martes, 29 de abril de 2008

No siempre fue así

Cuando era niña gritaba. Gritaba mucho. No me refiero a que gritara durante largos períodos de tiempo, sino que gritaba tan alto y tan desgarradamente que al hacerlo imaginaba que mis cuerdas vocales se rasgaban limpiamente como cuerdas de guitarra agredidas por un bisturí.

Mis amigas y amigos del colegio me pedían que lo hiciera, pues mis gritos se asemejaban a la alarma de incendios.

Al hacerlo, venían corriendo hacia nosotros algún que otro adulto alarmado, pero para cuando eso yo ya me había callado. Con esta voz tan dulce, y aquella carita de nena, nadie sospechó de mí.

Cuando era niña gritaba, y gritaba mucho... Pero un día me callé.

domingo, 27 de abril de 2008

Puta Bipolar

Tengo millones de personalidades que se cruzan, que se alían contra mí. Tengo una camada de pequeños bichejos amarillos que se aferran a mis uñas y me sacan la piel que hay debajo de mis huellas dactilares. Tengo muchísimos defectos que rebotan contra el espejo del baño y un rímel barato que se corre cuando hace frío.

Así, literalmente.


Tengo un librito en blanco donde escribo mentiras para arruinar mi vida. Tengo una botella de plástico abollada y a punto de caer sobre mis pies. Tengo un libro en negro donde disimulo ser una prostituta despeinada. A veces sólo quisiera tener las medias rotas.


It’s all over but the crying, dijeron Garbage.



Estoy bastante harta de los prejuicios que se me están metiendo a rosca por detrás del cuello, un poco más debajo de la nuca. Tengo una lata de cerveza mirándome con cara de pena. Y no sé qué hacer.... No sé qué hacer con todos los pensamientos que se amontonan en mi cabeza y no puedo expresar... ¡Nadie me advirtió de lo difícil que sería hablar!



Porque aunque no lo sepas, soy esa niña pequeña que cada noche es acosada por el gigante verde, pero no... No es el del maíz, es un monstruo enorme que me quiere rasgar las encías con un cuchillo de sierra. Y no lo puedo evitar, ¡me gusta tanto el sabor de la sangre entre mis dientes! Ya os dije que soy una puta gótica muerta de hambre.



Y sigo atada a este cordel rosa que me aprisiona la garganta, aunque el destino decidiera que no debería morir ahogada. Tod­avía lo puedo ver, tras las la´grimas: es mi vida a través de un cristal. Desde fuera parece todo más fácil: incluso me veo más delgada y puedo cantar canciones de No Doubt.



Puede que sean, como dijeron Franz Ferdinand, Dardos de placer, que aunque no quiera son clavados contra mí. Es él quien me tiene atada a esta diana y juega a la ruleta rusa con las cucarachas que se apilan contra mis muslos para ver la función.



Me han vuelto loca después de haberme llamado poetisa. Pero es que si soy escritora puedo permitirme estar loca... así, con suerte, igual venda más aunque termine tirada en una cuneta con una sobredosis de heroína



Quién sabe, dijiste cuando vimos a la Pequeña Amy Winehouse: Después de todo, se la ve feliz. ¿O tal vez a quien vimos fue Dita Von Teese? Yo siempre quise impregnarme en alcohol, y tú verme dentro de una copa de Martini.



Pero siempre supimos que lo que en verdad quisimos fue acabar como los protagonistas de Dolls: colgados trágicamente de un árbol en un peñasco nevado.



Llévame atada a ti, bien fuerte, que no me suelte... Que, por alguna extraña razón, quiero pertenecerte.



Hoy me siento flagelada por los monstruos que encerré.

martes, 22 de abril de 2008

#12 Irresponsable


Es tan triste el metro como las puertas corredizas de un sabeco.
Tropezar, caer desde unos tacones, siempre es igual de humillante. Que me ayuden riéndose resulta bochornoso, de ahí que quisiera morderte, besarte como nadie, dolerte por dentro; despertar en ti un tipo de deseo confuso e irracional, para que tú me dolieras por dentro, me mordieras y besaras como nadie lo ha hecho.
Pero nunca me digas te quiero, por favor.
Ya sabíamos que de un momento a otro acabaríamos así.
Un sofá de goma-espuma y el color amarillento del apartamento; apolillado y lleno de humo, pósteres de modelos mediocres para no alejarse demasiado de la realidad.

No sé negarme cuando me proponen algo sin decirme nada.

La foto la conseguí aquí.



sábado, 19 de abril de 2008

Mal que nos pese nos han corrido hoy a hostias en el patio del colegio.

Para reírse de nosotros cualquiera vale. Cualquiera que nos turbe con un rabo vibrador.
En este momento la lluvia se ha calmado. Ya no nieva en abril, ya no hace frío en verano.
Por qué no vuelve el otoño con gotas de lluvia y hojas en el suelo, roídas por el vendaval de silencio, de tumbas, de muertos.
La muerte, como el sexo, ha acabado banalizada. Es todo culpa de los emos.
Yo sólo quería romper las reglas. Yo sólo quería bailar escribiendo.
Recuérdome llorando frente el enorme espejo del baño mientr­as sonaba how this will end de Devotchka. Y era llorar por llorar; llorar por impotencia. Porque sabíamos cómo iba a terminar y no podíamos hacer nada.
No sabemos interpretar las señales, ni los sueños.
Sólo sabemos tomar aspirinas y perforar nuestros cerebros.
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