para el resto, la tierra y las raíces. 

La inmediatez de la imagen instantánea tiene su reflejo en mi modo de entender la poesía: en ambos casos, mi forma de crear es muy parecida: automática y visceral. Además, la fotografía instantánea es inalterable, una obra única de un momento ya pasado. 

La recaya, el camino que se abre en la naturaleza, lo interpreto más allá del sendero. Puede ser otra alteración dada por el ser humano. Una cinta policial en la ribera, un zapato semienterrado, o una construcción de cemento abandonada junto al lecho del río. 

En mis poemas, la sensación del regreso tiene otra dimensión aparte de la de volver: tiene una proyección de futuro, que en mi caso viene unida al temor de no saber contener y proteger la vida. 

Así pues, Recaya es la unión entre mis fotografías y mis poemas para narrar un relato sobre el regreso, la memoria y el modo que tenemos de modificar el entorno y hacer uso de él para adaptarnos.







El poemario saldrá publicado en junio con la editorial Páramo

martes, 30 de septiembre de 2014

Y empezar octubre en Madrid

Eh, Adriana, te has decidido a publicar la entrada anterior, ¿eh?


Sí, porque ya estoy otra vez arriba. Y nerviosa a morir, claro. ¿Te cuento un poco mi día de hoy? Pues claro que sí.


Lo primero que hice fue ir a la copistería Celeste, que es la copistería a la que íbamos Pat y yo a fotocopiar ejemplares de La Fanzine. Con Celeste es fácil, rápido y económico. A mí es que me encanta. No quiero que esto se convierta en un espacio publicitario, pero la semana pasada fui a hacer ejemplares de La Fanzine a Escala (Logroño) y pretendían cobrarme 4€ por cada uno. Hablamos de un juego de fotocopias en b/n con una grapa. Celeste cobra 22,16€ por 20 ejemplares. Es decir, 1,10€/ejemplar. 

Así que, lo dicho, fui a recoger los veinte ejemplares a Celeste y luego fui a Correos para enviar unos cuantos a Supercoño Fanzine, para el festival de fanzines que organizan este sábado, 4 de octubre, en Madrid.



También envié fanzines a alguno de nuestros queridos mecenas. El caso, que entre las fotocopias y los envíos me quedé sin dinero (otra vez: la historia de mi puta vida), y me vine abajo porque quería un café y no tenía con qué pagarlo. 

Lo que hice después fue acercarme a A Pie de Página, librería de la que ya he hablado por aquí antes, creo. Bueno, fui a A Pie de Página y dejé algunos ejemplares de Eis. Están a 8€. 
Qué tal te va la vida después de la librería. Pues bah, mal, bah, triste, hecha una mierda, muy bluf, he desaparecido de Facebook porque bluf, y ahora quiero irme de Logroño también, así que he venido a pasar una temporadita por Valladolid, a ver si sale algo, porque, bueno, ya sé que en todos sitios está todo mal, pero en Logroño ya es imposible encontrar algo, y cómo es que la librería te fue mal, con la de gente que te conoce en Logroño, pues igual por eso mismo (me río, o sonrío), no sé ya qué pensar, me estoy volviendo un poco paranoica, y estoy un poco (hago un gesto con la mano, como si estuviera bajando algo) después de lo de Origami también, y tal, bueno, yo si sé de algo te lo comento, mucho ánimo, muchas gracias. 

Odio estar triste.

Ya sé, joder, menuda obviedad acabo de soltar. Pero no me soporto. Nadie puede soportar a alguien así. Yo antes no era tan gris, ¿no? ¿siempre he dado tanta pena, en serio?

Así que vuelvo a casa, que no es mi casa, claro, es la casa de un amigo que me ha hecho este grandísimo favor, y enciendo el portátil. Tengo un mail nuevo y es la mejor noticia que podía recibir ahora mismo:

Tengo trabajo. En Madrid. Empiezo mañana. No soy capaz ni de dar saltos de alegría porque no me lo creo, pero es cierto. Me voy a Madrid. 



Os voy a comer a besitos.




Big Girls Don't Cry by The Four Seasons on Grooveshark
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