miércoles, 3 de enero de 2007

The Mars Volta "AMPUTECHTURE"

El arte imita a la vida, y ésta va por ciclos. Y así como el realismo hizo frente a la abstracción, los simbolistas plantaron cara al naturalismo y la música disco hizo lo propio con el Rock y el Funk en los setenta, al emparejar “arte” con “artista” tampoco podemos escapar de ese principio universal. Especialmente, en un terreno tan caótico y multidimensional como el Rock o el Pop, siempre hambriento de nuevos héroes y caras reconocibles, y tan caprichoso que en numerosas ocasiones decide otorgar protagonismo a entes de lo más peculiares. El arte imita a la vida y… reconozcámoslo: en nuestro día a día, difícilmente nos cruzaremos con prima donnas o maníacos destinados a arrojar televisores por las ventanas del hotel de lujo de turno. El Rock no se reduce a rostros de inalcanzables estrellas de la talla de Bono, Axl Rose, Mick Jagger o Beyoncé Knowles… Hay otras caras, muchas de ellas todavía con acné, y pertenecen a una legendaria –aún minoritaria- estirpe que siempre ha estado ahí: los nerds. Tan sólo echad la vista atrás: desde Devo, Talking Heads, Prince y Robert Fripp, pasando por gente como Pixies, Nirvana, Tool y Marilyn Manson, para llegar a una postrera hornada de empollones que está dando mucho que hablar últimamente. Ahí tenemos a nuevas bandas como los roleros Wolfmother o los emo-prog-rock-sci-fi-metal Coheed And Cambria (poca broma; hablamos de unos tipos que no tienen reparos en hacer un vídeoclip donde aparece ¡un centaturo! Que rescata a ¡¡una sirena!! De las garras de un ¡¡¡calamar gigante!!!) causando sensación con una filosofía en las antípodas de pensadores como Mötley Crüe o Motörhead. Y luego tenemos a The Mars Volta. En tierra de nadie y manifestando con cada nuevo paso en su corta existencia que lo suyo es una propuesta que no admite comparaciones fáciles. Ya lo demostraron con el sorprendente “De-Loused In The Comatorium”, resurgiendo de las cenizas de At The Drive-In con las ideas bien claras a la búsqueda de nuevos territorios, para posteriormente consolidarse como una de las bandas más interesantes del Nuevo Milenio de mano de esa deliciosa abominación titulada “Frances the Mute”. Y la rueda sigue girando. Y el collage vuelve a mutar por todo tipo denuevos paisajes. Y los que se atragantaron entonces volverán a hacerlo ahora porque, ¡cómo no!, el tercer larga duración de estos tipos vuelve a ser un (suculento) plato no apto para comensales con problemas de digestión pesada. “Amputechture” derrumba y reconstruye, mutila y deja crecer, pulveriza y rehace cualquier tipo de concepción sobre lo-que-se-supone-que-debe-ser-un-disco-al-uso, y da rienda suelta a la particular locura creativa de sus artífices en una serie de piezas (ocho esta vez) en las que todo vale. De la claustrofobia a la demencia, desde la distancia al contacto más asfixiante, The Mars Volta reclaman tu atención desde el primer momento y, aún a sabiendas de que no vas a enteder nada, permiten que eches un vistazo a su particular universo sónico plagado de giros, misterios y desconcertantes poemas bilingües, para dejarte completamente descolocado. ¿Artefactos destinados a epatar desde la pretenciosidad más aparatosa? Algo de eso debe haber, desde luego (no olvidemos que estamos hablando de gente que suele grabar suites de veintipicos minutos con títulos como “Facilis Descenus Averni” o “Pisacis (Phra-Men-Ma)”), pero eso es lo de menos cuando lo que tenemos delante es una pequeña obra de arte rebosante de creatividad. Más accesible que su predecesor –aunque mucho más denso que el fascinante “De-Loused…”-, “Amputhecture” vuelve a explorar todo tipo de parajes, confeccionando un trabajo sin límetes ni barreras que no deja de desafiar al oyente. Desde las cadenciosas atmósferas de piezas como la inicial “A Vicarious Atonement” o la fantasmal “El Ciervo Vulnerado” hasta momentos más inmediatos y trepidantes del calibre de “Viscera Eyes”, la dramática “Vermicide” o la podora “Meccamputechture”, todo es un constante reto. Y aunque para este nuevo combate los Mars Volta hayan reducido los niveles de histrionismo, lo cierto es que su –para muchos, estrambótica- coctelera de estilos sigue dando los mismos grandes resultados de siempre. Con temas como la explosiva “Tetragrammaton”, la oscura balada satanizada “Asilos Magadelena” y, muy especialmente, una joya como “Day of the Baphomets” (un delirio de doce minutos de duración, que funde salsa con rock corrupto y free jazz, y nos obsequia con unos saxos enloquecidos que remiten a la Casa de la Diversiones de los Stooges), los inquietos Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala –junto a sus colaboradores habituales, entre ellos un omnipresente John Frusciante- dejan claro que lo suyo va mucho más allá del simple reciclaje, dando forma –de nuevo- a un álbum apasionado, extraño e incómodo. En definitiva, un álbum vivo. The Mars Volta son un grupo aparte. Jamás tocarán en la Super Bowl y su apuesta es demasiado bizarra hasta para los más nerds, pero lo que se traen entre manos (haciendo honor a su máxima onanista: “hacemos música para nosotros”) es auténtico arte con mayúsculas. Imitando a la vida con plena libertad, despojado de corsés y compromisos, y con las vistas puestas en un futuro que no deja de reescribirse. Y eso, aunque la mayoría de las veces no entendeamos nada (realmente, ¿hace falta?), siempre es digno de agradecer. *9
Alberto Díaz
Popular 1 (verano 2006)

4 comentarios:

  1. Hablando de Frusciante (Guitarrista de los Red Hot) deben de ser muy colegas el y Omar, porque han hecho muchas colaboraciones juntos, en el ultimo disco de MV a ayudado en la produccion y en varios de los discos de Frusciante en solitario (merecen la pena ser oidos) Omar, el guitarrista a colaborado. Lo ultimo que e oido de esta "fusion" es el tema; 10. Especially In Michigan.
    Pense que igual te interesaba.

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  2. Pero qué asco me das, puto pedante, desde el principio estuviste con tus estupideces. Y encima no eras capaz de escribir "ha" y "he" con "H".

    Enhorabuena, gilipollas.

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  3. Si tenemos en cuenta que esto se publicó en 2007, no me queda más remedio que aceptar que me he quedado atrás en cultura musical. Me pasa como con las pelis de ciencia-ficción actuales, que se siguen basando en relatos e ideas de hace décadas. ¡Qué viejo me siento, coño!

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