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viernes, 5 de junio de 2009

Orla


Todos iguales, como piezas de un puzle en blanco, encajados zafiamente en la puerta de algún sitio del cual saldrán sin fuerzas.


Todos iguales, creyéndose importantes. Serios, patéticos, vergonzantes, con la triste intención de mostrar en sus rostros el orgullo que sólo tendrán sus madres.


Todos iguales, como los cromos repetidos guardados en un cajón aparte.


Y yo casi desnuda, despeinada y de resaca, los observo tras mis gafas de sol y sólo siento repugnancia.


Pensar en ellos como objetos sexuales ni siquiera me vale, porque sólo imaginármelos sudando en mi cama me produce arcadas. Sus miembros finos, pequeños, bailando tristemente dentro de mi cuerpo. Sus torpes lenguas, sus estúpidos mordiscos, sus palabras desafortunadas y fuera de sitio, y sus estúpidas versiones al día siguiente en el patio de recreo.


Ya me conozco el juego de hacerse valer, como si eso alguna vez sirviera para algo. Ya me conozco el juego de morderse la lengua antes de llamarles gilipollas. Y el de romperse las medias, perder el zapato, restregar las ganas por su cuerpo, apurar el vaso mientras miran con descaro al ganado reaggetonero que sí está a su nivel.


Todos iguales, cerrando la boca a última hora, en el segundo exacto en que salta el flash.

jueves, 16 de abril de 2009

Derizado Permanete

Hace dos semanas o así, iba en el autobús urbano y se me acercó un niño gitano de algún país del este; me pareció... pongamos... rumano. La cuestión, que se me acercó con un folio y luego se volvió con la madre. No tardé en caer en la cuenta de que se trataba de un auténtico rr.pp*

Os muestro el papel en sí, bueno en sí no, tal que un poco lo que viene siendo una foto, a ver qué os parece.

* relaciones públicas.

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