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sábado, 20 de junio de 2009

Patética



Las chicas bajitas son mucho más grandes que yo. Más guapas, resultonas, atractivas, deseables, adorables, sexis, alcanzables.

Soy totalmente consciente de ello, y aún así me pongo los zapatos de la cuña de nueve centímetros y medio. Una parte de mí se siente rockabilly. La otra me escupe a la cara, llamándome patética de mierda. Con este vestido blanco no sé a quién pretendo engañar. Debajo de la fina tela sigo siendo la misma corrupta indeseable, con las mismas heridas en el pecho y en el pubis.

Sigo teniendo las briznas abiertas, a un pellizco de emanar sangre, y los pies destrozados, a punto de hacerme perder el equilibrio antes de poder llegar a un banco donde descansar mi sufrimiento. Un sufrimiento tan banal y patético como yo en esta mañana de junio.

Mi piel extremadamente blanca se invade de impertinentes pecas, algunas abultadas, que pizco y sangran y pienso: esto, como todo, es nada.

El pelo negro, el rojo de los labios y la palidez de mi piel, sólo componen un retrato patético de lo que quisiera tener, y ser, y no consigo, y me delato dando pasos cortos y mordiéndome la lengua, y buscando continuamente con la mirada algún punto muerto donde descansarla.

Decido que ya no puedo más cuando veo una ligera sombra negra bajo mis ojos y alcanzo a tiempo un autobús donde el resto de la gente parece igual de perdida que yo.

Después de dos paradas sube un nerd extremadamente delgado, gafas de pasta y pelo engominado. En cuanto le veo sé que se va a sentar a mi lado. Igual se lo he pedido yo con la mirada, y por eso la desvío a la ventana, pero en la calle el ganado es igual de deprimente e incluso yo me siento atraída inconscientemente por esas chicas en chándal, bajitas, de la cuarenta y dos sin maquillaje.

I know you wanna beat my lover, me susurran al oído The Sounds, y el nerd como si nada roza en un microsegundo mi muslo izquierdo por encima del vestido. Y ni me inmuto. Sigo fija en las aceras, la gente en movimiento, los escaparates y los productos adelgazantes que acaparan las farmacias.




La foto la he pillado de Venca, y es el vestido al que me refiero en esta entrada.


Sí, compro en Venca.


viernes, 19 de junio de 2009

mudanza



El colchón esta´ repleto de insectos pequeños, parados, verdes, marrones y negros. No es que me importe demasiado, es que me he dado cuenta demasiado tarde. Mi espalda, mis manos, mi pelo, se han impregnado de alas, fluidos y fragmentos de esos bichos muertos. Y no es que me moleste, es que ahora sí que no te puedo traer.


Y no es que me importe demasiado, es que quisiera recordarte muy de lejos.


Las cajas con cedés, los cedés con canciones de otro tiempo, los recuerdos incrustados, la incapacidad de querer a alguien sobre este colchón, y las ganas de quemarlo. No es que me importe, es que me siento terriblemente insatisfecha.


Los zapatos, las camisetas de los conciertos, las dedicatorias falsas en los libros. Más que recoger estoy creando un caos en mi memoria.


Y no es que me importe, de hecho lo que me jode es tener que darte la razón por cuando me dijiste:
conseguirás afrontarlo (como he hecho yo) .





La foto es de la instalación de Antía Moure Objetos que caen en una habitación vacía.


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