Su manera de
ocultarse y escapar es un baile. Pasa inadvertida a pesar del vestido
rojo y la melena oscura, los rasgos marcados, la belleza agresiva.
Pasa inadvertida porque se mueve rápido y en silencio. Ninguna otra
mujer de la celda se atreve a hablarle porque todas han caído en la
superstición y no se relacionan con fantasmas.
Hay una guerra fuera
de estos muros y los soldados somos cualquiera. No sabemos quién nos
ha elegido pero sí que juegan con nosotros. Hay un destello en la
noche que nos demuestra que la guerra viene de aún más lejos. Los
escépticos aún no creen en vida inteligente fuera de las fronteras
esta noche.
Hay un tablao
flamenco y alguna silla de madera se mantiene en pie. Siempre hay
público y vino tinto para un espectáculo lamentable: no llega la
electricidad al entarimado y las chicas han perdido el ritmo.
La celadora abre y
no hay manera de esconderse. Se desliza entre las sábanas y se
coloca la primera en la fila con la intención de ser la primera en
salir. La lista que la celadora lleva en sus manos indica que la
primera se llama Calaverita y que tiene aspecto de muerte. Basta
verla a ella para saber que no es, pero con un gesto teatral mira a
la bailarina y mira la foto de la calaverita y marca con el dedo
índice de la mano derecha las diferencias.
No habrá baile que
le salve esta noche y fuera los soldados nos besamos. Hay un viso de
amor en esta noche en la que todos interpretamos un papel. Siempre
hay público para un espectáculo lamentable.
vienen a parar aquí los hombres buenos
todos las buenas personas que se portaron mal y se redimen en la huida
deambula con total libertad por la casa el ratón en una bola de plástico
como ellos ruedan por las vías
aquí esconden sus rostros los hombres buenos
que se redimen en la huida
II
No seré feliz en el paraíso
porque para entonces me habré acostumbrado
demasiado a la culpa
A llorar por mis pecados
como los hombres buenos que vienen a parar
a esta cápsula.
Aquí han de venir los hombres buenos que se redimen la huida.
Duermen.
Recuestan sus cabezas sobre el hombro
del compañero de viaje y así
como vivimos: durmiendo con desconocidos.
Durmiendo con fantasmas que desaparecerán
al despertar en la estación más próxima.
Próxima estación: parada limbo antes de continuar viaje.
Pero quién podría permitirse parar a ser humano.
Los hombres buenos bajan a mear y a comer y a tomar cafés en compañía de desconocidos.
No hay nada más sucio que vivir.
Escúchame: tengo agua en los pulmones y aire en las piernas.
He bajado a tierra firme para arrastrarme.
Mi huida es un desierto.
Lloro porque no tengo más nadie va a liberarme de esta parada de servicio de esta ciudad de paso tan límite tan lenta tan limbo
Quítame este miedo.
Los ojos más bonitos nunca serán nuestros.
Hoy tampoco ha
salido el sol. Salimos tarde y heridos. Hay un toque de queda para la
calma y no se puede superar el amor.
Intento tocarlo todo
para quedarme. Pero mira cómo se va escapando todo y aquí aún no
ha llovido esta noche. Sigue siendo un verano a medias. Un principio
de frío en letargo. No hay pasión ni violencia en este anochecer
eterno.
Los ojos más
bonitos no son para nosotros. Hay una niña en el centro del croma.
Baila en círculos, pero apenas se aprecia porque es muy pequeña.
Hay niñas más
grandes que le enseñan cómo hacerlo. Son sombras proyectadas bajo
los focos. Ruedan descalzas e indican el camino largo. Para correr
toda la noche. No hay puntos en el mapa y el camino siempre es una
línea recta.
Soy un punto muerto
en la mañana. El amanecer aparece tan de repente, tan violento.
Quítame esta luz.
Los ojos más bonitos deberían ser los ciegos.
Bailo en círculos
en el centro de la pantalla, pero el foco apunta hacia otro lado.
No hay caminos en el
mapa y el camino siempre es una línea recta.
no me voy a levantar
no voy a caminar nunca más en la vida
lluevo tanto en este suelo que araña y se desconcha
veo huecos en el asfalto desde donde no sale la hierba
el mar está bajo los adoquines
Porque no me dejasteis ser como quería ahora noto los ojos caer
como la piel y me envejezco de tanta tierra de tanta luz
noto la carne seca
la piel tan muerta
el mar tan solo es un paraíso lejano
una tumba
el mar
tan solo
reproduzco la memoria de mi vida en la piel
lloro lluevo sal y agua
no me nazco
me desangro
me estrello y me ahogo
me ahogo en este asfalto
esta cápsula
por qué no me dejasteis ser como quería
porque no me dejasteis ser como quería
me dejo la vida en tierra
me dejo la juventud en casa
mezo el cuerpo tibio
bailar es para el autóctono que no siente la nostalgia en las piernas
no me voy a levantar
llevo tanto en este suelo que araña y se desconcha
que busco el agua bajo la tierra
duerme mi juventud en una nostalgia húmeda
porque no me dejasteis ser como quería
Balleto. Andréi Amaya
Fotografía tomada en Puebla, México, en el Teatro de la Ciudad.
I
Hay un punto de lucidez en esta noche. No se ha roto aún
el blanco.
Hay un punto de lucidez en esta noche. Dispárame mientras brille.
Habéis tenido suerte. Habéis rozado el suelo.
La noche no se muere en un punto, pero acaba ahí la línea. La tiza blanca que bordea el cuerpo y lo completa. Este punto que marca tu lugar en el mundo.
Habéis tenido la suerte de rozar el suelo y no caer.
Si tengo la piel tan suave es porque ya me la he arrancado antes. Cualquiera sabe tocar un cuerpo muerto.
Primer paso. Guante de crin y sal gorda. Frote hasta que escueza. Nutra con aceite. Déjese secar.
Si tengo la piel tan suave es porque ya me la he arrancado antes. Cualquiera puede tocar un cuerpo muerto.
Segundo paso. Hidrátese el rostro y brille. Eyeliner negro. Haga ver que mira. Finja atención.
Si tengo los ojos tan vivos es porque ya he llorado antes. Cualquiera puede abrir los ojos debajo del agua. Cualquiera puede aguantar la respiración y.
Aguantar. Contener la vida bajo el agua. Resistir a la asfixia. Vivir.
Tercer paso. Mírese al espejo. Busque.
Si te estuve buscando es porque ya me había perdido antes. Intuyo unas escaleras mecánicas que no llevan a ningún sitio. Pero ahí estoy yo, porque tengo el cuerpo muerto. Recuerdo la ausencia como un mecanismo que no me lleva a ninguna parte. Y yo estaba aquí, allí, iba, venía, pero nunca lograba encontrarme. Porque yo ya estaba fuera de mí. El cuarto paso es dejarse ver.
Curarse las heridas con frío. Mantener la herida abierta, con hielo. Y dejarse la sal puesta para no olvidar el dolor cuando se haya vendido la carne.
Si tengo la piel tan suave es porque ya me la arranqué antes.
Si tiendo al agua como tiendo al frío es porque ya me sequé antes. Como cedo a la cadencia de lo líquido por temor a la postilla. Así me hago daño,