jueves, 30 de junio de 2011

Crítica en Literatura del Mañana

Un alegato ciber-literario: "La niña de las naranjas"

El libro-blog, todo un híbrido literario que aún no ha llegado a la pubertad, es algo así como una adaptación autocopiante de lo que ya se ha leído en formato html; un ejemplo (como vemos en el caso de Bañares) de lo que el «fenómeno blog», en cuanto a la satelización de la escena social-literaria, quiere dar a conocer. Ante todo, una nueva herramienta que hace de la escritura algo más que una fuente sociológica de nuestra existencia; un estado de ánimo que hace entendernos, quizás, un poco más. Y todo ello, rezando dentro de una narrativa experimental, aun en una cierta línea entre el underground o la metaficción, y el biópic más convencional. Una forma de incursionar dentro del estilo de vida y pensamiento de la generación @, lo que nos ayuda a entender algo más el mundo de lo visual en el que vivimos.



Si quieres leer la crítica entera, sigue el enlace...



:)

miércoles, 29 de junio de 2011

Adso descubre la importancia de los nombres propios.

Umberto Eco. El nombre de la rosa. Random House Mondadori, 2010. pags. 581,582 y 583.



-¿Y la muchacha?

-Ya te he dicho que es carne de hoguera. Pero la quemarán antes, por el camino, para edificación de alguna aldea cátara de la costa. He oído decir que Bernardo tendrá que encontrarse con su colega Jacques Fournier (recuerda este nombre; por ahora quema albigenses, pero apunta más alto), y una hermosa bruja sobre un montón de leña servirá muy bien para acrecentar el prestigio y fama de ambos…

-¿Pero no puede hacerse algo parasalvarlos?-grité-. ¿No puede interceder el Abad?

-¿Por quién? ¿Por el cillerero,que es un reo confeso? ¿Por un miserable como Salvatore? ¿O acaso piensas en la muchacha?

-¿Y si así fuese? –me atreví a responder-. En el fondo, es la única inocente de los tres. Sabéis bien que no es una bruja…

-¿Y crees que después de lo que ha sucedido el Abad estaría dispuesto a arriesgar el poco prestigio que le queda parasalvar a una bruja?

-¡Asumió la responsabilidad de la fuga de Ubertino!

-Ubertino era uno de sus monjes, y no estaba acusado de nada. Además, qué tonterías me estás diciendo: Ubertino era una persona importante. Bernardo sólo hubiese podido atacarlo por la espalda.

-De modo que el cillerero tenía razón: ¡los simples siempre pagan por todos, incluso por quienes hablan a favor de ellos, incluso por personas como Ubertino y Michele, que con sus prédicas de penitencia los han citado a la rebelión!

Estaba desesperado; ni siquiera se tenía en cuenta que la muchacha no era una hereje de los fraticelli, seducida por la mística de Ubertino. Era una campesina, y pagaba por algo que nada tenía que ver con ella.

-Así es- me respondió tristemente Guillermo-. Y si lo que estás buscando es una esperanza de justicia, te diré que algún día, para hacer las paces, los perros grandes, el papa y el emperador, pasarán por encima del cuerpo de los perros más pequeños que han estado peleándose en su nombre. Y entonces Michele o Ubertino recibirán el mismo trato que hoy recibe tu muchacha.
Ahora sé que Guillermo estaba profetizando, o sea razonando sobre la base deprincipios de filosofía natural. Pero en aquel momento ni sus profecías ni sus razonamientos me brindaron el menor consuelo. Lo único cierto era que la muchacha sería quemada. Y yo me sentía en parte responsable de su suerte, porque de algún modo en la hoguera expiaría también el pecado que yo había cometido con ella.

Sin ningún pudor estallé en sollozos, y corrí a refugiarme en mi celda. Pasé toda la noche mordiendo el jergón y gimiendo impotente, porque ni siquiera me estaba permitido lamentarme –como había leído en las novelas de caballería que compartía con mis compañeros de Melk- invocando el nombre de la amada.

Del único amor terrenal de mi vida no sabía, ni supe jamás, el nombre.

lunes, 27 de junio de 2011

There is no God & God is Love. Bonnie "Prince" Billy










Y, cómo no...


Es la razón la que engendra el amor propio, y es la reflexión la que lo fortifica; es ella la que repliega al hombre sobre sí mismo; es ella la que lo separa de cuanto le molesta y aflige; es la filosofía la que aísla; por ella es por lo que dice en secreto, ante la visión de un hombre que sufre: perece si quieres, yo estoy a salvo.

Jean - Jaques Rousseau. Sobre el origen de la desigualdad.
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