Marchitas, marmóreas, Martinis, historias.
Sabéis dónde estáis, en este momento,
¿Sabéis dónde ha quedado el mundo de vuestro filamento catártico?
Moras, resquicios de un repliegue tensado,
lloreras de más de tres minutos y medio,
sol, platino, porcino, insuficiencia en positos.
Turbiedadcitas, remanentecitos,
vestigiecitos y estampitas que han quedado
pegadas a la suela del zapato.
Me muerdo la lengua cada vez que me recuerdas.
Frescor, roquefort, lluvia de simpleza que me ablanda la cabeza.
Qué más da, qué sé yo, si de lo poco que he hablado
te has llevado lo mejor.
Lunática, psicosem´antica, otra palabra que se parte a la mitad.
Miradas, silencio,
y me muerdo la lengua...
Cada vez que te recuerdo.
Pizcándome en las entrañas con pinzas como patas de araña,
punzante oscuridad que recorre mi espina dorsal.
Otro cuento, otra promesa, y me muerdo la lengua
si me recuerdas.
Me quiero sacar los ojos para no ver imágenes,
casi incompletas,
pero llenas de humo, magenta exenta
de paciencia, inquieta.
¿Cuándo vuelves, o te vas?
Las briznas de mis dedos hoy no quieren testificar,
que te recuerdo,
que me matas,
que, si ahora no me llamas,
mañana han de fundirse mis palabras.
Mañana, silencio.
*Publicado en el número 7 de la revista Fedra.