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martes, 12 de julio de 2011

Así se nos ha hecho un poco más corto.

Pretendía hacer una entrada del copón titulada Las canciones del lustro para resumir en canciones estos cinco años en Valladolid, pero ha sido demasiado duro encontrarme con los títulos que me acompañaron cada semana desde octubre de 2007, que es cuando comencé a utilizar Last FM. Es un verdadero peligro esto de Internet. Explora las listas por semanas, sugiere la página y le doy. 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, semana a semana. Pero nadie me advirtió de cuánto dolor causa la melancolía. Así que desecho la idea y salgo a pasear con mi compacta de marca desconocida en el bolso por la Pucela que he vivido. El calor de julio se hace insoportable y me veo obligada a volver sin despedirme de lugares tan importantes para mí como La Curva, el Wild Thing (que, por cierto, se traspasa) y otros bares, pero me llevo mucho, o eso quiero creer, y temo extrañar tanto estos años durante el resto de mi vida como me advirtieron que haría cuando llegué. Estos serán tus mejores años. Aprovéchalos. No vuelven.



Esos años que no vuelven ya se han ido. Llegué con la idea de quedarme lo que duraran cinco cursos y he cumplido. Detrás dejo la residencia Monferrant, los apartamentos -los apartas- Cardenal Mendoza, el barrio de Pilarica, la calle Padilla y el paseo del Renacimiento. El Lupa, el Carrefour, el Froiz, el Árbol y el Mercadona. El Árbol de las Letras, la plaza de la Universidad y el paseo del Prado de la Magdalena. Sara, Judith, Marie Dianne, Paula, los colmillos en su t o t a l i d a d, Creación Literaria, Pat, sus amigos y las tardes pulp con Palahniuk en el piso de Renacimiento (me acuerdo de grandes gilipolleces, pero echo realmente de menos esas tardes que tanto sacaban de quicio a Laura y llenaban de humo el salón), y Óscar, por supuesto, y tanta gente y tanta gente sola y el Café Teatro, Mundo Dulce y una barra de labios roja para la presentación de un fanzine que nació muerto y mis ganas de espera ante la muerte o la posibilidad de sobrevivir a la caída de un quinto piso o encontrarme un pedazo de amor post adolescente hecho pedazos en la marquesina de una parada de autobús. Pau, Salu y los coctails en el Herminio's (y un libro de Roy Stuart por mi cumpleaños) y las Guinnes en el Wild Thing. La Fanzine, el Renacimiento (con mayúscula y en todos los sentidos), la poesía en los bares y los viajes express a Madrid, Valladolid en primavera, Óscar again and I love you from the top of my heart, el abono no escrito a todos los conciertos organizados por Laika (una entrada, una sola, sola, sola, sola...) y la mala acústica en Mambo y Najwa Nimri fácil de romper. No se pueden resumir cinco años en un párrafo.


Óscar R. Cardeñosa

Octubre de 2006. Llego a Valladolid después de haber estado todo el verano trabajando en un Cortefiel de un centro comercial de Vitoria y me instalo en la residencia universitaria-femenina-demonjas Monferrant. "Somos las niñas de la resi Monferrant..."
Si llegabas más tarde de la hora estipulada y encontrabas las verjas cerradas,
debías prepararte para una noche en la calle.
Pero, pese a los horarios (de domingo a jueves: a las once en casa; viernes: a las dos; sábados: a las cuatro), y otras obligaciones no estipuladas como servir (1,6,11,16,21,26,31,1,6,11,16...) en las comidas o fregar (el service, el office), y no enseñar demasiado el hombro y otras historias, recuerdo aquel curso con muchísima nostalgia. Por ser el primero, y por haber entrado en la facultad con tantísima ilusión. Sara y Judith, por encima de todo, y el Ké sé yo y nuestras aventuras para conseguir maría y capítulos de House, y helado a cucharadas, y naranjas, y... Elfen Lied.

Llegada a la facultad desde el Paseo del Prado de la Magdalena.


Es increíble cómo nos sentíamos invencibles por haber salido de casa y estar en la universidad. El otro día, hablando de los falsos documentales y de los no tan falsos pero cinematográficos que tan de moda se han puesto en los últimos años (American Teen, Inside Job...), a Óscar se le ocurrió la idea de realizar uno compuesto por entrevistas a estudiantes de primero y a estudiantes de último año. Supongo que no a todos les habrá pasado lo que a mí. Se me hace difícil imaginar que a un estudiante de Bellas Artes le invada el tedio y el desánimo en la etapa final de la carrera, aunque yo soy muy ingenua. Hablamos de carreras vocacionales. Cuántas veces escuché la palabra vocacional el primer año. Filosofía... es una carrera vocacional. Te tiene que gustar. Y realmente me creí que me gustaría toda la vida. Que bajaría el Paseo del Prado de la Magdalena hacia la facultad con las mismas ganas. Que no dejarían de interesarme la filosofía medieval y moderna por culpa de ningún profesor.

María me acompaña.

Mírame pero no me toques.

La decoración de la residencia es ultra setentera. Ya la entrada es todo un primor, con una escalera de caracol preciosa. Recuerdo con especial cariño, a principios de curso, encontrar alguna estudiante de Arquitectura dibujándola con suma precisión. Me parece increíble cómo ordenamos los recuerdos de manera que de pronto tomen una especial relevancia momentos que en su día pasaron desapercibidos.
La escalera de caracol de la residencia es un elemento muy importante porque era su carta de presentación, como la cafetería abandonada de toque chic pop 70's en blanco y negro del primer piso, donde nos reuníamos después de comer para tomar un chupito amargo de café de máquina. Es importante, decía, porque aunque era su carta de presentación -quién no se enamoraría de aquella decoración el día de firmar el contrato- estaba terminantemente prohibido utilizar la escalera de caracol. Volvemos al tema que tanto me ha perturbado siempre: la importancia del parecer frente al ser. La vida basada en superficies, corazas y fachadas, cinturones de Dolce & Gabbana de imitación y el trato preferente por parte de las monjas a las estudiantes de Medicina y Arquitectura por parecer millonarias en potencia.
Pizza Móvil, dígame...
Una carbonara y una barbacoa para Ramón y Cajal, 14, por favor.

Lugar de escape. Calimotxos de pepsi con mora.


El árbol de las letras.











Os dejo un vídeo que he creado con fotos de aquel año. Aún no me había dejado dominar por las nuevas tecnologías y era una acérrima fan de las cámaras analógicas de usar y tirar, pero la calidad de las imágenes se ve amortiguada por los Beatles y la carga sentimentaloide del cualquier tiempo pasado nos parece mejor.

Curso I. 2007. Things we said today - The Beatles por awixumayita
Los micrófonos/Mercados/Drogados/Calados/Los micrófonos
El segundo curso lo pasé en un apartamento del edificio Cardenal Mendoza. Estos apartamentos de pladur, alejados de la mano de Dios, entre el barrio de San Pedro Regalado y El Salvador, se me presentaron como una buenísima alternativa al modelo-guardería de la residencia. Compartía aparta con una chica que estaba en primer año de Químicas -curiosa coincidencia, ya que el año anterior había compartido habitación con una estudiante de Ingeniería Química, que no es lo mismo, pero algo tendrán en común- y a la que le gustaba decorar con motivos de Playboy. Aquel año me encontraba muy tranquila, muy centrada, como se suele decir. Estaba muy bien, quizá un poco aburrida y con poco que contar. Novio formal -el primero de mi vida. Qué corta parece diciendo estas cosas-, dormir de noche, madrugar, clase, idas y venidas a Logroño, beca del Mec, Twin Peaks, la pizarra.
Mi apartamento está en el primer piso. Corresponde a las tres
ventanas que tienen las persianas bajadas. La segunda fue
nuestro salón. La de la derecha (rozando la farola), mi habitación.
Aquel año conocí a mi por aquel entonces vecino José Luis Merino, gracias al cual descubrí al colectivo Laika, que a su vez me demostró que Valladolid no es la ciudad más aburrida del planeta y que se puede ir a conciertos casi cada semana, y, más importante aún a COLMO Colectivo, por quienes, no sólo conocí la poesía, sino que descubrí que lo que yo escribía también podían considerarse poemas. Uno de los momentos más significativos de aquel año fue la tarde que me citó Javier García Rodríguez en su despacho para decirme que Juan Bonilla quería cerrar una antología sobre nínfulas con mi poema Una punki, una golfa, una macarra, una perra... y qué, texto que escribí y publiqué la madrugada del 4 al 5 de abril de 2008, coincidiendo con el aniversario de aquella fiesta de los 70 que jamás llegó a celebrarse. Aquella noche salí con Sara y Paula y conocí a Óscar como se puede conocer a cualquiera en el Testa y nos intercambiamos los teléfonos sin intención de acordarnos ni de nuestras caras, ni de nuestros nombres, ni de marcar la tecla verde, pero algo quiso que nos encontráramos diecisiete meses después. A veces creo que mi vida está escrita. Últimamente me obsesiona una hora. 22:22.
La antología no llegó ni llegará a publicarse, pero me sirvió para creer en lo que escribo. También fui publicada, como poeta, fuera de nuestras fronteras, en la revista mexicana Fedra.
En 2008 me interesé muchísimo por el cine. Cursé las asignaturas de Historia del Arte Teoría y Estética del Cine y Estudios de Historia de Cine. Me enamoré irremediablemente de Haneke y me publicaron un artículo sobre El sexo en el cine en el periódico chileno El Rancahuaso. Me quemé el pelo queriendo ser rubia pero no importa el color del pelo porque todos me recuerdan pelirroja.

Paseo del Cementerio.




Estanco en San Pedro Regalado donde compraba Lucky.



Pirulí del Carrefour 2. El supermercado más cercano en el fin del mundo.

La zona de los apartamentos es, por otro lado, digna de mención por sus contrastes. Lo que más me llamaba la atención era la zona que os muestro a continuación. Nada que ver con la burbuja con la que protege la Universidad de Valladolid a sus niños:

Juanes, el hijo del metal, nos salvará de la crisis.

Just my imagination




Roofs and Clouds








Fin de fiesta.




En verano de 2008, Dani, Trivi y yo decidimos crear el fanzine Jamais Vu!, que saldría en Diciembre de aquel año. Fue un buen final de año también porque se reeditó mi novela adolescente -la escribí con 17 años- La Soledad del Café, esta vez con prólogo de José Manuel Vara y diseño de Daniel Tudelilla.

El final del 2008 me encontró en el barrio de La Pilarica. Sara y Judith se despidieron de la resi Monferrant y juntas alquilamos un piso en Nueva del Carmen, cerca de las facultades.
5º Piso, exterior. Desde mi habitación veía
mi facultad, pero ya no era lo mismo.



















Las únicas asignaturas que me motivaban eran las dos que cogí de libre configuración, correspondientes a Teoría de la Literatura y Literatura Comparada: Técnicas de Creación Literaria y Poética de la Imaginación. A mis clases, las de mi carrera, iba con desgana, cansada. Toda mi ilusión estaba centrada en Jamais Vu!, donde colaboraron grandes artistas y escritores como Xen Rabanal, Eduardo Alvarado, Miguel Ángel Martín, Vicente Muñoz Álvarez...
Arte urbano en Pilarica
También empecé a plantearme what is love. Escuchar a Zahara ya parecía un problema. Yo trabajaba en una tienda de dulces y en Diciembre, después de cerrar, me acerqué al Café Teatro a verla en concierto, con una bolsa repleta de golosinas. Cuando cantó Piscinas en Verano me di cuenta de cuantísimo daño estaba haciendo a la persona que más quería y tomé una decisión que no firmaría hasta 2009. Después fue ella quien lloró, tras cantar Con las ganas, y me acerqué a regalarle el kilo de gominolas. Anticipaba un futuro catastrófico.

Tras las navidades, la presentación de Jamais Vu! en sociedad, Año Nuevo. Es Enero de 2009. Vienen al Actual los dos platos fuertes del 2008: Russian Red y Vetusta Morla. La despedida .

Tercero fue un curso doloroso. Sara y Judith pasaron de ser mis mejores amigas a dos compañeras de piso. Ya no quedaba nada de la ilusión del primer año y de la serenidad del segundo. Judith pasó a ser una desconocida de la noche a la mañana. Parecía no haber vida más allá de Enfermería y su novio y yo quería todo lo contrario: la carrera dejó de tener sentido y me sentía demasiado viva para atarme a una relación. Lo que no sabía es que ya estaba tan atada que lo que realmente estaba haciendo con la ruptura era tensar la cuerda de mi horca. Me vi capaz de todo. Conocí a Quique y Cristian, que querían hacer una especie de cabaret moderno con música y poesía y comencé a quedar con ellos para ensayar. De repente sabía cantar y la guitarra que me regaló Dani en mi vigésimo cumpleaños empezó a tener utilidad. Al final, el proyecto se estancó y ellos resucitaron la banda Mala Racha, que al cabo de medio año pasaría a llamarse Sharon Bates.
La sensación de libertad me duró un trimestre. Quizá sólo quería hacer de todo antes de cumplir veintiuno. Pero el todo se me fue de las manos. Convencida de que el atractivo se me acabaría pronto, busqué un fotógrafo para hacerme un book. Nada profesional, sólo para alimentar mi ego y mirarlo cuando el hipotiroidismo me terminara de convertir en una vaca de sesenta toneladas y decir: yo de joven, 90-60-90, a mis nietos imaginarios. De repente era modelo.

CocoGuaGua

Llegó marzo. A esas alturas mi mejor amigo era Nacho, un estudiante de medicina con el que coincidí en las clases de Creación Literaria y a quien le gustaba mi forma de escribir. Después de haber vuelto a la adolescencia con varios chicos a los que hice bastante daño y terminaron convirtiéndose en grandes amigos míos, llegó Versátil.es y Marzo en general. Quería que el final de mis veinte años fuera algo especial, así que bajé a Madrid a ver a David Fonseca en la sala Heineken con Nacho. Allí quedé con otro Nacho al que sólo conocía por Internet pero con quien hablaba más que con mi madre y a un tipo que firmaba como Belle de Jour en el chat de cine de Terra. Me bebí los veinte a base de vodkas con lima y dije lo que le dije a Marina en Versátil.es: que quería volver con Dani. Y todos me decían, no, no, sé consecuente, no lo hagas, bla bla bla. Y yo que ya había sido hasta cantante, modelo y escritora de servilletas y foco de atención en poetos y ya tenía la fuerza suficiente que te dan los veintiuno, decidí llamarle el mismísimo 13 de marzo, ya sola en Valladolid, porque Sara y Judith y toda la gente que consideraba amiga en Pucela se habían ido fuera aquel fin de semana, llamé y escuché las tres peores palabras que te pueden decir el día de tu cumpleaños con resaca: estoy con alguien.

La peluquería a la que he sido fiel desde 2009.
Nunca olvidaré la cara de WTF que puso Sara
cuando llegué a casa con el pelo negro.
Así que me dí a las litronas de cervezas, Rumble Streaps, Metric, A dos metros bajo tierra y al Wild Thing. Y me teñí el pelo de negro. De repente parecía que la chica más triste de Pucela era la única capaz de hacerles reir y a muchos les dio por jurarme amor eterno. Y los te quieros falsos salen con tanta facilidad que yo empecé una colección de clavos impotentes incapaces de soportar mi insomnio. Lo único que quería hacer era ir a conciertos. Le Punk, Mando Diao, Franz Ferdinand, Muse, Juliette Lewis... pero nada conseguía hacerme sentir viva. Este blog se convirtió en desamor y, creyéndome poeta, reuní todos los versos visceraxumayitos que hablaban de mi dolor caótico post adolescente en un formato 105x297 encuadernado en tapa dura con portada basada en híbrido de Valle Camacho, y lo presenté al IX concurso de becas para jóvenes artistas "con proyección", que organizaba el Ayuntamiento de Logroño, bajo el título La involución cítrica. No hubo suerte pero me sirvió para querer presentarme a la siguiente edición.























Si el verano anterior tenía en mente crear Jamais Vu!, éste fue el verano de La Fanzine, y si Poetry is my lifeguard en Valladolid, en Logroño lo fueron los chicos y chicas del piso del Parlamento.

Volver en Octubre a Valladolid supuso el comienzo de una nueva etapa, esta vez protagonizada por Pat y La Fanzine.

Ahora la banda sonora la pondrá Christina Rosenvinge con Animales Vertebrados.


Cuando regresé a Valladolid en Octubre, me instalé en una pequeña habitación del piso que compartían Quique y Cristian. Apenas pasaba tiempo allí, pues me lo pasaba con Sara y Pat. Ésta había pasado por una situación muy parecida a la mía y quería hacer cosas. La razón era la misma: queríamos sentir que vivíamos y que servíamos para algo más que para vivir. Así que nos pusimos con La Fanzine. Ya habíamos comenzado el proyecto en agosto de manera virtual y ahora queríamos sacarlo en papel a la vieja usanza: collageando. Recibimos más de setenta colaboraciones para aquel primer número. Una pasada. Pero del mismo modo que la relación con Pat se iba haciendo cada vez más estrecha, me iba distanciando más de Sara. Ésta había comenzado una relación con uno de aquellos chicos que me decían te quiero como quien dice buenas tardes, pero no quería decírmelo. A estas alturas de la película no tenía sentido ocultar cosas para no hacer daño. Los hombres habían perdido todo valor para mí, pero me jodió el secretismo. La distancia fue haciéndose más larga y el detonante para cortar la amistad fue un texto que escribí en otro blog. No daba nombres, pero ella se vio reflejada en el texto y no le debió sentar muy bien, aunque el texto era un alegato anti machos, escrito con el despecho y la histeria feminista típicas de quien ha sido reemplazada por alguien mejor.
El protagonista del último trimestre del 2009 fue Leucocito. Leucocito, apareció en el parking de la facultad, tiñoso y pequeñajo. Se nos pegó a Pat y a mí y al final se vino conmigo a casa, aunque Cristian tenía alergia a los gatos, lo cual supuso un problema.
Maquetamos La Fanzine #1 el 9 de octubre de 2009 en la habitación de Pat que terminaría siendo mía el año siguiente. Pat tenía hachís suficiente para hacer un fanzine de 80 páginas en las que pegamos 70 obras, entre texto y gráfico, pintamos con spray algunas páginas (incluida la portada) e incluso algún insecto muerto que entró por la ventana. Regresé a casa al amanecer. En el salón encontré a Óscar dormido en el sofá con Leucocito encima. Cuando cerré la puerta, el gato vino corriendo hacia mí y Óscar a la habitación de Cristian. Pensé que, a lo mejor, de entre tanto gilipollas, había alguno salvable de la quema.
My Darling
Como ya he dicho, el hecho de que Cristian fuera alérgico a los gatos y que yo me hubiera encariñado tanto del jodido tiñoso, supuso un problema para la convivencia. Afortunadamente, en el piso de Pat había quedado libre una habitación, así que me volví a trasladar. En muy poco tiempo Pat y yo nos habíamos convertido en grandísimas amigas y la convivencia parecía ser ideal. Pero la realidad era que ambas nos despertábamos siempre con la misma tristeza tras noches de insomnio que invertíamos en escribir, pintar y otros menesteres creativos. En realidad era de puta madre. Era la clase de vida bohemia que soñé sería la que tendría cuando dejé el instituto, pero se nos olvidó que si estábamos en Valladolid era por la puta Filosofía. Como ya comentaba, yo ya me sentía lejos de aquella motivación/vocación/ilusión inicial en tercero, y, aunque comencé cuarto con otra disposición y un ánimo menos sombrío, todas mis fuerzas se desviaban hacia otros temas.
Pat y yo nos hicimos asiduas de La Curva y encima le echamos la jeta de montarnos una lectura. Sharon Bates, que por aquel entonces aún se llamaban Mala Racha, nos acompañaron, cerrando la lectura con un concierto acústico. Anticipaba un futuro de poesía en los bares.
La mole blanca.
Las tardes en aquel piso eran geniales. Solían venir amigos de Pat que también estudian Filosofía. Jaime, David, Darío, etc. Las tardes nocturnas de invierno, a bajo cero, las pasábamos entre humo y coca-cola. Las echo muchísimo de menos.

Comencé el 2010 en Logroño leyendo en La Gota de Leche con Aitor Cuervo en un acto que era toda una contradicción en sí misma. A esa lectura le seguirían el recital benéfico por las hetairas en Madrid, así como en la Complutense el homenaje a Miguel Hernández, y otras lecturas en diversos bares de Madrid como el Entrelíneas Libre-bar y los Diablos Azules, aunque el punto decisivo fue el Destroyer, donde compartí escenario con Antonio Díez, Ana Pérez Cañamares, Ana Patricia Moya, el Kebran, David González, Kutxi Romero, etc.

Le cogí gusto a escapar. Escapadas rápidas y cercanas. Madrid, León. Relaciones tontas y superficiales, gin tonics. Esas cosas. Los poetas son una raza peligrosa. Entonces lo hice: me presenté por segunda vez al concurso de becas para jóvenes artistas con "Proyección". Esta vez pasé de la poesía y tiré de blog, de biografía, de lo que muchos han calificado de pseudo-literatura y la broma obtuvo sus frutos, porque somos un país consumidor de telebasura: gané. Ya conocéis el final: La niña de las naranjas. Palabra de Awixumayita.

Otras grandes proezas de aquel año fueron trabajar como modelo de peluquería para Salerm Cosmetics, por lo que me pagaron un dinero considerable a cambio de sacrificar mi melena negra, y enamorarme de Óscar, con quien, entre otras cosas, pasé unos días fantásticos en Donosti coincidiendo con el Jazzaldia, donde pudimos disfrutar del concierto de Patti Smith en la playa de la Zurriola. No photos found.


Año 4. Russian Red - The trees, the sun por awixumayita


Este curso en ese piso sin Pat, Jaime y David no ha sido lo mismo. Y, aunque La Fanzine ha seguido ahí y Pat en el mismo barrio, el piso de Renacimiento ha perdido todo el encanto. Además, aunque durante este curso tuviera mejores vistas (el Pisuerga con sus piragüistas, la mole blanca, la playa...), era inevitable sentir que aquel sitio correspondía a otra persona. Que faltaba alguien. Pero este curso me ha sentado muy bien. He vuelto a amanecer. Óscar, por supuesto, y las propuestas editoriales. La plaquette, Viscerales, Nocturnos, PoeTrastos... y en breves La Involución Cítrica...
Aparte de la literatura, crisis. Sin beca, sin curro, sin nada, me vi con una ayuda de emergencia de Asuntos Sociales para alumnos de la universidad de Valladolid. Cada mes debía ir a la oficina de la Casa del Estudiante a justificar mis gastos. Desde cosas imprescindibles como el alquiler del piso a tickets del Mercadona que justificaran que el dinero no me lo había gastado en conciertos sino en comida. Y aun así, no han cesado mis ganas por la literatura, por COLMO, por La Fanzine, por mi vida. Todo por cumplir una promesa que me hice. Pero es hora de empezar una nueva etapa.


Año 5. El Último. Adelante Bonaparte - Standstill por awixumayita
Disculpad que no me extienda con en este curso. Está todo tan cercano que me cuesta recordar.






Se acaba.
























Me he ido de Valladolid. Seguramente para siempre. La concesión de la beca Erasmus me ha dado la vida, me ha devuelto las ganas que me trajeron a Valladolid en octubre de 2006.



Os he querido y os quiero muchísimo a todos. Decía el otro día una señora a otra en el autobús urbano antes de bajar: Así se nos ha hecho un poco más corto. Pues eso os digo.

Gracias.

















La furgoneta petó y tuvo que venir una grúa a por ella.
Puro lujo: volver a Logroño en taxi.




Entramos en LA RIOJA. Disfruten del viaje:



Lucid Dreams - Franz Ferdinand - LA RIOJA'S ROAD from awixumayita atiyamuxiwa on Vimeo.
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