Hasta el 23 de Octubre que salga el cd, nos conformaremos con esta joyita de animación contempora´nea.
Besitos Naranjas...
lunes, 10 de septiembre de 2007
Serj Tankian - The Unthinking Majority DIRECTORS CUT
domingo, 9 de septiembre de 2007
sábado, 8 de septiembre de 2007
Bucles
Hace unos cuantos años, cuando vivía en Baños, me desperté una mañana con una palabra en la mente: “bucle”.
Tuve varios sueños aquella noche, todos con un factor común: en todos ellos aparecía implícita la palabra bucle.
Obsesionada, busqué en el diccionario y en mi incondicional enciclopedia de los sueños, pero la palabra bucle no era más que un sinónimo de onda o rizo. Menudo chasco.
Un bucle se relaciona consigo mismo, por lo tanto en una relación irreflexiva no hay bucles.
Tampoco los hay en una relación antisimétrica.
Ya no hay bucles, ni relaciones, ni cosas bonitas.
Quisiera no ser como soy ahora.
Tengo sed, pocas ganas de llegar a Logroño. Pocas ganas de estar sola en casa.
Ni siquiera tengo algo que estudiar...
No tengo nada que hacer en Logroño.
No tengo ganas de llegar, porque no quiero estar sola mientras otros se divierten. Ojala´ caiga un meteorito en cada localidad que está en fiestas.
Estoy en el tren, volviendo de Valladolid. Son las 21.05h.
Llegué el lunes, como ya he comentado en posts anteriores, y debido a que mi apartamento (que bien suena decir eso) no me lo dan hasta finales de mes, he pasado estos cinco días y cuatro noches en mi queridísima residencia, aquella donde viví el curso pasado.
Sara, Judith: No tenéis ni idea de lo mucho que os voy a echar de menos. Los cigarros en la azotea, la alarma de incendios, llegar tarde a desayunar, las broncas de Carmela...
Pero bueno, qué se le va a hacer... Sólo queda esperar el comienzo del nuevo curso. Octubre, Octubre, Octubre... que poca importancia se le da a ese mes. Hace tiempo que llegué a creer que, efectivamente, es un mes que no existe. No existe, no. Ese mes no existe.
El tiempo no tiene importancia. Ni las horas, ni los meses, ni siquiera los años. El tiempo no tiene ninguna importancia. El tiempo no es nada, el tiempo es mierda. El tiempo es una excusa.
Demasiado tiempo, poco tiempo. El tiempo es mierda. El tiempo, nada. El tiempo no es nada, el tiempo es aburrimiento.
Las 21.13h. la gente es gilipollas. Ya lo dijo Pablo.
La importancia, las prioridades, el ser humano y sus circunstancias. Todo es mentira, ni siquiera soy consciente realmente ahora mismo de que aquí, en este tren, esta noche... No estoy aquí.
No estoy en este tren.
No estoy en ningún sitio, en continuo movimiento, pasa el tiempo... y yo no sé dónde estoy, pero esté donde esté sólo sé que no estoy aquí.
No escribo yo, porque ni siquiera estoy pensando. De mi cuerpo sólo noto unos labios secos, apretados. ¿Es ira? ¿celos? ¿envidia?
No es nada, sólo es sed. Porque aunque a veces lo olvide, sigo siendo un animal. Un animal, eso soy. Sólo soy un animal. Ni una gata, ni una perrita. Soy menos, cada vez menos, soy nada, me evaporo.... y el teclado sigue sonando.
Y las voces a mi alrededor. Sólo escucho... ronronean, pían, ladran... Esta gente, ¡sólo son chicharras!
Cigarras.
Tarabillas.
Insectos.
Estoy rodeada de insectos, de frustración, de alas rotas, de gatos que acechan. Sólo soy una polilla, una avispa, un finife...
Un bicho bola. Me escondo, echo a rodar, desaparezco.
La gente es gilipollas, gilipollas, gilipollas, gilipollas.
jueves, 6 de septiembre de 2007
#8 Beige



miércoles, 5 de septiembre de 2007
Fomentando una cultura subnormal

Aprobada la ley antitabaco.
Aprobada la ley antibollicao.
Han tirado un teatro para construir un polideportivo.
Esto está ocurriendo delante de mí. Esto me está dando dolor de cabeza.
El ruido de las máquinas, el paisaje desolador de un edificio hecho pedazos.
Un patio de colegio sin niños.
Llegué a Valladolid el lunes por la mañana, en ese tren de las 7.36h que tantas veces he cogido este año.
Una vez más, después de casi tres meses, regreso a esta residencia.
Una nueva habitación. Individual, pequeña, un piso más abajo.
Esta vez la habitación no da a la calle, sino al patio del colegio. Y esta vez no son los gritos de los niños lo que molesta, sino una enorme grúa...
Y no me sorprende.
No me sorprende en absoluto que estén derribando un teatro para levantar un polideportivo. No me sorprende, eso es lo malo, que me parece de lo más normal.
Para nada necesitan los niños un teatro. No es necesario actuar ni ver obras. La cultura de hoy en día está en la wiiiiiiiiiiii de los cojones y el inmortal futbito generador de clases sociales.
Si digo que la educación física fomenta la marginación social será por algo.
Nuestro gobierno y la educación son dos instituciones muy sanas:
No nos dejan fumar y se preocupan de que los niños no estén gordos. La cultura, dígase el arte en todas sus vertientes, no sirve de nada para el desarrollo de los niños.
Si quieren ver a alguien actuar o descubrir la tragedia griega, (cosa que dudo) no tendrán más que descargarse películas y libros en formato pdf de internet.
Pero el ejercicio físico y mantenerse sano, fuerte y atractivo es lo único importante y realmente necesario para sobrevivir con dignidad.
Los niños nunca han podido tener unos kilitos de más y ser felices en el colegio. Eso nos ha enseñado desde siempre la educación física.
Pasé mi infancia (y no tan infancia) odiando esa clase. Daba igual el profesor que nos impartiera tal asignatura: la odiaba.
Nunca supe hacer el pino, ni el pino puente, ni doblarme hasta el infinito. Me cansaba pronto de correr, no sabía hacer la voltereta y mucho menos la voltereta lateral. Me aburrían las clases de baile, me parecían humillantes.
El baloncesto para las chicas, el futbol para los chicos. Así estaba establecido en Baños. Si querías entrar en el grupo “cool” de las chicas, sólo necesitabas dos cosas: apuntarte al equipo de baloncesto y a las clases de baile.
Y así lo hice: de baloncesto me invitaron a dejarlo porque según ellas “tienes miedo al balón”. De baile me fui yo porque me invitaron a acudir en un horario diferente: a un nivel más bajo.
Las clases de educación física me hacían sentir sucia, gorda y vulgar. Odiaba con todas mis fuerzas esas clases. Nunca quería ir.
Cuando elegían gente para los equipos siempre me dejaban la última y al que le tocaba “elegirme” le salía un suspiro de “vaya mierda”.
Sólo si había que cantar, actuar o bailar (como a mí me diera la gana), tenía ganas de ir a esa clase. Siempre aprobaba educación física por la nota que sacaba en interpretación y expresión corporal.
Que dolor de cabeza me están dando estas obras...
Esto no tiene nada que ver, pero es mi blog y cuelgo lo que quiero.la niña de las naranjas by Adriana Bañares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.